10.12.16

ESPECIAL: EL DEUTSCHE CONSERVATIVE PARTEI ( DKP ) DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

El estallido de la guerra en agosto de 1914 y la proclamación de la Burgerfriede alteraron el modo de tomar decisiones en el II Reich. Inesperadamente, la pugna política tenía que librarse con nuevas normas, con una perspectiva en buena medida diferente.

No había que preocuparse de nuevas elecciones generales, apenas por debates acerca de las tarifas del grano; la prensa estaba censurada en parte y la confrontación contra el partido socialdemócrata aplazada para no perturbar el esfuerzo bélico. Más adelante, la autoritaria influencia de los generales Hindenburg y Ludendorff se hizo sentir en la administración y en las decisiones del gobierno. Derivas perceptibles en la dinámica del partido desde 1911 se acentuaron con la guerra: tendencia hacia el nacionalismo radical buscando el consenso de todos los grupos populares de extrema derecha, con exigencias de anexiones tanto en el este como en el oeste; la desconfianza hacia el sistema parlamentario y la posible reforma del sufragio de las tres clases prusianas, la preservación de instituciones monárquicas y las sospechas sobre las intenciones de la socialdemocracia. También la determinación de convertirse en un partido de masas derechista, reclutando trabajadores asalariados y autónomos, buscando un nuevo nombre adecuado para semejante formación. Menudearon los lemas procedentes del ambiente Volkisch,  para acentuar la unidad del pueblo  durante el periodo bélico.

Otra preocupación creciente fue contrarrestar el vigor de la izquierda derrotista, especialmente en el parlamento. Hacia 1916 estos esfuerzos habían conducido al convencimiento de que era imprescindible sustituir al canciller Bethmann y a cualquier otro cargo de gubernativo que mostrara síntomas de fragilidad.

Las relaciones entre la Liga de Granjeros ( BdL) y el DKP fueron parecidas a las de los años de preguerra. Por un lado, los jefes de la BdL  criticaban la brusquedad con que eran propagados los comportamientos antes descritos, pero en general dieron su aquiescencia al programa de antiparlamentarismo,  rechazo al gobierno, a los socialistas y a los judíos. Roesicke y Wangenheim, dos de sus líderes más conocidos, contribuyeron significativamente a estas campañas tendentes a crear un polo nacionalista.

Por otra parte, el liderazgo oficial conservador de Heydebrand adoptó una postura reluctante ante cada nueva estrategia emprendida. Los compromisos por parte de los líderes del DKP no eran más fáciles que antaño. Heydebrand y sus colegas estaban muy lejos de ser capaces de  desactivar la agenda del nuevo nacionalismo que suplantaba el estilo tradicional por uno de estilo revolucionario. Esto contribuyó a un marcado escepticismo respecto a la hegemonía de Heydebrand sobre el partido, algo que hubiera sido impensable antes de 1914.

En septiembre de 1914 los pangermanos y otros nacionalistas radicales exigieron anexiones extremas. Tras la decepción de la batalla del Marne, la dirección conservadora estuvo más decidida a limitar la agitación anexionista y volcarla en demandas puramente económicas. En noviembre de 1914 los pangermanos y Hugenberg trazaron más planes detallados para resolver el destino de la Polonia rusa, conquistada por Hindenburg y Ludendorff en 1915, y para julio de 1916 el "Comité Independiente para una Paz Alemana" había ilustrado la amplitud del movimiento sobre los objetivos de guerra. Incluso entonces Heydebrand procuró contenerlos. Westwarp fue el único miembro de alto rango del DKP que firmó el manifiesto del Comité Independiente.

Heydebrand no quiso implicar públicamente a su partido en el movimiento contra Bethmann, temiendo que en medio de la guerra esto pudiese socavar la autoridad del estado alemán. Esta postura fue interpretada como una muestra de hipocresía,  y denunciada por los pangermanos, los líderes de la BdL y todos aquellos conservadores hostiles a Bethmann. En agosto de 1916 los pangermanos conservadores que estaban usando el Comité  Independiente para consolidar su campaña contra Bethmann maniobraron contra Heydebrand al mismo tiempo. Según ellos, Heydebrand “ya era un líder solo de nombre”. Aunque esta afirmación era un tanto exagerada, las tensiones acumuladas y el impacto de la resolución de paz del Reichstag en julio de 1917 obligaron a Heydebrand a pronunciarse. Por tanto permitió a los portavoces del DKP expresarse con mayor entusiasmo respecto a los objetivos bélicos, una posición que mantendrían hasta el fin de la guerra. Para entonces, los objetivos ya no eran el asunto prioritario de los pangermanos, más preocupados por la agitación del “frente interior” y la necesidad de enfrentarse a la propaganda derrotista procedente del izquierdismo.

¿Por qué existió esa reluctancia conservadora a unirse al movimiento pangermano en la reivindicación de los objetivos de guerra radicales? Heydebrand permaneció distante tanto por razones de táctica política como por convicciones. El 31 de diciembre había escrito que los planes de Class y Hugenberg iban demasiado lejos, y no los consideraba ni practicables ni útiles. Heydebrand mantuvo esa postura muchos meses. Tanto él como  Westwarp eludieron la súplica de subordinados como Grumme y Gebsattel que pedían suscribir una postura previa. Lo hicieron apelando al clásico margen de  libertad de maniobra de debían mantener los parlamentarios del partido: Heydebrand escribió: “Si llegaran las conversaciones de paz, sería mucho menos satisfactorio para el partido y su dirección, que tendrían que debatir responsablemente en el parlamento estando atados a demandas previas procedentes de representantes de la opinión pública ajenos al parlamento”.  Esta afirmación ayuda a comprender porque Heydebrand y Westwarp  continuaron disfrutando de la confianza de ciertos sectores del Partido Conservador, que estaba en 1917 profundamente dividido. Cuando el Comité de los 50 se reunió el 18 de febrero de 1917, la rama de los conservadores pangermanos tomó la previsible actitud de atacar la postura titubeante de Heydebrand. Pero la mayoría estaba sólidamente detrás del presidente del DKP. Uno de ellos declaró que los cabecillas del partido habían actuado correctamente al no participar “en los fuegos de artificio baratos de una revuelta” contra Bethmann.

Por otra parte, la mayoría de dirigentes eran más hostiles ante Inglaterra que contra Rusia, y era inevitable que desconfiasen de la pretensión de grandes anexiones que los pangermanos reclamaban en el Este.

25.10.16

ESPECIAL: EL SERVICIO SECRETO FRANCÉS EN ESPAÑA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

Desde 1871 existía el Servicio Especial (SS) o Servicio de Información (“Service  de Renseignement”, SR ). Sus actividades exteriores estaban controladas desde 1899 por la sección de información del estado mayor del ejército bajo el coronel Charles J. Dupont. Dentro del SR fue creada en la primavera de 1915 una sección de centralización a las órdenes del capitán Ladoux que supervisaba las tareas de contraespionaje.

La terminal del Servicio de Información del ejército en España fue puesta en manos del coronel Andre M. Tillon, agregado militar de la embajada en Madrid. Al principio se ocupaba sobre todo de la incipiente propaganda, de los  pedidos de materias primas estratégicas, y especialmente de la supervisión de todas las fronteras españolas, para evitar la infiltración de agentes enemigos en Francia, el flujo de armas y dinero a los rebeldes marroquíes, la captura de desertores, etc. Estructuralmente, se recurrió a la sectorialización, en la que cada supervisor construía una red de agentes franceses e informadores españoles.

Tillon fue sustituido el 15 de septiembre de 1916 por el coronel Denvignes. Tenía experiencia en el estado mayor de Joffre. Denvignes encontró la organización de su antecesor adecuada y se limitó a ensancharla y dotarla de más recursos presupuestarios.


                                                         FOTO.  JOSEPH DENVIGNES

Fue destituido en febrero de 1918 mediante un consejo de guerra por un escándalo que reveló las conversaciones entre Denvignes y Alfonso XIII en las que se solicitaba la mediación del monarca para obtener una paz por separado con Austria. Sería reemplazado por el coronel Joseph Tisseyre.

Respecto a la Marina gala,  primeramente estableció una delegación en Barcelona para extender progresivamente el control sobre todo el litoral español. El escogido para liderar la tarea fue Arsene Robine, con experiencia en la gestión de navieras comerciales. Al comienzo su misión era vigilar el posible contrabando en barcos neutrales. Cuando la irrupción de submarinos alemanes se transformó en la cuestión principal, ya no fue suficiente el conocimiento de temas mercantes y hubo que potenciar el servicio, para lo que fue llamado el teniente de navío Robert de Roucy, con el cargo de agregado naval en la embajada. Los agentes responsables de los distintos sectores resultantes de la distribución de la costa debían informar a Tolón en el caso de pertenecer al área mediterránea y a La Rochela en el caso de estar destacados en el Cantábrico. Sin embargo, pronto quedo claro el personalismo de Roucy, porque él centralizaba los informes y solo después los reexpedía. De hecho a primeros de 1916 recibió una reconvención oficial por esta actitud. Con todo, había ventajas operativas en este proceder coordinado, y además el agregado naval fue adquiriendo notoriedad en otras misiones, como la propaganda encargada por el ministerio de Exteriores. En realidad fue una evolución natural.

Al principio las demarcaciones costeras eran 5, que fueron aumentadas a 7 en el verano de 1916 y a 11 en marzo de 1917. Los agentes españoles podían cobrar un sueldo regular o bien por objetivos conseguidos ( seguimientos, vigilancias portuarias, robo o copia de documentación, datos sobre agentes enemigos). Otro aspecto del funcionamiento de los sectores era la colaboración de las representaciones consulares francesas, de las que había unas setenta en España. Muchos de los cónsules honorarios eran residentes con negocios, conocimiento del entorno y con relaciones sociales locales, lo que facilitaba su labor de escrutinio. De hecho hubo casos en que los cónsules se convirtieron en los jefes de sector, como por ejemplo Joseph Doumolin en Granada-Almería o Charles Lombard en el litoral de Valencia y Alicante (siendo cónsul en Gandía).

Roucy mantuvo su puesto hasta el verano de 1917, cuando la filtración de un informe en el que juzgaba severamente el comportamiento de Alfonso XIII llegó a conocimiento del gobierno español. Fue sustituido  por el capitán de fragata Aristide B. Petit-Thouars, que exigió a cada división costera la entrega de un informe periódico y aumentó el número de sectores hasta los 19 en octubre de 1917, para responder al desafío de la guerra submarina sin restricciones. A lo largo del conflicto aumentó significativamente la cantidad de medios pecuniarios.

Cada jefe de sector enviaba sus informes exhaustivos sobre todos los aspectos de la guerra submarina,  tales como el movimiento de víveres y petróleo en el litoral, la correspondencia para los sumergibles, la evasión de alemanes, las señales de Morse, los hundimientos en aguas jurisdiccionales españolas o sus cercanías, la propaganda enemiga, las inclinaciones de los políticos y autoridades locales, etc. También se vigiló a los hombres de negocios y a los alemanes de Camerún. Tampoco faltaron los seguimientos sobre las huelgas que perjudicaban los calendarios de los convoyes. Además se registraban los avistamientos realizados por  los pescadores y  los rumores en los puertos aireados  por informadores a sueldo. En otro orden de cosas se ocupaban también del auxilio a los náufragos aliados.

El servicio francés también procuró explotar las aristas morales provocadas por la guerra submarina ¿Qué métodos eran empleados para ello? La difusión de la denuncia de la campaña submarina enemiga mediante la prensa, folletos, fotografías e imágenes, cine. Petit-Thouars y sus hombres recurrieron a la recopilación de información procedente en la prensa gala y española, documentación y redacción de notas,  distribuyéndolas a su vez, dando prioridad a los incidentes con submarinos que involucrasen a barcos españoles o acaecidos en aguas limítrofes.

Uno de los mayores éxitos de los informadores franceses fue hacerse con un topo en el consulado alemán en Barcelona que les proporcionaron acceso al correo, el portero Pablo Wunderling, nombre clave “Maravilla”, y sobre todo con “Caramba”, topo que hasta el día de hoy permanece anónimo y que proporcionó acceso a las comunicaciones de la mismísima embajada teutona.

 En Madrid se elaboraba el “Buletin d’ informations quotidien”, enviado a través de los consulados franceses con orden de filtrarlos a los medios. En las publicaciones del sur de España destacaban  como receptores de estas noticias eran el “El diario conservador” y “El reformista” en Cádiz, “La tierra” en Cartagena, “El popular” y “El regional” en Málaga o “El Levante agrario” en Murcia.

Muy revelador del ambiente de suspicacia fue el grotesco incidente que afectó a  los monjes de Chipiona, denunciados como espías alemanes por el arqueólogo galo Pierre Paris,  encargado de las excavaciones del  vecino yacimiento de la antigua Baelo Claudia.

21.8.16

EL CÁUCASO A MEDIADOS DE 1918

En febrero de 1918 movimientos preliminares para retomar el control de los territorios ocupados por los rusos en los años precedentes. Los hitos más destacados fueron la entrada pacífica el día 24 en Trebisonda, y en Erzurum el 11 de marzo, apoderándose de grandes depósitos de alimentos dejados atrás por el ejército ruso en disolución. Hacía el día 24 de marzo había alcanzado la frontera existente en 1914. No se detuvieron ahí, sino que penetraron en los distritos de Batumi (el 18 de abril), Kars (el 25 de abril) y Ardahan perdidos desde 1878 y que el tratado de Brest-Litovsk reconocía de nuevo como turcos. En los plebiscitos  efectuados bajo control de Estambul, se obtuvieron mayorías de hasta el 97,5% favorables a la reincorporación. El 11 de agosto la anexión fue refrendada por el sultán Mehmed VI.

La intervención también se hizo notar en Georgia, Armenia y Azerbayán, que el tratado acababa de reconocer como independientes y dominados por la inestabilidad. El interés del gobierno turco de Enver se centraba en Baku, principal ciudad de la zona y centro petrolífero del recién desaparecido imperio ruso. La localidad estaba bajo un confuso condominio de los bolcheviques, que controlaban a los obreros rusos, y nacionalistas armenios del Dashnak, reunidos en el soviet o comuna de Baku. En marzo de 1918 se produjeron violentas persecuciones contra los musulmanes azeríes residentes en parte de los barrios, saldados con unos 10.000 muertos y miles de refugiados. Estos organizaron un poder alternativo en las pequeñas ciudades y zonas rurales donde eran mayoritarios,solicitando la protección turca. El 4 de junio de 1918 los azeríes y turcos firmaron un tratado de alianza, a cambio del apoyo turco para aplastar a los bolcheviques. Estas actividades del gobierno otomano molestaron en Berlín, que hubiera preferido ver a las  divisiones estacionadas en el Cáucaso concentradas frente a los Aliados en Palestina e Irak. Los políticos de Estambul arguían que la toma de Baku, aparte de consolidar los intereses de su país en la zona, serviría de trampolín para echar a los ingleses de Persia y recuperar Bagdad más adelante. Además, de momento el frente palestino permanecía en calma.

Para esta ambiciosa misión, Enver alistó el llamado “Ejército islámico del Cáucaso”, poniendo al frente del mismo a su hermanastro Nuri Pachá, un veterano del levantamiento senussi contra los italianos e ingleses en Cirenaica y el desierto egipcio. No obstante, el llamamiento de voluntarios encontró una discreta acogida y fue necesario reforzarlo con soldados regulares turcos. 


FOTO. NURI PASHA ( A LA DERECHA) CON UN AYUDANTE EN BAKU,  TRAS LA  TOMA DE LA CIUDAD

 Un primer intento sobre Baku el 5 de agosto fue rechazado por los cañones bolcheviques y por la inesperada aparición de un destacamento británico procedente de Persia. Tras recibir más regimientos de refuerzo, Nuri consiguió finalmente apoderarse del destacado centro petrolífero el 15 de septiembre de 1918. De este modo el imperio turco afianzaba su influencia sobre el naciente Azerbayán. Sin embargo este halagüeño panorama se vio interrumpido por las malas noticias que justo en aquellos  días empezaban a llegar del frente palestino.

Por su parte las tropas alemanas llegaron a Novorosisk en junio persiguiendo a los acorazados "Volia" y "Svobodnaya Rossiya". El primero fue devuelto a Sebastopol y el segundo fue autohundido con torpedos el 19 de junio para no ser entregado. Al enrarecerse las relaciones con los bolcheviques por los incumplimientos del tratado,  los alemanes entraron  en tratos con los rusos blancos de Krasnov. Además, utilizando los servicios del príncipe Matchabelli y otros exiliados georgianos extendieron su presencia a Georgia, donde el gobierno del menchevique de Tcherelli intentaba congraciarse con Alemania y afirmar su independencia frente a los bolcheviques de Rusia y las pretensiones de Estambul.

19.8.16

CUARTA CARTA DE LUDENDORFF:" OPERACIÓN GNEISENAU " ( BATALLA DE NOYON)

El mando alemán tuvo que afrontar el problema derivado del amplio saliente creado por el éxito parcial de la operación Blücher, vulnerable al hostigamiento de la aviación y a los cañones de largo alcance franceses.

Aunque Ludendorff barajó adoptar la postura defensiva,  la descartó  porque pensaba que eran “demasiado débiles para no atacar” .También pensaba que continuar con la racha de asaltos  tendría un efecto estimulante sobre sus decaídos socios de Viena y Estambul.

Finalmente quedo acordado activar el plan “Gneiseanu”, protagonizado por el XVIII ejército de Von Hutier en la zona Noyon-Montdidier, donde debía enfrentarse a partir del 9 de junio a los franceses del 1º ejército de Debeney y sobre todo al 3º de Humbert, ambos coordinados por el general Fayolle.

Sus aviadores comunicaron las concentraciones enemigas a principios de junio. Los preparativos tuvieron tal premura que no pudieron circunscribirse a marchas nocturnas de enmascaramiento. Foch y Petain fueron informados por la inteligencia que 45 divisiones alemanas estaban listas para actuar entre el Oise y el Somme. Ambos jefes estaban cuestionados desde los sucesos del 27 de mayo, y a pesar del apoyo de Clemenceau, eran conscientes de que otra debacle parecida provocaría su cese y tal vez la caída del gobierno.
Fayolle había organizado la defensa en profundidad. Para atender las peticiones de este, Petain y Foch recuperaron varias divisiones prestadas a los británicos y persuadiendo a Pershing para movilizar 5 divisiones americanas que hasta el momento permanecían detrás del sector británico.




Gracias a todas estas medidas Humbert pudo alcanzar a fecha de 4 de junio 7 divisiones en primera línea y 5 en la segunda, aparte de una reserva de 7 divisiones de infantería y 3 de caballería.


Tanto Fayolle como Humbert eran partidarios de una defensa elástica, su red se extendía en una profundidad de 9 kilómetros. Respecto a las fuerzas de Hutier, estas verdaderamente solo disponían de 11 divisiones en línea respaldadas por una reserva de 7 divisiones de calidad variable. De hecho, completar sus cifras solo había sido posible apelando a 23.000 reclutas del reemplazo de 1899 y 60.000 hombres procedentes de varios servicios auxiliares. Tener que recurrir a semejantes procedimientos extraordinarios ya indicaban que Ludendorff  encontraba cada vez más complicado reunir los contingentes necesarios para mantener el frenético ritmo ofensivo. Desde el punto de vista del equipamiento, “Gneisenau” contaría con 625 baterías de artillería y de unos 500 aviones. Algunas de las divisiones estaban afectadas por el brote de gripe que se acentuaría tristemente meses más tarde.





En la noche del 9 de junio la mayoría de las divisiones alemanas acudieron a las áreas de concentración, mientras la característica barrera de artillería ideada por Brunchmuller caía entre los puestos adelantados del adversario, utilizando proyectiles de alto explosivo y gas mostaza. El primer escalón de Sturmtruppen salió a las 3.45 de la madrugada a lo largo de un sector de 25 kilómetros de largo, salpicado de colinas y bosquecillos. La niebla protegió  pero ralentizó el avance. A pesar de ello, a las 6 de la mañana, el flanco izquierdo de Von  Hutier había alcanzado el río Oise. El comandante alemán había concentrado su potencia esencial  entre Rollot y Thiescourt, en el centro de su despliegue. Ciertamente la primera línea francesa se había desmoronado en tres horas. Las vanguardias empezaron a infiltrarse en el valle del Aronde. Pero las reservas francesas estaban acudiendo velozmente y muchos tramos aún eran sostenidas por defensores que se mantenían firmes. Al anochecer el XVIII ejército alemán había penetrado unos 10 kilómetros, un resultado estimable pero alejado de una ruptura decisiva.


Tampoco el día 10 de junio trajo un cambio trascendental. En su flanco izquierdo los hombres de Von Hutier se hicieron fuertes en la margen occidental del Oise, lo que obligó a Fayolle a retrasar su flanco derecho hasta las viejas posiciones de 1914. Pero los alemanes no pudieron explotar esta ventaja en tanto su propio centro no avanzara. Y la oportunidad se esfumó.




FOTO. EL GENERAL FAYOLLE

Fayolle había decidido contratar con cinco divisiones ( las de infantería 129º, la 152º, la 165º y la 48º) apoyadas por la 1ª división aérea, puestas todas ellas a disposición de Mangin, rescatado de su ostracismo para la ocasión. La pregunta era cuando desencadenar la jugada. Las divisiones estarían respaldadas por cuatro grupos de blindados Schneider, Saint Chamond que sumaban 163 vehículos. Fayolle prefería esperar hasta completar los preparativos. Mangin quería actuar cuanto antes. En la tarde del 10 de junio las divisiones comprometidas estaban todavía en tránsito o llegando a sus puntos de concentración. Foch dio su beneplácito a la puesta en acción al día siguiente, como hizo público en su despacho diario: “Las operaciones de mañana representan el fin de la batalla defensiva que hemos librado por más de dos meses. Deberían marcar el freno definitivo a los alemanes y la reanudación de la ofensiva por nuestra parte. Deben triunfar. Hagamos que todos entiendan esto”.

Así ocurrió. A las 11 de la mañana del 11 de junio el centro del XVIII ejército fue embestido desde tres puntos diferentes: Courcelles, Saint Martin y especialmente sobre Mery. En pocas horas los germanos fueron desalojados del valle del Aronde. Al mismo tiempo se apagaba un débil intento del VII ejército de Boehn al suroeste de Soissons. Poco después Von Hutier recibió órdenes de pasar a la defensiva.


El saldo de pérdidas era de 40.000 bajas francesas por 25.000 alemanas. “Gneiseanu” fue menos sangrienta que las operaciones anteriores, pero también de menor duración, y para los atacantes, con menos ganancias territoriales.




6.8.16

ÚLTIMA EXPEDICIÓN DE LOS HABSBURGO: LA BATALLA DEL SOLSTICIO O II BATALLA DEL PIAVE

El frente italiano en Piave-Alpes al este del lago Di Garda había permanecido en calma mientras la tormenta estallaba en Francia. Precisamente las tropas alemanas que habían participado en Caporetto habían sido transferidas para participar en la campaña de primavera. 

Tanto Viena como Roma, conscientes de sus limitaciones, hubieran preferido permanecer a la expectativa del desenlace de los sucesos en Francia, pero se vieron presionadas por sus respectivos socios a impulsar acciones suplementarias en sus propios escenarios. La más decidida fue Austria-Hungría, a pesar de que sus posibilidades logísticas estaban languideciendo: escasez de alimentos para las tropas, falta de caballos y mulas, desgaste de locomotoras y vehículos desprovistos de piezas de repuesto. Con todo, podía alinear una respetable fuerza de unas 60 divisiones (algunas fuentes las reducen a 55 realmente operativas) El jefe del estado mayor, Arz von Straussenberg empezó su planificación en febrero de 1918 tras una reunión con una delegación alemana en Bolzano, para que la campaña austriaca coincidiera con el esfuerzo supremo de Ludendorff. 

¿ Cuál sería su planteamiento de avance? A primera vista un esfuerzo concentrado desde el Trentino parecía el más apetecible para flanquear al enemigo, pero tropezaba con el inconveniente de depender de una sola línea ferroviaria a través de los Alpes en el valle del alto Adigio y el valle de Sugano. La propuesta era sostenida por el general a cargo del XI ejército en la zona, el antiguo jefe de estado mayor Conrad von Hotzendoff. Finalmente se eligió acompañar ese movimiento, dirigido hacía Castelfranco con otro simultaneo de cruce del Piave por el VI ejército y V ejércitos austrohúngaros. La intención era converger sobre Padua, copando a las tropas enemigas, imponiendo a Italia un armisticio. Entonces, tal vez, los austrohúngaros podrían reforzar a sus aliados alemanes en el noreste de Francia. Si el gobierno italiano seguía combatiendo a pesar de todo, seguramente parte de las tropas americanas en Europa serían desviadas a Italia para sostenerla en su necesidad, con lo que el alivio para los alemanes se  produciría igualmente.

La pinza de los Alpes puesta en marcha el 15 de junio, con escaso éxito, disminuyendo ya al día siguiente. En el Piave, bajo la dirección de Von Bojna la cosa pareció arrancar de manera más prometedora, gracias al esfuerzo de las Sturmtruppen austriacas, fundadas por oficiales formados en unidades alemanas. El VI ejército en Montello y el V ejército en la proximidad de la desembocadura consiguieron establecer cabezas de puente al oeste de la corriente, en algunos puntos con 5 kilómetros de profundidad. Hacia el día 18 habían conseguido soldarlas y establecer una posición de unos 20 kilómetros a lo largo de la ribera occidental.

FOTO.   ARDITI EN FOSSALTA DI PIAVE, JUNIO DE 1918

 Pero las reservas para explotar este incipiente éxito no existían, y la crecida del Piave dificultaba el abastecimiento que además debía enfrentarse al hostigamiento de la aviación italiana, dueña del espacio aéreo. Armando Díaz y su jefe de estado mayor, Badoglio, pusieron en marcha un firme contraataque italiano  en Montello esa misma fecha, encabezado por la tropa más profesionalizada de Italia, los Arditi, fundados el año anterior y ampliados como parte del programa de recuperación tras la debacle de Caporetto, hizo comprender a mando austrohúngaro que la operación había fallado. Los días 21 y 22 de junio las fuerzas austrohúngaras abandonaron las posiciones obtenidas y se retiraron de vuelta al este del río. Los italianos se contentaron con haber frenado al adversario, y solo al mes siguiente realizaron algunas incursiones al este del Piave. No obstante, esta batalla del Solsticio, como también fue llamada en Italia, marcaba una clara recuperación de las capacidades de combate italianas, puestas en entredicho desde Caporetto; y para la monarquía Dual una comprobación de su impotencia, sin capacidad para nuevas iniciativas. Las bajas estimadas eran de 90.000 para los italianos,  y 150.000 para los austrohúngaros.  
FOTO. MIEMBROS DE LA IX UNIDAD DE ASALTO DESPUÉS DE LA TOMA DE COL MOSCHIN,  16 DE JUNIO DE 1918. A LA IZQUIERDA CON BASTÓN, EL COMANDANTE GIOVANNI MESSE, FUTURO MARISCAL EN LA SGM.


El destino final del imperio de los Habsburgo quedaba ahora totalmente supeditado a la suerte de los embates de Ludendorff en el frente Occidental.

22.7.16

ESPECIAL: SUBMARINOS ALEMANES INTERNADOS EN ESPAÑA EN 1918

El UC-48 del alférez de navío Helmuth Lorenz abandonó Zeebrugge el 17 de marzo de 1918 en misión de minado sobre la costa normanda. Dañado por el ataque de un destructor británico y un yate armado norteamericano, vio mermada su capacidad de inmersión y pérdida de combustible. Considerando inviable retornar a su base sorteando las defensas del paso de Calais, se refugió en la tarde del 23 de marzo en El Ferrol. Allí fue sometido a un cuidadoso proceso de neutralización: retirada de municiones y torpedos, piezas de la radio, de los tubos lanzatorpedos, del cañón y del motor. Lorenz, su segundo y 6 marineros más permanecieron en El Ferrol para mantenimiento mientras que los otros 22 tripulantes fueron enviados al centro de internamiento en Alcalá de Henares.

ARTÍCULOS Y RESEÑAS DE LA PRENSA ESPAÑOLA SOBRE LA LLEGADA DEL UC-48 A EL FERROL EL 23 DE MARZO DE 1918

En la madrugada del 24 de mayo de 1918 entraba en Santander el UC-56 del alférez de navío Wilhelm Kiesewetter. Había salido de Zeebrugge el 13 de mayo en misión para el golfo de Vizcaya. Por averías en su maquinaria, que le impedía sumergirse pero si navegar en superficie,  buscó refugio en el puerto cantábrico. A las 11.00 del 25 de mayo el submarino fue guiado al dique de Gamazo, donde se le incautaron las municiones (no portaba torpedos), se le desmontaron las hélices, piezas de los motores, escotillas  y elementos de la radiotelegrafía. Una vez finalizado el proceso fue remolcado a la dársena de Maliño y fue internado.

En la tarde de ese mismo día fueron enviados a Alcalá de Henares los 23 miembros de la dotación, y solo permanecieron en el puerto Kiesewetter, un suboficial y 5 marineros, aunque en agosto el capitán fue trasladado a Alcalá. Ante las dificultades de mantenimiento el 3 de septiembre se permitió al suboficial mecánico A. Schmidt y a un cabo viajar de vuelta a Santander para atender esas labores.

Unos días antes, el 20 de agosto, se le habían desmontado al UC-56 los ejes y arbotantes de las hélices, los timones de popa. Quedó bajo la custodia a partir del 27 de agosto del cañonero de 560 toneladas “Marqués de Molins”, y sucesivamente, de los pequeños destructores “Bustamante” y “Villaamil” y del torpedero Nº8.

PORTADA DE LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA 25- 5 -1918


ARTÍCULO DE EL DIA 25-5-1918

"Submarino alemán en Santander. Nuevos detalles de la llegada del sumergible.—Las autoridades de Marina.~Lo que dice el segundo comandante.-Otras noticias. , Santander, 24 (10 n.). El submarino  U-56 , que arribó esta mañana con averías, vigilaba.la zona norte del mar Cantábrico. Parece ser que, navegando hace varios días cerca de la costa, los tripulantes del sumergible notaron que la maquinaria del mismo no funcionaba con regularidad. En vista, de ello, pensaron arribar al puerto de Bilbao; pero el comandante del submarino, que había navegado a bordo del vapor mercante "Freechstrut" , y que conocía puerto de Santander, prefirió entrar en realizándolo al romper el día. Penetró en la bahía y amarró dos  cables a la boya qué tienen para su servicio los vapores españoles frente al puerto Chico.
Inmediatamente circuló la noticia y numeroso publico se estacionó en los muelles
Los más curiosos pretendieron acercarse al submarino en botes, no lográndolo, por haberse prohibido llegar a diez metros de distancia"

ARTÍCULO DE LA ÉPOCA 25-5-1918

"SUBMARINOS ALEMANES EN ESPAÑA . El "U.-56„ en Santander Detalles del submarino de su tripulación.—Juramento de no evadirse.—Otros pormenores. El U-56 ira á El Ferrol. SANTANDER 24.—Continúa el submarino U-56 en el dique Gamazo. Tiene averías de consideración en los motores y en el timón de profundidad. Entre sus tripulantes hay algunos heridos. Lleva el submarino los colores verde, azul y encarnado y al costado ostenta la bandera alemana. Mide 50 metros de largo, desplaza 500 toneladas y dispone de des tubos lanzatorpedos y de un cañón de pequeño calibre en la parte de proa. Fué construido en 1912 y forma parte de los de antiguo tipo, que, en número de 66, poseía Alemania antes de la guerra. Se ha podido averiguar que el submarino vigilaba las aguas del Cantábrico, y que hace pocos días su tripulación advirtió en el buque una avería, sin poder determinar cuál fuera la causa de ella. Pensaron los tripulantes del barco alemán arribar á Bilbao; pero el comandante, conocedor del puerto de Santander, decidióse á entrar en éste. Dícese que el U.56, antes de arribar definitivamente, recorrió la bahía durante la madrugada, volviendo después á salir al alba de El Sardinero, donde esperó hasta las siete de la mañana, pidiendo práctico. Esta tarde, en la comandancia de Marina, prestaron solemne juramento de no evadirse, el comandante, los oficiales y la marinería del sumergible alemán. La ceremonia se celebró ante el comandante y las autoridades de Marina. Después del juramento, los tripulantes del U.56; quedaron en libertad para recorrer la población. Se hospedan en el Hotel Royal, por cuenta del cónsul de Alemania. Han comprado ropas en la calle. En el consulado fueron obsequiados con champagne. El comandante del submarino se niega a dar detalles del viaje. Se lamenta da no poder seguir tomando parte en la guerra. El segundo comandante estuvo en Ostende durante el bombardeo; pues fué enviado para encargarse de una escuadrilla de submarinos. Ha dicho que ésta es la segunda vez que la tripulación del submarino ha gastado todos los torpedos que tenía, y ha añadido que podían haberse sumergido, pero que era peligrosísimo, por no poder volver á subir. Cuando llegaban á Santander, cerca del Cabo Mayor, vieron á un barco, que al ver al submarino se alejó. También ha manifestado que podían haber regresado á Alemania sumergidos; pero que era un suicidio". NOTA: LOS PERIODISTAS IDENTIFICAN ERRÓNEAMENTE AL UC-56  TOMÁNDOLO POR EL U-56.

Un caso algo diferente fue el del UC-74. Al mando del alférez de navío Hans Schüler realizó el último crucero de guerra alemán en el Mediterráneo. Minó la entrada del canal de Suez y el 2 de noviembre de 1918 hundió a 2 cargueros de un convoy. Con poco combustible y ya sin la disponibilidad de las bases austrohúngaras decidió rendirse en Barcelona el jueves 21 de noviembre, diez días después de la firma del armisticio. Tras tocar en el muelle de la Paz y contactar con la Comandancia de Marina fue conducido a la dársena del Morrot. Fue fondeado entre el cañonero “Don Álvaro de Bazán” y el torpedero Nº5. Su munición fue depositada en el Parque de Artillería de la ciudad. El 23 de noviembre la mayoría  de la tripulación fue expedida a Alcalá de Henares.

ARTÍCULO DE LA ACCIÓN 23-11-1918


"Barcelona, 22 (10,30 n.)- El comandante de Marina ha comunicado al cónsul de Alemania  la orden del Gobierno para que sea internado el submarino UC-74 llegado ayer a este puerto (...) Durante  el día el submarino estuvo empavesado, ostentando la bandera imperial. Se asegura que el capitán se ha negado a izar la bandera roja. A media tarde se ha comunicado a los tripulantes la orden de quedar internados,  saliendo todos del submarino (...) El UC-74 tiene aspecto de haber permanecido bastante tiempo navegando. Se halla su cubierta completamente oxidada."


ARTÍCULO DE EL SIGLO FUTURO 23-11-1918


"En el tren correo de Madrid han marchado veinticinco oficiales y marineros de la dotación del submarino alemán U-C 74, de cuya llegada a Barcelona informé oportunamente. Van para ser internados en Alcalá de Henares"

10.7.16

TERCERA CARTA DE LUDENDORFF: "OPERACIÓN BLÜCHER-YORCK"


Al verse bloqueado en Flandes, el OHL decidió trasladar el empuje de sus fuerzas orientándolo contra los franceses en el sur, en las riberas del Aisne. En principio, se trataba más bien de una operación restringida, concebida para arrastrar las reservas francesas fuera del área crítica del Somme y Flandes. Una vez conseguido esto, se reanudarían allí los ataques y se suspenderían en el Camino de las Damas.  Según recordaba Ludendorff en sus memorias: “La operación más favorable en sí misma era continuar el ataque contra el ejército británico en Ypres y Bailleul (…) Pero antes de que se pudiera atacar allí otra vez, tenía que debilitarse al enemigo y mejorar nuestras comunicaciones” . Contemplaba un movimiento del grupo de ejércitos en el área del Camino de las Damas, desde el drama de abril de 1917 un sector "tranquilo". Desde el 17 de abril se despacharon las órdenes al grupo de ejércitos del Kronprinz. Comprometía a tres ejércitos alemanes: el XVIII de Von Hutier, el VII de Von Boehn y el I de Von Mudra que totalizaban 41 divisiones. Actuarían a lo largo de una línea de 35 kilómetros desde Anizy a Berry-au-Bac. 

Los destacamentos que defendían ese paraje formaban parte del 6º ejército frances del general Denis A. Duchene, consistente en 6 divisiones reforzadas por el IX cuerpo británico de Alexander Hamilton-Gordon, compuesto por 4 divisiones
( la 8º, 50º y 21º en línea y la 25º en reserva) , apostadas en la parte más oriental del Camino de las Damas.

Al ejecutar Blücher, primero debía alcanzarse la línea Soissons-Reims, inmediatamente al sur del Aisne. Posteriormente estaba previsto ampliar los flancos asegurando Compiegne y Reims.

Ludendorff dio luz verde al proyecto a finales de abril de 1918. Aunque era deseable comenzarlo inmediatamente después del cese de Georgette a principios de mayo, era preciso tiempo extra para entrenar reemplazos, transferir tropas y artillería, instalar depósitos de munición y otros suministros.Se introdujeron mejoras a partir del análisis de las acciones anteriores de las Sturmtruppen, incorporando una quinta ametralladora en cada compañía de infantería, y también equipando con ellas a las columnas de transporte con fines antiaéreos. Fueron entregados pesados ejemplares de fusiles antitanques, que necesitaban para su manejo por dos personas.


Expectativas de la operación Blucher-Yorck, según testimonio del coronel Von Unruh

El plan Blucher comenzó el 27 de mayo, con un ataque protagonizado por 15 divisiones y 7 en reserva del VII y I ejércitos, con unas 3.719 piezas de artillería. Las tropas habían realizado marchas nocturnas desde el 20 mayo, encubriendo su concentración. El jefe francés, Duchene, tenía fama de ser un ordenancista rutinario, aunque bien relacionado con las altas esferas, porque su cuñado era jefe de estado mayor de Petain. No prestó atención a los signos de concentración enemiga hasta el día previo al asalto, y no había dispuesto a las tropas para una defensa en profundidad, sino que  había colocado a 4 de las divisiones francesas y 3 de las británicas en primera línea, dejando solo 3 divisiones de reserva. Es cierto que el 6º ejército tenía un frente amplio que cubrir, 80 kilómetros, de modo que las divisiones estaban sobreestiradas custodiando 7,5 kilómetros o más de frente. Además las unidades inglesas habían sido trasladas recientemente para recuperarse del castigo sufrido semanas antes durante la ofensiva Michael, y se encontraban con los efectivos incompletos y exhaustos.

El 27 de mayo el bombardero inicial fue el mayor realizado por la artillería germana en 1918 y causó estragos en el 6º ejército, que como hemos dicho, permanecía en su mayor parte en posiciones adelantadas. La apertura del
 bombardeo empezó a las dos de la madrugada. Había sido planeado por Bruchmuller: primero con miles de proyectiles de gas, más tarde la barrera se extendió 11 kilómetros en profundidad dentro de la zona aliada. El fuego de morteros fue dirigido sobre las defensas de alambre de espino y las trincheras adelantadas. A las cuatro de la madrugada les llegó el turno a las Sturmtruppen. Estas confirmaron las excelencias de sus "tácticas de infiltración". El estado mayor del 6º ejército había retrasado la destrucción de los puentes sobre el Aisne y los alemanes sacaron partido de ello. Al anochecer estaban en cerca de Fismes de Vesles, quebrando el centro del 6º ejército francés, unos 20 kilómetros de penetración. En esa primera jornada 4 divisiones aliadas fueron pulverizadas y otras 4 gravemente dañadas. Era la derrota inapelable de los hombres de Duchene. 

El entusiasmo inundó al OHL y al Káiser, que dejó su villa en Spa. El 28 de mayo cayeron Soissons y Fismes, y el Vesle fue vadeado. Los comunicados del Alto Estado Mayor anunciaban la toma de 15.000 prisioneros.  Mientras, la organización logística y sanitaria alemana trabajaba a pleno rendimiento para atender a los heridos, reconstruir las comunicaciones y abastecer de municiones a sus tropas triunfantes. Al mismo tiempo afianzaban la superioridad área neutralizando globos y aviones enemigos de exploración. La resistencia era desigual. El asombro inicial de Hindenburg y Ludendorff por la amplitud de la irrupción dio paso a la búsqueda de una victoria decisiva. Ludendorff recomendó “un ritmo acelerado de persecución (…) la infantería en la línea de fuego estará acompañada en todo lugar por morteros de trinchera y cañones de campaña que deben acribillar cualquier resistencia con fuego directo 

Ante semejantes circunstancias la tentación de explotar el gran éxito era inevitable. En la concepción misma de la campaña de la primavera de 1918 Ludendorff  seguía el principio de ofensivas escalonadas: “En todas las ocasiones  enfaticé la necesidad de no olvidar la formación necesaria para la defensa, y de identificar el momento en el que la ofensiva debe ser detenida y la defensa asumida nuevamente. Ese momento debe ser identificado a partir del endurecimiento sistemático de la resistencia enemiga”. Pero era difícil mantener la previsión original y acabó imponiéndose una revisión.  Ludendorff se enfrentaba ahora a una decisión crítica. Podía ralentizar la acción actual, lo que incrementaría el desgaste de las reservas francesas y volver a su ofensiva septentrional. Por otro lado, estaba consiguiendo resultados incomparables en Blücher, y comenzaba a barruntar una marcha hacia Montdidier y Noyon (el llamado plan Gneisenau) y seguir por el suroeste contra Paris. Aunque vacilaba, Ludendorff convocó a unas cuantas divisiones del grupo de ejércitos del príncipe Ruperto hacía el sur. el XVIII y el VII ejércitos debían mantener su empuje. Así la operación Blücher se ampliaría para avanzar hacia París y forzar una batalla decisiva.

No todo el cuadro era ventajoso. Aparecieron los  idénticos problemas que habían lastrado la operación Michael: Las comunicaciones informativas vía cable o mensajeros estaban sobrepasadas líneas de abastecimiento estiradas, especialmente en el centro del avance, donde el IV cuerpo de Von Conta  estaba creando un saliente. Faltaban ferrocarriles o transporte motorizado para apoyar a las unidades avanzadas. Ciertas unidades depauperadas se entregaban al saqueo de depósitos aliados capturados, relajando su disciplina castrense.

Aunque Soissons había caído, en las elevaciones cercanas los franceses resistían tenazmente. En el ala izquierda ocurría otro tanto con los restos de las divisiones británicas, que aprovechaban el terreno abrupto al oeste de Reims para aguantar. En el alto mando frances los días 27 y 28 reinaba más la incertidumbre que la alarma. Conforme se fue conociendo el descalabro de Duchene el temor se fue abriendo paso, y la necesidad de una respuesta a la altura del desafío enemigo. Petain se apresuró a reunir 14 divisiones de infantería y 4 regimientos de artillería pesada, amén de algunos de artillería ligera de 75 mm.  En torno a Reims el oportuno despliegue del 5º ejército de Micheler garantizaba la conservación de esta ciudad, convertida en el pivote del hasta entonces inestable flanco derecho aliado. Petain y  su jefe de estado mayor, Maurice Barescut, programaron un contragolpe con 4 divisiones hacia el norte de Soissons y 3 hacía Fismes. Foch informó a Pershing de estas intenciones, en parte para recabar contingentes norteamericanos aunque actuasen integrados en la linea francesa. Y antes de  nada, era preciso detener la irrupción de Von Conta sobre el Marne

A pesar de esas contramedidas, seguían llegando al OHL noticias alentadoras. El día 30, al norte de Soissons los alemanes se impusieron en la meseta de Nouvron a los franceses. Dos de sus cuerpos de ejército rebasaron el río Ourcq. Hacía el día 31 de mayo habían llegado a Chateau Thierry, sobre el Marne. Ludendorff y sus colaboradores discutían las posibles prioridades:

a) Un plan para ordenar al ala izquierda del VII ejército cruzar el Marne, girar hacia el este sobre Epernay para cortar el saliente de Reims. Fue desaconsejada por el Kronprinz y su jefe de estado mayor, Von der Schulenburg, que la consideraban demasiado complicada.

b) Activar el plan Gneisenau, suponía movilizar al XVIII sobre Noyon con el ojo puesto sobre Compiegne. Esta posibilidad era desaconsejada por el coronel Wetzell, jefe de operaciones de Ludendorff.

c) Continuar con Blücher cruzando el Marne en Chateau Tierry, propuesta sostenida por el Kronprinz y Wetzell.

d) Trasladar el empuje a Verdun, siguiendo la técnica de las ofensivas escalonadas, tesis también respalda por Wetzell. Disgustaba a Ludendorff y todos aquellos que recordaban el martirio en la "trituradora" de 1916.


En esta hora de emergencia, fue imperativo que acudieran refuerzos americanos, a pesar de la premisa mantenida hasta entonces de que operasen bajo mando americano y no dispersos dentro de los otros ejércitos Aliados. La 3º división de infantería (sin su artillería) del general Joseph Dickman después de bajar en la cabecera ferroviaria de Montmirail fue la primera en acudir. Su grupo avanzado, un batallón motorizado de ametralladoras se unió en la noche del 31 de mayo al 1 de junio a una división colonial francesa al sur de Chateau Tierry, ayudando a proteger los dos puentes principales sobre el Marne. El resto de la división fue incorporándose a lo largo de los dos días siguientes en la línea Chateau-Dormans. También apoyaron el contraataque sobre la cabeza de puente de Jaulgonne.

La 2º división del general Omar Bundy abandonó su acantonamiento al noroeste de París. Estaba preparada para acudir a Cantigny, pero ante la urgencia se incorporó al XXI cuerpo francés del general Degoutte en el Marne, sobre la carretera París-Reims. La participación de los norteamericanos fue acogida con alivio por los franceses; el comandante Clark informaba a Pershing el 6 de junio: “Están muy entusiasmados con las tropas americanas. En múltiples ocasiones se alcanza a oír sus expresiones de gratitud y elogio por la rápida llegada de los americanos”.