5.2.13

LA RESISTENCIA DEL AFRICA ORIENTAL ALEMANA EN 1916



La colonia alemana del África Oriental (Tanganyka) demostró una elevada capacidad de improvisación para superar las limitaciones que imponía el aislamiento de la metrópoli, como se demostró en el combate de Tanga del 2 al 6 de noviembre de 1914, cuando fue  repelido  un desembarco de tropas coloniales indias. A pesar de esto, los británicos aguardaron a una próxima  oportunidad, y de momento se limitaron a atajar las incursiones fronterizas de las partidas germanas, en episodios como la batalla de Jassin entre el 18-19 de enero de 1915.


                          EL GENERAL RICHARD WAPSHARE ( 1860-1932 )   


En febrero de 1915 el comandante general Richard Wapshare, a cargo del  África Oriental Británica ( Kenia ) desde el mes de noviembre anterior, recomendó la construcción del ramal ferroviario de Voi a Tareta, localidad en la línea fronteriza como paso preliminar para una ofensiva. En la Oficina Colonial londinense existía un creciente interés por neutralizar a los alemanes del Tanganyka, después de que las incursiones enemigas hubieran creado una franja desolada en la Rhodesia del Norte y devastado la frontera entre Kenia y Tanganyka saboteando los ferrocarriles,  provocando el éxodo de 5.000 refugiados.

El nuevo jefe de la Oficina Colonial, Bornar Law, consideraba que restablecer el prestigio británico pasaba obligatoriamente por reducir el enclave alemán. Los celos ante la mayor actividad desplegada por los belgas al comienzo del conflicto en el escenario africano también pesaron.

Como punta de lanza se disponía de las tropas sudafricanas, en su mayoría boers, libres tras culminar la sumisión de la Namibia germana. Estas tropas eran muy valoradas,  hasta el punto de que el Consejo de la Guerra en Londres había meditado desplazarlas al frente occidental europeo, u al menos a Gallipoli. El temor a levantar susceptibilidades en las delicadas relaciones con los boers desaconsejó dicha idea. Políticamente era mucho más vendible emplearlas dentro del propio continente africano.

El Consejo  con la aprobación del Archibald Murray, jefe del Estado Mayor Imperial, soslayó al ministro de la Guerra aprovechando una de sus  ausencias y acordó el envío como refuerzo de 10.000 efectivos  que se sumarían  a los contingentes locales para una  expedición que se emprendería antes de las lluvias de abril de 1916. Ante el hecho consumado Lord Kitchener finalmente transigió  conformándose con la seguridad de que no serían trasladadas tropas británicas, imprescindibles en los frentes principales. Se acordaron dos fases operativas, la primera en marzo y la segunda en junio después de la pausa de la estación lluviosa, en la que se actuaría hasta las últimas consecuencias. 

 Los británicos tendrían a su disposición en Kenia  73.300 hombres en total. Frente a ellos, los servicios de información estimaban que los alemanes alineaban a  2.200 blancos y 25.000 askaris negros. Los blancos eran una mezcla de milicia compuesta por colonos y funcionarios, unos cuantos militares profesionales, y los marineros del varado crucero ligero "Koenigsberg".

 Un aliento muy necesario para los aislados alemanes  se produjo el 16 de marzo, cuando el vapor "Marie" burló el bloqueo Aliado orquestado por el almirante Charlton con el acorazado pre-dreadnought " Vengeance", y llegó al estuario del Lindi, con una cantidad de suministros modesta pero trascendental en el escenario africano: 4 piezas artilleras de 105 mm, 2 piezas de 75 mm, 4 ametralladoras, 3 millones de cartuchos, 200 fusiles, y medicinas e instrumentos.

 En principio había sido designado para dirigir la campaña en Kenia el general Horace Smith-Dorrien, veterano del frente occidental, pero una enfermedad cuando se desplazaba  a Mombasa suscitó su reemplazo. El plan original de Smith-Dorrien disponía atacar en tres frentes ( Kenia, Congo belga y Rhodesia del Norte, arrastrar así Lettow al oeste y desembarcar una brigada en Dar-es-Salaam o Tanga, apoyada por cuatro cruceros.

En cambio el plan de su sucesor, el general sudafricano Smuts estaba  basado en los movimientos, en los que jugaría un papel esencial la caballería, más que en la lucha propiamente dicha, priorizando el control del territorio más que en la destrucción de la fuerza militar del adversario, Asimismo, descartaba o reducía los desembarcos. Smuts procedió a nombrar su propio estado mayor sustituyendo progresivamente a los comandantes previos de Smith-Dorrien ( Tighe, Malleson y Stewart ) por hombres sudafricanos de su confianza ( Deventer, Brits y Enslin ) 

Smuts conservó la idea de quebrar la primera línea alemana con un ataque doble en torno al Kilimanjaro aunque  concentró su potencial para el golpe en el este para forzar el desfiladero Ngulu. Por fin la primera fase de la campaña empezo el  7 de marzo, cuando la brigada montada de Deventer se puso en marcha sobre Chala-Salcita, provocando el repliegue alemán sobre Reata y Latema. La 2º división de Tighe conectó el 14 de marzo con la 1º división de Stewart en Moshi. La 1º división había empezado ha desplazarse por el oeste del Kilimanjaro el 3 de marzo aunque había padecido dificultades de suministro, ralentizándola.

Al mismo tiempo se iniciaron los ataques convergentes pero independientes del brigadier Northey ( que respondía ante la Oficina Colonial, y no ante Smuts ) desde la Rhodesia del Norte y de los belgas de Tombeur sobre Ruanda y Urundi. Simultáneamente se abría la posibilidad de la contribución portuguesa al entrar en guerra el gobierno de Lisboa.

Lettow se retiró levemente hasta el río Ruvu, en la esperanza que sus afluentes infestados de cocodrilos dificultarían su cruce. Smuts quería rebasarlo enviando a Deventer de Moshi a Kahe.

MAPA. OPERACIONES INICIALES A PRINCIPIOS DE 1916

Sheppard fue puesto ahora al mando de la 1º división. Lettow ajustó sus posiciones al sur del Ruvu durante la noche del 21 al 22 de marzo. Se suspendió la campaña contra el ferrocarril norte por el inicio de las estación de las lluvias.

Smuts y sus oficiales estimaban que Tabora sería el pivote de la resistencia de Lettow, puesto que el gobernador Schnee se había trasladado allí por la exposición de Dar-es-Salaam.  Lo que desconocían es que, a fines de abril , el gobernador y Lettow habían acordado no replegarse a Tabora , sino a Mahenge, en el sur.

Finalmente Smuts prefirió descartar los desembarcos en Tanga, por escaso valor estratégico, y en Dar-es-Salaam por condiciones geográficas poco propicias. 

Se barajó la posibilidad de marchar desde Mwanza  a Tabora, pero se decidió perseguir a las tropas alemanas y se marchó a su encuentro en Kondoa Irangi. Se reestructuraron las fuerzas agrupándolas en tres divisiones cada una provista de una brigada de caballería y una de infantería, insistiendo en la movilidad sobre la potencia de fuego siguiendo el modelo que tan buenos resultados había dado en Namibia el año anterior. Pero este axioma chocaba con los estragos causados por la mosca tsetse entre los caballos: en mayo una de las brigadas había perdido 1639 cabalgaduras y 748  estaban enfermas, de un inicial de 3.894 caballos en marzo. Hábilmente,  los alemanes procuraban que sus perseguidores  atravesasen regiones  endémicas de la tsetse.

Pero también los alemanes sufrían los rigores del territorio. En Kondoa Irangi, durante las lluvias, el imprescindible contingente de 20.000 porteadores quedó diezmado por la disentería y las enfermedades respiratorias.

La 2º división ahora bajo el mando de Deventer, se enfrentaba a Von Lettow, que por su parte era fuerte en ocho compañías con 4.000 fusileros, en tanto que Kraut se mantenía amenazadoramente en las montañas Pare con 2.400 hombres. De hecho Lettow se sintió tan fuerte que lanzó un asalto el 9-10 de mayo, pero fue repelido con graves pérdidas, hasta un tercio de sus fuerzas.

 Los alemanes renunciaron al ferrocarril del Norte. Algunos de los oficiales de Smuts le conminaron arriesgarse a una batalla frontal para apoderarse del tramo del ferrocarril Central en Dodoma. Pero Smuts, cambiando su estimación original,  dio máxima prioridad a asegurar las montañas Pare y el ferrocarril del Norte. Desplazó a su columna hacia Mombo apoyando a Deventer , mientras que las otras dos avanzaron rápidamente.  En Bwiko Kraut presentó batalla el 9 de junio, estabilizándose las posiciones alemanas en el río Lukigura, al norte de los montes Nguru. El rápido avance de 400 kilómetros condujo a un punto crítico el suministro de las tropas británicas, puesto que su cabecera ferroviaria más cercaba les quedaba  en Bwiko, a 150 kilómetros. Hubo que recurrir al racionamiento. 

El 20 de junio los alemanes abandonaron Kondoa Irangi, renunciando así a proteger el ferrocarril  Central. El 14 de julio Deventer estaba en disposición de reanudar la persecución, enfilando hacia Mpwapwa y destacando columnas menores hacia Dodoma. Siguiendo la línea ferroviaria Deventer prosiguió a finales de julio hasta Kilosa para reunirse con Smuts, que seguía peleando en los montes Nguru y en el Lukigura.

El 4 de julio los británicos habían tomado el puerto de Tanga, arrancándose la espina clavada desde el fiasco sufrido en el desembarco de noviembre de 1914. En el lago Tanganyka, los alemanes habían mantenido la supremacía hasta esa fecha gracias a la presencia del cañonero auxiliar Graf von Gotzen, de 1.500 toneladas y armado con cañones de 105 mm procedentes del crucero ligero Koenigsberg, embarrancado en los manglares del delta del río Rufiji a orillas del Índico, tras combatir contra cruceros ligeros, monitores y aviones británicos.  Le apoyaban los  pequeños cañoneros auxiliares  Kimgani (45 toneladas) y Hedwig von Wisman (60 toneladas)
MARINEROS ALEMANES DEL GRAF VON GOTZEN MANEJANDO UNA DE LAS PIEZAS ARTILLERAS  PROCEDENTES DEL DESGUACE DEL CRUCERO LIGERO KOENIGSBERG

Desde finales de 1915 habían tenido que enfrentarse a las lanchas motoras británicas Mimi y Toutou, bautizadas así por el excéntrico Spicer-Simpson, comandante de la flotilla británica del lago. A pesar de sus extravagantes nombres capturaron el 24 de diciembre al diminuto Kingani, rebautizado Fifi, y junto con él fueron capaces de combatir y hundir al Hedwig von Wisman del teniente  Odebrecht el 9 de febrero de 1916. El Graf von Gotzen fue dañado por un avión belga en junio cuando permanecía en el puerto de Kigoma y ya no salió del mismo. Cuando el avance por tierra de la tropas belgas y británicas amenazó el puerto, el comandante naval del distrito, Gustav Zimmer, ordenó que el cañonero fuera autohundido el 26 de julio de 1916. Asombrosamente, el Gotzen sería reflotado, vuelto a su condición original de transporte de pasajeros y con el nombre de MV Liemba y sigue prestando todavía hoy sus pacíficos servicios.

EL MV LIEMBA, EX-GRAF VON GOTZEN, SIGUE PRESTANDO SERVICIOS PACÍFICOS EN LA ACTUALIDAD (2017)

Mientras tanto la columna occidental rebasó Mjonga el 8 de agosto. Hacia el 17 de agosto después de una acción retardatoria los alemanes se retiraron; Lettow hacia Morongo con la mayoría de las tropas, y Kraut hacia Mehenge.  Por esas fechas Smuts  comprendió que sus oponentes no  iban a defender el ferrocarril Central a toda costa.

La 2º división de Deventer entró en Kilosa el  22 de agosto de 1916. Exhausta, pidió apoyo para rodear al enemigo. La 2º brigada montada de Enslin acudió en su apoyo. Ambas empujaron hacia el suroeste, a Mkata y Mlali en la sierra del Ulugurus, mientras Smuts penetraba en el este de la misma. El general boer  siguió  descartando la opción de un asalto frontal.

Las órdenes de Lettow el 26 de agosto establecieron las principales defensas al sur del Ulugurus, en las riberas del Mgeta. Su esperanza era atrapar destacamentos  británicos aislados, muy fraccionados y separados por el terreno escabroso. 


EL GENERAL  VON LETTOW-VORBECK (1870-1964), PRINCIPAL ARTÍFICE DE LA RESISTENCIA ALEMANA EN ÁFRICA ORIENTAL


El nuevo objeto de pugna fue la localidad de Kisaki, donde los alemanes tenían un depósito de 600 toneladas de pertrechos. Los ataques descoordinados, primero  de los británicos de la 3º división fracasó el 7 de septiembre, y al día siguiente el de los boers de la brigada montada de Nussey (ya sin monturas). El turno de ser rechazada le llegó los días 10-12 de septiembre a la 1º división de Hoskin, estacionada un poco más al este, entre otras cosas porque los contingentes vencedores anteriormente en Kisaki  reforzaron a sus  compañeros. De todos modos Lettow percibió que la presión  se estaba incrementando  más allá de lo prudente y decidió evacuar Kisaki  estableciendo una nueva base en Beho-Beho.

Por su parte Smuts consideraba que la persecución había llegado demasiado lejos de sus cabeceras ferroviarias y ordenó un alto a sus tres divisiones, intentando recuperar su logística. Para hacerse una idea de sus tremendos problemas de abastecimiento, de las 54.000 mulas, burros, caballos y bueyes usados para esta misión, a lo largo del verano de 1916, todos, salvo 600 cabezas,  fueron presa de las tsetse. Otro gravísimo problema eran las enfermedades entre los soldados, singularmente la malaria (3.127 casos) y la disentería, a pesar de algunos intentos de prevenirlos con insuficientes entregas de quinina y de redes mosquiteras para dormir.  El desgaste general se cobraba su precio; por ejemplo, de los 1.038 hombres del 2º regimiento de Rhodesia, al finalizar sus servicio en enero de 1917,  habían muerto en acción 36 hombres, resultaron heridos 84 y perecieron por enfermedades 32.

Dar-es-Salaam concentró al principio tropas de infantería, reforzadas por 6 cañones de 105 mm provenientes del pecio del crucero "Koenigsberg". Defendida por el capitán Loof, cayó finalmente ante una fuerza anfibia británica el 4 de septiembre de 1916, aunque los defensores se retiraron al Rufiji. La captura de Dar-es-Salaam  abría la oportunidad de emplear el ferrocarril Central para el  suministro de las huestes de Smuts. Los alemanes se había limitado a sabotear los puentes del ferrocarril y levantar algunos tramos en el tendido hacia Tabora, pero la mayor parte de la línea estaba más o menos intacta. Sin embargo, habría que esperar hasta  noviembre de 1916  para  restablecer el servicio ferroviario entre Dar-es-Salaam y Morogoro. Mientras tanto la lejana Mombasa se mantuvo como el punto de suministro básico de la fuerza británica.


1.2.13

LA GUERRA SUBMARINA SIN RESTRICCIONES



Después de constatar el callejón sin salida de la flota de superficie tras la batalla de Jutlandia, el jefe del almirantazgo Henning Von Hottzendorff respaldó la difusión del “memorandum Kalkmann”, a partir de  la conferencia del 31 de agosto de 1916 en Pless, al tiempo que anunciaba nuevas construcciones de submarinos. En resumen, ese informe subrayaba  la necesidad de una resolución del conflicto antes del otoño de 1917, estimaba en 10.750.000  de toneladas de cargueros ocupados en transportar alimentos a Gran Bretaña y consideraba un plazo de cinco meses para que los submarinos alemanes destruyesen el 61% de ese tonelaje, muy especialmente el procedente de Holanda y Escandinavia,  y obligar por tanto a Londres a capitular. Despreciaba el peligro de una intervención por este motivo de los EE.UU, porque solo podría aportar 1.700.000 toneladas de mercantes,  y por  ello hasta tendría dificultades para mover sus tropas a Europa.

 El memorándum  fue estudiado cuidadosamente  por Ludendorff en septiembre de 1916. Holtzendorff garantizaba el éxito en seis meses a los nuevos dirigentes del aparato militar. El canciller Bethmann se mostraba muy indeciso, consciente de las graves implicaciones en política exterior, pero solicitaba el visto bueno del Alto Mando. Ezberger, líder  del partido Zentrum, también defendió  en el Reichstag la subordinación del canciller a los proyectos del Alto Mando. 

Un ambiente propicio a la propuesta, porque Ludendorff la consideraba un método rápido y barato para lograr la victoria en 1917. Pero reconocía la penosa impresión que causaría en los neutrales, la necesidad por tanto de reforzar las defensas ante Dinamarca y Holanda, y el riesgo real de que EE.UU interviniese junto a los Aliados. En cambio de modo alentador, otras autoridades como el ministro de Exteriores Zimmerman y el embajador  en Washington  notificaron que la población norteamericana parecía poco entusiasta ante la perspectiva de involucrarse en una lucha. Se consideró que el total de las tropas de infantería norteamericanas activas era de solo 108.399 efectivos más los 132.194 de la Guardia Nacional, y aunque se iniciase un reclutamiento a gran escala, su entrenamiento llevaría al menos un año. En definitiva, incluso en caso de intervención, los EE.UU no eran una amenaza inmediata en los frentes europeos. Sin embargo, se puso poco énfasis en la potencia de la flota de guerra norteamericana, la tercera del mundo…

El 22 de noviembre el almirante Von Scheer se entrevistó con Hindenburg y ganó definitivamente su respaldo  al plan.  Las cifras de hudimientos logrados por los unterseebootes en 1916 avalaban las  expectativas: 2.327.000 toneladas de cargueros aliados o neutrales en comercio con ellos, a cambio de 22 sumergibles perdidos. En diciembre se le otorgó luz verde al Admiralstab, la oficina naval, para movilizar las fuerzas de submarinos existentes.

El discurso de Lloyd George dando por finiquitada la propuesta de paz del canciller lanzada en diciembre espoleó a Ludendorff: “ la guerra submarina sería emprendida ahora con mayor vigor. Todavía Bethmann deseaba aguardar a recibir respuesta  a su propuesta en Estados Unidos. Mientras, los consejeros navales de Guillermo II, Müller y Capelle se unían a la corriente ( el informe de Capelle ratificaba que en seis meses la flota inglesa estaría reducida al 50%, y consideraba que el mismo éxito de la ofensiva desalentaría cualquier acción hostil de los países neutrales )

El asunto de la guerra submarina sin restricciones fue finalmente resuelto en la conferencia imperial del 9 de enero de 1917 en Pless. Bethmann dio su brazo a torcer ante la unanimidad a favor de la misma de Hindenburg, , Holtzendorff , Müller y Ludendorff. Este último añadió que así además de desbaratarían los suministros a la esperada ofensiva Aliada de primavera. El canciller dijo: “ si las autoridades militares consideran que la guerra submarina es esencial, no estoy en posición de contradecirles ”.  Ya sin voces discordantes , el Káiser expreso su aquiescencia a la crucial decisión.  El 1 de febrero fue la fecha señalada para el inicio de la campaña, advirtiendo a los neutrales el día anterior 31 de enero.
A partir de estos acontecimientos arreciaron las quejas sobre la irresolución del canciller; se dibujaba el declive definitivo de la influencia de los políticos civiles en el gobierno alemán en lo que restaba del conflicto.

 
Las unidades inmediatamente disponibles a 1 de febrero eran 105 submarinos, distribuidos del siguiente modo:

46 pertenecientes a la Hoschseeflotte ( Emden, Brünsbuttel, Wilhelmshaven, Bremerhaven ) bajo la dirección de Bauer, 23 pertenecientes a la flotilla de Flandes ( Brujas,  Ostende),  bajo la dirección de Bartenbach, 23 pertenecientes a la flotilla del Adriatico + 3 basados en Constantinopla ( Pola, Cattaro ) bajo la dirección de Kophamel, y 10 pertenecientes a la flotilla de Curlandia ( Libau ) bajo la dirección de Schött

12.1.13

ESPECIAL BIOGRAFIAS II : ERICH VON FALKENHAYN



Erich Von Falkenhayn ( 1861-1922 )



Nacido en Graudenz ( Prusia Occidental, actualmente en Polonia ) el 11 de septiembre de 1861, se unió al ejército a edad temprana. En 1899 fue enviado como instructor militar a la fuerza alemana en  China; sirvió allí hasta 1903, viendo acción como oficial de estado mayor durante la rebelión de los Bóxer. Regresó a Alemania, continuó sirviendo en el Alto Estado Mayor: su servicio en China, y sus  informes sutiles sobre los acontecimientos le ganaron el favor del Káiser Guillermo II, y en 1913 fue designado ministro de la guerra de Prusia.


Tras el repliegue del Marne fue elegido para reemplazar al general Von Moltke como jefe del Alto Estado Mayor el 14 de septiembre de 1914. Fue recompensado por sus servicios con la medalla Pour-le-Mérite el 16 de febrero de 1915, seguida por la orden del Águila Negra el 12 de mayo, las hojas de roble para su Pour-leMérite el 3 de junio y una comisión  continua en el 4º regimiento de Guardias a pie el 11 de septiembre de 1915.



Falkenhayn provenía  de una empobrecida pero aristocrática familia, su naturaleza cautelosa y su buena educación le proporcionaron el completo apoyo del Káiser, pero fue objeto de la rivalidad de los comandantes alemanes en el Este, Hindenburg y Ludendorff, denominados los "Orientales ". Aunque tuvo éxito en estabilizar el frente Occidental, pronto se vio colocado bajo grandes presiones por los “Orientales” que le reclamaban recursos para arreglar los fallos austrohúngaros a comienzos de 1915. En abril envió ocho divisiones desde el Oeste para formar el nuevo XI ejército (  bajo el general Von Mackensen ) que rompió las líneas enemigas  en Gorlice-Tarnow en mayo y permitió la ocupación de la Polonia rusa, pero pronto tuvo que enviar más para reemplazar a los austrohúngaros que se retiraban de Galitzia en junio después de  que Italia entrara en la guerra. A finales de año estaba claro que todavía no era posible una victoria estratégica decisiva en el Este, y Falkenhayn se concentró en el Oeste; aquí el fracaso de los ataques Aliados contra sus sistemas defensivos en 1915 le habían convencido de que semejantes tentativas para obtener mayores rupturas eran inútiles. Por ello adoptó una política de desgaste, en la creencia de que enfrentada a unas masivas y continuas bajas la voluntad de lucha francesa se desplomaría.
 IMAGEN. EL GENERAL VON FALKENHAYN ( IZQUIERDA )



La dependencia de Falkenhayn por las tácticas de desgaste, en un esfuerzo de sangrar a Francia centrándose en Verdun en 1916 fue tan completa que las pérdidas  horrorosas y aparentemente sin fin de vidas alemanas lo dejaron falto de ideas. Por primera vez desde el comienzo de la guerra las Potencias Centrales experimentaron serios reveses, en Verdun y en el Somme, en Rusia y los Balcanes, y en la caída de Gorizia frente a los italianos. Hindenburg, Ludendorff, el canciller Bethmann-Hollweg y el general austríaco Conrad Von Hötzendorff intrigaron contra él, y ante las noticias de la declaración de guerra rumana contra Austria-Hungría, Guillermo II despidió a su antiguo protegido el 29 de agosto de 1916 reemplazándolo como jefe del Alto Estado Mayor por Hindenburg con el inseparable Ludendorff como lugarteniente.



Falkenhayn aceptó el mando subordinado del IX ejército en el frente transilvano en septiembre. Derrotó a los rumanos en la batalla del paso de la Torre Roja el 30 de septiembre, y avanzó junto con el ejército de Mackensen hacia Bucarest, entrando en la capital rumana el 6 de diciembre de 1916. Con Rumania derrotada, Falkenhayn fue enviado a Palestina donde  comandó las fuerzas turcas a comienzos de 1917, recibiendo el coronelato honorario del 152º regimiento de infantería el 11 de julio de 1917. Tras una serie de reveses, fue derrotado por el general británico Allenby en Gaza el 31 de octubre de 1917; Jerusalén cayó en diciembre y Falkenhayn fue reemplazado en el mando por el general Liman Von Sanders en febrero de 1918. El 24 de febrero accedió al mando del X ejército, puesto en el que sirvió hasta el final de la guerra. Se retiró después del Armisticio y murió el 8 de abril de 1922 cerca de Postdam.




1.1.13

LA BAZA DE LAS NACIONALIDADES SIN ESTADO( 4º PARTE): LA SUBLEVACIÓN DEL TURQUESTAN RUSO EN 1916. EL MOVIMIENTO INDEPENDENTISTA GEORGIANO

Despues de la conquista rusa del Asia Central a finales del siglo XIX se produjo allí  una afluencia constante de colonos rusos. En 1911 el 40% de la población de los “oblast” o regiones ubicadas en la estepa kazaja, a saber: Uralsk, Turgai, Akmolinsk y Semipalatinsk, era de ascendencia eslava. Al sur del lago Baljash, en el “oblast” de Semirichie, suponían el 20%. En contraposición, en la misma fecha en el Turquestán propiamente dicho solo el 4% era de origen eslavo, casi todos residentes en ciudades.



Otros destacados cambios a partir de la conquista rusa fueron la creciente extensión del cultivo de algodón, suministrando hacia 1914 la mitad de las necesidades de la industria textil del imperio. La mejora continuada de las comunicaciones, como la construcción del ferrocarril Oremburg-Tashkent reforzó esta tendencia abaratando la distribución del algodón local y permitiendo la compra de cantidades notables de alimentos de Ucrania y Siberia. Sectores tradicionales como la ganadería, la seda o la horticultura también experimentaron una creciente revitalización.

Las consecuencias de la Primera Guerra Mundial se hicieron sentir agudamente entre estas poblaciones abocadas al descontento con anterioridad por el proceso de colonización.


El aumento de las cargas impositivas, el alza de los precios debido al fallo de algunas fuentes productivas y también por el incremento del circulante por la emisión desmedida de papel moneda para financiar los gastos extraordinarios del estado, terminaron por desatar el malestar entre los musulmanes, ya muy molestos por las requisas de ganado (caballos, camellos, ovejas ) y medios de transporte.

Aunque la instalación de colonos se paralizó, se produjo una afluencia de refugiados procedentes de la parte europea en pésimas condiciones y desde un principio el Turquestán y la estepa kazaja también fueron usados para la instalación de campos de concentración de prisioneros de guerra alemanes y, sobre todo, austrohúngaros, 225.000 de los cuales se recibieron después de la gran victoria rusa en Lemberg en septiembre de 1914. Tanto refugiados como cautivos sufrieron el azote de las epidemias y la escasez, calculándose la pérdida de 40.000 vidas entre los austrohúngaros.

Pero el verdadero detonante del malestar vendría de la mano del decreto imperial del 25 de junio de 1916. Acuciadas por las dramáticas bajas acumuladas de soldados en los dos años anteriores y las demandas de la inminente ofensiva Brusilov, las autoridades zaristas decidieron derogar la tradicional exención de servicio militar de los musulmanes del Asia Central y establecer un sistema de reclutamiento en batallones de trabajo. Se esperaba conseguir 500.000 reclutas entre los 19 y los 43 años. Si bien su misión no sería de combate y solo debía consistir en obras de fortificación y reparación de vías de comunicación a la retaguardia de los frentes ( y esta intención seguramente era sincera, conociendo la arraigada repugnancia de las autoridades a inculcar métodos actualizados de entrenamiento militar a los nativos islámicos ) la medida exasperó los ánimos de los habitantes. Desplegada asimismo improvisadamente y ejecutada con rudeza, provocó primero una oleada de protestas y motines después. En Tashkent las protestas agresivas solo fueron reducidas después  36 ejecuciones. Con todo la peor situación se dio en Semirechie, donde los disturbios dieron paso a un levantamiento declarado.

Los nómadas kazajos y kirguises de la zona, que habían conservado más intactas sus tradiciones guerreras que otros grupos, efectuaron una feroz matanza sobre 3.000 campesinos rusos y sus familias. Las contadas fuerzas del ejército y los grupos paramilitares improvisados entre los colonos lanzaron una ola de contrarrepresalias generalizadas para prevenir la extensión de la sublevación. Se estima que varias decenas de miles de musulmanes fueron asesinados o deportados a Siberia, y unos 300.000 huyeron buscando refugio entre sus correligionarios del Turquestán chino ( Dzungaria y Sikiang ).En penosas condiciones atravesaron las montañas de Tien Shan por el paso Bedel. Los supervivientes tuvieron que pagar en metálico o en especie a los funcionarios chinos de fronteras para lograr el permiso de entrada. El cónsul ruso en Khasgar calculaba en 100.000 los refugiados que habían buscado asilo solo en esa localidad. Estos pavoroso sucesos son todavía hoy conocidos entre los kirguises como “Urkun” ( el Éxodo )

Exiliados musulmanes en Europa denunciaron públicamente los hechos en el Congreso de las Nacionalidades de Lausana durante esas mismas fechas. Alarmado por la evolución de los acontecimientos y tal vez temiendo que agentes secretos del imperio turco estuviesen azuzando el movimiento rebelde para debilitar el esfuerzo militar ruso, las autoridades zaristas nombraron gobernador al general A. N. Kuropatkin en agosto, con la misión de impedir el contagio de la rebelión al conjunto del Turquestán.


EL GENERAL KUROPATKIN

Este conocía el territorio y sus peculiaridades desde su anterior etapa como de gobernador. Se mostraba partidario de la centralización de las funciones en sus manos, en claro detrimento del papel de las agencias estatales a las que imputaba torpeza y resoluciones confusas, adoptando un estilo paternalista. Aunque decidido a aplastar a los musulmanes revoltosos y aceptando la primacía de las necesidades de los colonos eslavos, tenía claro que era preciso adoptar una actitud ecuánime. En una de sus cartas decía: “tomar vigorosas medidas para proteger a kirguises desarmados que habían ya declarado su lealtad y no habían tomado nunca parte en el alzamiento (…) la ruina de la población kirguiz no es el interés del gobierno ruso”. Esto era tanto mas importante debido a la onda de miedo que se extendió por el valle de Fergana entre los habitantes rusos en el invierno de 1916-17, que amenazaba en desbordarse en estallidos de “agresiones preventivas”.

Fue declarada la ley marcial ( que también se extendió al Caucaso). Aplicando medidas draconianas tanto a los nativos como a los colonos armados,  Kuropatkin logró aplacar la situación, en una especie de tregua inestable. Curiosamente algunos prisioneros austrohúngaros fueron alistados para estos menesteres, en una especie de papel arbitral. 


La insurrección también había tenido graves consecuencias económicas: aparte de los destrozos, en el verano de 1916 la cosecha descendió a la mitad de la recogida en 1914, al dislocar la participación de la mano de obra local, con la consiguiente extensión de la penuria, al tiempo que cuadrillas de soldados incontrolados se dedicaban a confiscar arbitrariamente el grano para aprovisionarse. Los jefes de los colonos de Semirichie, Shkapsky y Timishpaev se erigieron en vociferantes portavoces de 10.000 propietarios rusos que reclamaban indemnizaciones por las pérdidas sufridas, cada vez más hostiles a la política contemporizadora de Kuropatkin. A finales de año la situación parecía algo más calmada, aunque algunos oficiales rusos reconocían que desplazarse sin acompañamiento armado de cosacos era aventurado.

 El estallido de la revolución de marzo de 1917, fue bien acogido por los colonos, que configuraron un comité del Turquestán y soviets constituidos en las ciudades. Transfirieron inmediatamente su lealtad y esperanzas a la renovada Duma y al gobierno provisional. Rápidamente depusieron y apresaron a Kuropatkin y lo enviaron de regreso a Petrogrado.

Por otro lado, el descontento en Georgia por el reclutamiento y la participación forzosa en un grave conflicto percibido como ajeno hizo aumentar el descontento en esa zona del Imperio Ruso. Se había formado un Comité Independiente de Georgia gracias a exiliados y estudiantes residentes en las Potencias Centrales dirigidos por Petro Surguladse. Estableció su sede en Berlín pero también delegaciones en Turquía

A mediados de 1915 fue fundada la Legión Georgiana con personal capaado en los campos de prisioneros turcos tras los primeros combates en el Cáucaso y la Armenia turca. Reunió unos 15.000 voluntarios agregados al 3º ejército turco, bajo la dirección del general georgiano Leo Kereselidze y el oficial alemán Horst Schliephack. En 1916 fue desplegada en los montes al este de Tirebolu y la costa del mar Negro. A principios del año siguiente la lucha contra los rusos se desplazó más al oeste, hasta la zona de Giresun.

9.9.12

ÓBITO DEL EMPERADOR FRANCISCO JOSÉ: EL FINAL DE UNA ERA

El  venerable emperador de Austría-Hungría,  Francisco José, cumplió en 1916 nada menos que 68 años de reinado, convertido en una solemne figura paternal, a todos los efectos  un factor de vinculación de primer orden entre las diferentes nacionalidades del imperio multiétnico de los Habsburgo. En definitiva, la reverencia hacia  la persona del monarca  representaba  casi el último elemento emocional que unía a la población del país.

Las preocupaciones y agobios provocados por los altibajos del conflicto desde julio de 1914 habían mermado las capacidades de Francisco Jose, que por otra parte tenía la longeva edad de 87 años.  A pesar de ello, seguía manteniendo el temperamento característico del que había hecho gala en su dilatada existencia. Un estilo de vida tradicionalista,  basado en un fervoro catolicismo que le había servido de sostén frente a las numerosas peripecias políticas y  los abundantes dramas familiares a lo largo del tiempo: el fusilamiento en Querétaro en 1867 de su hermano Maximiliano postulado como efímero  emperador de México; el supuesto y turbio suicidio de su  hijo único Rodolfo y la amante de este, la baronesa Vetsera, en Mayerling en 1889; el asesinato de su esposa Isabel, la popular "Sissi", en 1898 a manos del terrorista anarquista Luigi Lucheni; y finalmente el atentado mortal contra  su sobrino y heredero Francisco Fernando y su esposa en Sarajevo en junio de 1914 que a la postre había sido el desencadenante de la guerra que estaba transformando la faz del mundo.

Curtido por las desgracias, la rutina de sus tareas y sus austeras costumbres personales le habían permitido sobreponerse. Se levantaba de madrugada, disponía la lectura de los boletines del Estado Mayor respecto al curso diario de las operaciones militares y las carpetas de noticias internacionales recopiladas por los asesores. Firmaba disposiciones, discutía informes y departía con los miembros del gobierno, funcionarios o cualesquiera personalidad relevante que recibía en audiencia.

Los problemas pulmonares lo acosaban, aunque en noviembre de 1916 seguía fumando como acostumbraba y manteniendo su ritmo de trabajo.  Aunque cumplía sus tareas y concedía audiencias como de costumbre sus dos médicos, Kerzl y Ortner, estaban cada vez mas inquietos por el palpable deterioro físico de su paciente. La archiduquesa Zita, esposa del príncipe heredero Carlos, sobrino nieto del anciano emperador, se alarmó y el 12 de noviembre le envió a su esposo, que se encontraba en Transilvania dirigiendo la campaña contralos rumanos, un telegrama  pidiéndole que regresara a Viena cuanto antes.

Poco después, el 20 de noviembre, los médicos le detectaron a Francisco José una grave congestión pulmonar. El 21 de noviembre se levantó a las cuatro de la madrugada, y trabajó en su despacho, como de costumbre, hasta las ocho en punto de la mañana. Tenía  fiebre, pero no quiso alterar su ritmo de vida, rígido y preciso.

A eso de las once fueron a visitarle Carlos y Zita,  pidiendole que se sentara. Para el anciano aquella trasgresión de la etiqueta resultaba inaceptable: no debía mostrar debilidad en presencia de una dama. Pero en esta ocasión su estado físico pudo más que la severa etiqueta que había presidido su vida,  porque al despedirse de ellos regresó exhausto a su mesa de trabajo. Se acostó a la hora prevista y las ocho y media de la noche se despertó agonizante. Avisaron a Carlos y Zita, que estuvieron presentes cuando le dieron la extremaunción. A las nueve y cinco en punto expiró.

FOTO. IMAGEN PÓSTUMA DE FRANCISCO JOSÉ


El ceremonioso velatorio se instaló en Schönbrunn, donde grandes multitudes compungidas ( y sobrecogidas por el destino incierto que se abría ante ellas ) le rindieron homenaje durante el 23 y el 24 de noviembre. Un majestuoso y concurrido desfile fúnebre con la participación de Carlos, Zita y los principales dignatarios condujo el féretro hasta la catedral de San Esteban y de allí a la cripta de la iglesia de Los Capuchinos, donde los restos de mortales Francisco José fueron depositados junto a sus antepasados Habsburgo y a los de su esposa e hijo.

FOTO. CARLOS I, EN SU PRIMER ACTO OFICIAL COMO NUEVO EMPERADOR, ACOMPAÑADO DE SU ESPOSA ZITA, CUBIERTA CON SU VELO DE LUTO. 
FOTO. LA NUEVA EMPERATRIZ  RECIBE UN RAMO DE FLORES DURANTE EL FUNERAL

El anciano emperador fue sustituido inmediatamente por su sobrino nieto, ahora Carlos I. Los desafíos que debía encarar eran formidables. El enorme sacrificio militar incrementaba la presión sobre los recursos disponibles, y acentuaba las rivalidades y quejas de las nacionalidades, singularmente los checos y servios opuestos a la guerra que constituyeron comités clandestinos en el interior y públicos en el exilio  abogando por la independencia, alentados y financiados por los Aliados. Los  marxistas también aportaron su parte en la creciente agitación, con el asesinato  del jefe de gobierno Karl Von Stürgkh  a manos del socialista Friederich Adler un mes antes de la desaparición de Francisco José. A pesar de su falta de experiencia Carlos era muy consciente de los graves problemas centrífugos que amenazaban la integridad de su herencia e intentó ganarse la simpatía de los grupos opositores con una serie de medidas liberales y de respeto a las minorías nacionales. Pero esto solo agudizó las contradicciones de la monarquía danubiana, porque sus gestos fueron interpretados como actos de debilidad por sus adversarios, que recrudecieron su rechazo al estado dual, y al mismo tiempo le malquistaron con sus aliados alemanes y con los partidos pangermanos y húngaros, que lo consideraron poco fiable y desleal para con sus intereses.

Estaba claro que, fuera cual fuera el resultado de la guerra, el ordenamiento austrohúngaro de 1867 no sobreviviría  intacto. Estaba por ver en que condiciones se produciría el cambio.

Por otra parte, Carlos I relevó casi inmediatamente al mariscal Conrad von Hotzendorf por el coronel general Arz von Straussenburg. A pesar de su brillantez teórica y su carisma, Conrad había asistido impotente a la erosión de las fuerzas armadas, con tres millones de muertos o heridos, y el nuevo emperador le retiró su confianza, entre otras cosas porque Conrad se oponía a la cada vez mayor dependencia respecto al socio alemán