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11.8.14

SINGLADURA DESESPERADA DE LOS SUBMARINOS ALEMANES. INCURSIONES NAVALES EN TORNO A LA COSTA BELGA



 A pesar de su fracaso en cortar las líneas marítimas de los Aliados en la campaña de 1917, las tripulaciones de los submarinos del II Reich se mostraban decididas a seguir contribuyendo en la medida de sus posibilidades al esfuerzo bélico en 1918. El número de sumergibles disponibles a principios de año era de 132. Una leve disminución respecto a los 140 unidades existentes en otoño de 1917, debido a las bajas crecientes que superaban el ritmo de nuevas incorporaciones.

La cantidad de tonelaje cobrado en enero de 1918 decayó hasta las 295.000 toneladas con 160 hundimientos. La contrapartida fue la pérdida de la siguiente serie de submarinos: el U-95 de Athalwin Prinz en el canal de la Mancha , el UB-69 de Alfred Klatt cerca de Bizerta, el UB-66 de Fritz Wernicke en el Egeo, el UB-22 de Karl Wacker en un campo de minas cerca de Helgoland, el U-93 de Helmut Gerlach en el canal de la Mancha, el U-109 de Oscar Rey en el estrecho de Calais, el U-84 de Walter Röhr en el canal de San Jorge a manos de  un cazasubmarinos, el UB-35 de Karl Stöter destruido por las cargas de profundidad de un destructor en el estrecho de Calais, y el UB-63 de Rudolf Gebeschus desaparecido en área desconocida mientras  transitaba hacia Irlanda.


FOTO. HELMUT GERLACH, COMANDANTE DEL U-93, DESAPARECIDO EN ENERO DE 1918 CON TODA SU TRIPULACIÓN EN EL CANAL DE LA MANCHA.


En febrero y marzo hubo una ligera recuperación en la estadística de hundimientos, con 335.000 toneladas en 138 barcos, y 368.746 toneladas en 190 mercantes, respectivamente. Hubo algunos hundimientos espectaculares como el del transatlántico reconvertido en crucero auxiliar "Calgarian", de 18.500 toneladas en el canal del Norte a manos del vetusto U-19 del experto comandante Spiess, pero estos  triunfos eran cada vez más aislados. Y las pérdidas propias de los peces de acero se acumulaban. En febrero todavía fueron moderadas, con el UC-50 del capitán Rudi Seuffer, el UB-38 de Gunther Bachmann, el U-89 de Wilhelm Bauck. Pero en marzo la cifra subió a 5 bajas: el UB-58 de Werner Lowe, el UB-17 de Alfred Bransheid, el UB-54 de Erich Hetch, el U-110 de Karl Kroll y el U-61 de Viktor Dieckemann. El UC-48 de Helmuth Lorenz  fue seriamente averiado en la costa normanda por un destructor británico y un yate armado norteamericano ( muestra de la decisiva cooperación de EE.UU en la lucha antisubmarina ) y tuvo que buscar refugio en el puerto español de El Ferrol, donde fue internada su tripulación.

La flota de superficie alemana ya solamente podía  respaldar el esfuerzo del arma submarina. Sus posibilidades de entablar un enfrentamiento convencional estaban empeorando. En noviembre  de 1917 el nivel del compromiso naval norteamericano con Londres se hizo notar con la decisión aprobada por el secretario de marina Josephus  Daniels a petición de su  agregado en la capital británica, el  almirante Sims, de trasladar  la 9º división de acorazados de la Flota del Atlántico desde Virginia a Scapa Flow. La división estaba compuesta por los dreadnought Delaware, Florida, Wyoming y New York, mandada por el contralmirante Hugh Rodman. Aparte de fortalecer a la Grand Fleet,  dirigida ahora  por Beatty, esto permitió  a los ingleses jubilar varios de sus predreadnought y destinar a sus avezadas tripulaciones a los innumerables pequeños escoltas que seguían entrando en servicio.

Estos  crecientes refuerzos enemigos hacían todavía más arriesgadas las hipotéticas salidas de la Hochseeflotte, y aparte de la defensa pasiva del litoral propio, su única utilidad restante eran las misiones de apoyo. Una de las medidas emprendidas por los Aliados contra la amenaza submarina era el  cerrar en lo posible la salida de las bases alemanas con una enorme campaña de minado en el Mar del Norte, y con un aumento de  la efectividad de las patrulleros, minas y redes de  la denominada  "Dover Patrol", que custodiaba el paso de Calais, la ruta más directa al canal de la Mancha y el Atlántico.

Puesto que este barraje aumentaba considerablemente su eficacia de semana en semana, cortando virtualmente el estrecho de Calais al paso de  los submarinos y obligándolos a una larga ruta rodeando las islas Británicas para llegar a sus zonas asignadas, tomó cuerpo la idea de que buques alemanes descargaran un golpe contra dicha barrera. En la noche del 14 al 15 de febrero de 1918 una fuerza de 7 destructores modernos al mando del capitán de corbeta Heinecke y del capitán Kolbe partió hacia el banco de Sandettie y a las 1.00 cayó  por sorpresa sobre los barcos de vigilancia, hundiendo 7 "parejas"  y un "bou", y averiando a otros seis patrulleros. Los destructores británicos y franceses de las cercanías tardaron en reaccionar o lo hicieron confusamente, temiendo abrir "fuego amigo" sobre navíos propios. A pesar del éxito relativo de la incursión, la barrera siguió operando y cumpliendo su labor de bloquear el tránsito a los submarinos.

Una operación parecida, aunque dirigida contra los puertos de Dunkerque  y Nieuport, fue emprendida por 15 destructores y torpederos alemanes  adscritos a la flotilla de Flandes en la noche del 20 al 21 de marzo. Fueron descubiertos por destructores y monitores Aliados, y en una serie de confusos encuentros nocturnos fueron hundidos los torpederos germanos A19 y A7, y  un destructor inglés  dañado seriamente por "fuego amigo".

Tampoco los Aliados permanecieron ajenos a la estrategia de golpes de mano en el vital sector al suroeste del Mar del Norte.  El Contralmirante Roger Keyes, un personaje con buenas conexiones políticas y un estilo exhuberante estaba al frente de la Dover Patrol desde el 28 de diciembre de 1917. Fiel a su estilo espectacular diseñó un esquema para neutralizar los puertos belgas en manos alemanas. Pretendía hundir cinco cruceros anticuados cargados de cemento en los canales de acceso a Brujas del Mar ( Zeebrugge ) y Ostende, para  impedir la salida de los submarinos que los usaban como base. Aparte de los cruceros destinados al "sacrificio" ( "Iphigenia"," Intrepid", "Thetis", "Brilliant", "Sirius" )  fueron reunidas multitud de lanchas torpederas y antisubmarinas, además del apoyo del grueso de la Dover Patrol, con el propio Keyes embarcado en un destructor. La flota partió a las 18.00 horas del 22 de abril, posicionándose a 25  kilómetros de Brujas del Mar, el blanco principal a las 23.30 horas. A las 00.10 concluyó la maniobra de aproximación. El fuego empezó a las 00.20 horas del 23 de abril. El  veterano crucero "Vindictive", adaptado con pasarelas y armamento extra para la ocasión  se encargó  a las 1.00 horas de desembarcar un contingente de asalto formado por 600 voluntarios en el largo rompeolas curvo que resguardaba  el canal de acceso al puerto. En ese espigón estaban situadas una base de hidroaviones y baterías de costa con seis cañones de 100 y 150 mm. aparte de piezas menores. En los minutos siguientes estalló una formidable barahunda, enmarcada por los proyectiles iluminantes, los haces de los reflectores y por las nubes de las cortinas de humo. A las 1.26 horas el submarino británico C3 se empotró y explotó deliberadamente contra el viaducto metálico que unía el rompeolas a tierra firme, para impedir la llegada de refuerzos a la guarnición  del espigón, que ahora luchaban ferozmente contra los infantes de marina ingleses. Da una idea de la intensidad del choque que el capitán de navío Halahang, jefe del contingente desembarcado, muriese enseguida, al igual que el capitán Harrison, que le había sucedido al mando.

 Entretanto, a la 1.20 horas los cruceros navegaban  hacia la entrada para colocarse lateralmente y autohundirse en la mejor postura posible.  El "Thetis", enganchado en las redes antisubmarinas  y alcanzado por el fuego de las baterías alemanas del espigón, no pudo situarse y zozobró antes de llegar a su puesto. El "Intrepid" y el "Iphigenia" lograron entrar hasta el canal de acceso y atravesarse parcialmente antes de ser autohundidos, evacuándose a duras penas a los tripulantes mediante lanchas.  A las 2.00 horas el acribillado "Vindictive" recogió a los supervivientes de la batalla del muelle. El destructor " North Star" fue alcanzado y hundido en el proceso. La agrupación que paralelamente debía bloquear Ostende estuvo mucho menos fina, y hostigada por la artillería enemiga  se desvió de la apropiada ruta y acabó embarrancando sus dos cruceros a más de un kilómetro del objetivo. El 9 de mayo hubo otra intentona de bloquear Ostende con un operativo parecido a los anteriores,  en coordinación esta vez con un ataque aéreo de la recién fundada RAF. Volvió a fracasar, de nuevo por la intensidad del fuego adversario.

Pese a que los resultados fueron  mediocres, porque los submarinos germanos  al poco tiempo pudieron reanudar el paso a  Brujas del Mar ( con precauciones para esquivar los pecios ) lo cierto es que la operación fue saludada como una gesta atrevida y tuvo un elevado impacto moral en la opinión pública británica, azuzada por el sensacionalismo de los periódicos y la elocuencia de Keyes y sus ayudantes.

Las expediciones de los submarinos alemanes en la primavera de 1918 engrosaron sus  registros de caza con  unas magras 300.000 toneladas de 134 barcos en abril, y 296.000  toneladas de139 navíos en el mes de mayo. Era evidente que los procedimientos de escolta en los convoyes estaban  volviendose cada vez más eficaces. Asimismo los perfeccionados campos de minas aliados resultaban  letales. Las pérdidas de los U-boote en abril abarcaban al UB-33 de Friederich Gregor,  al UB-82 de Walter G. Becker, al UC-79 de Alfred Krameyer, al UB-55 de Ralph Wenninger, al U-104 de Kurt Bernis y al UB-85 de Gunther Krech. En mayo se produjo un dramático revés para el arma submarina del II Reich: fueron destruidos nada menos que 14 submarinos y otros 2  tuvieron que ser internados en España. La amplia lista comprendía el  UB-31 de Wilhelm Braun, el UC-78 de de Hans Kukat, el UB-70 de de Johannes Remy, el U-32 de Kurt Albrecht, el UB-78 de Arthur Stosberg, el UB-16 de Vicco von der Lühe, el U-154 de H. Gercke; el  caso del U-103 del as Klaus Rücker fue especialmente lamentable porque resultó destruido cuando intentaba torpedear al enorme "Olympic" ( 46.000 toneladas ), gemelo del famoso "Titanic", y que dedicado al transporte de tropas navegaba con una fuerte escolta de destructores norteamericanos. La lista la completaban el UB-72 de Friederich Trager, el UC-35 de Hans Korsch, el UB-52 de Otto Launburg, el UB-74 de Ernst Steindorff, el UB-119 de Walter Kolbe y el UC-75 de Walter Schmitz. Las dos unidades internadas en España fueron  el U-39 de Heinrich Metzger refugiado en Cartagena el 18 de mayo, después de ser dañado por hidroaviones franceses, y el UC-56 de Wilhelm Kiesewetter en Santander el 24 de mayo, por averías irreparables en sus motores.

22.12.13

OPERACIÓN ALBIÓN: CAPTURA DE LAS ISLAS BÁLTICAS

En la operación "Albión", tal como la bautizaron los comandantes germanos, se produjo el último gran enfrentamiento ruso-alemán por la posesión de las islas de Dagö ( Hiiumaa ), Ösel ( Saaremaa ) y Moon ( Muhu ).  Suponía la conclusión lógica a la toma de Riga cuatro semanas antes, puesto que el archipiélago cerraba el golfo del mismo nombre y daba proyección estratégica hacia el destacado puerto de Reval ( Tallinn) en la embocadura del golfo de Finlandia . Un convoy de asalto de 19 vapores zarpó desde Alemania a partir del 23 de septiembre y se reunió el 10 de octubre en  Libau. Debían transportabar a 25.000 soldados pertenecientes principalmente a la 42º división de Von Estorff , 54 cañones, 150 ametralladoras y 8.500 caballos. Estaba  escoltado por 10 acorazados modernos de la Hochsee Flotte adscritos a la III y IV escuadras, el crucero de batalla "Moltke", un portahidroaviones, docenas de destructores y dragaminas, y dos grupos de cruceros ligeros: el II del contralmirante Reuter y el VI del contralmirante Hopman.  El  11 de octubre todos ellos enfilaron en dos columnas al día siguiente hacia las ínsulas del golfo de Riga, en la mayor exhibición de fuerza naval vista hasta entonces en el Báltico.

 En la madrugada del día 12 de octubre los alemanes dirigidos por el vicealmirante Schmidt  desembarcaron en la bahía de Tagga ( isla de Ösel ) y comenzaron a silenciar las baterías de costa enemigas, al tiempo que las tropas en bicicleta de la 2º brigada se apoderaban de los aerodromos, estaciones de radio y reducían a la guarnición.  Entre las diversas misiones de la jornada, los acorazados "Kaiser", "Prinzregent Luitpold" y "Kaiserin" dispararon sobre las baterías de costa de cabo Hundsort. Por su parte el "Koning Albert" y el "Friederich der Grosse" se ocupaban de machacar las defensas de la penísula de Sworbe y el "Koning", el "Grosser Kurfust", que había chocado con una mina, y el "Markgraff" las de cabo Ninnast. El poderoso "Bayern" ( con piezas de 380 mm ) también  chocó con una mina en el estrecho de Soelo a las 5,07, pero pudo mantenerse en formación y contribuir con su fuego pesado tirando sobre Toffri. El "Grosser Kurfust" se retiró ese mismo día rumbo a Kiel para reparar.

 El día 14  de octubre el "Kaiser" hundió al destructor ruso "Grom" durante una escaramuza, mientras que entre ese día y el 16 de octubre el "Kaiserin", el "Koning Albert" y el "Friederich der Grosse" participaban en nuevos bombardeos de apoyo sobre Zerel, y el "Kaiser" sobre cabo Toffri

 MAPA. LAS ISLAS BÁLTICAS EN 1917

El 17 de octubre pudieron por fin penetrar dentro del golfo de Riga, y el "Koning" y el "Kronprinz"  al mando del vicealmirante Behncke libraron un combate contra una agrupación rusa en la que destacaban los viejos predreadnought  ( pero bien artillados ) “Slava” y "Graschdanin" ( antes de la revolución de marzo,“Cesarevich” ) del almirante Bakhirev, después de cruzar los estrechos de Moon.  Desde las 8.12 de la mañana se sucedió el intercambio de fuego, y Behnecke pudo acortar decisivamente  distancias gracias al trabajo de sus dragaminas, que a las 10.00 horas habían conseguido abrir un pasillo seguro entre los campos minados. Alcanzado por siete impactos directos, finalmente el “Slava” quedó embarrancado debido a sus averías y fue destruido por los propios rusos. El resto de la fuerza rusa se retiró sin más percances abandonando a su suerte Dagö y Moon que cayeron el 18 y 20 de octubre respectivamente. Allí fue hundido el sumergible británico C-32 con cargas de profundidad. 

La toma de la pequeña isla de Schildau ( Kesselaid ) en el estrecho de Moon completó la posesión del archipiélago, al tiempo que despertaba  profundo temor en la capital rusa a ser el siguiente objetivo de un desembarco enemigo en el golfo de Finlandia. De hecho el Markgraff continuó sus operaciones hasta el día 25, atacando la isla de Kynö. No obstante, los buques alemanes se reagruparon en la bahía de Tagga o a Arensburg y retornaron a sus bases entre el 29 de octubre y el 2 de noviembre, después de haber concluido la más exitosa operación anfibia de toda la guerra .

VIDEO: PREPARATIVOS Y DESEMBARCO EN LA ISLA DE OSEL  23 MINUTOS




FOTO. EL DESTROZADO ACORAZADO PREDREADNOUGHT "SLAVA", EMBARRANCADO DESPUÉS DEL COMBATE CONTRA LOS NAVÍOS ALEMANES

13.9.13

DECLIVE DE LA GUERRA SUBMARINA EN OTOÑO DE 1917



 En  julio de 1917  los Aliados normalizaron el prometedor sistema de convoyes desde Norteamérica, y en agosto extendieron el procedimiento al resto de rutas procedentes de Suramérica, Asia y África. Una limitación inicial de los convoyes fue que solo se aplicaban sobre los viajes de ida a Inglaterra. En el  viaje de regreso desde Inglaterra, navegaban aislados, sufriendo importantes pérdidas. Comprobado este hecho  en septiembre de 1917, y a medida que se dispuso de más escoltas y más práctica en la organización de convoyes, el sistema de protección se implantó para los dos sentidos del recorrido. El perfeccionamiento de las tácticas antisubmarinas y su generalización, especialmente a base de barrajes de minas más sensibles en el mar del Norte y del estrecho de Calais, y de la masiva distribución de cargas de profundidad, también jugaron su parte para superar la crisis de la navegación mercante aliada.


El almirante Michelsen, en parte para desbordar  la creciente resistencia, ordenó a los submarinos alemanes atajar nuevamente por el paso de Calais, a la vez que ampliaba las áreas de caza al mar de Barents y al Atlántico central en torno a las Azores, encrucijada de los convoyes, recurriendo a los “U-Kreuzern” que disponían de  mayor radio de acción. A finales del verano disponía de para seguir sosteniendo la campaña de 140 “Frontboote”.

El mes de septiembre se saldó con el hundimiento de 353.602 toneladas mercantes aliadas, englobando 158 navíos. Uno de los cruceros más fructíferos de los "tiburones de acero"  fue  iniciado el 3 de septiembre por el experimentado y exitoso capitán Waldemar Kophamel al mando del U-151, que se apuntó 30.000 toneladas en 13 blancos.   

Por otro lado, los contragolpes aliados y los accidentes se cobraron  11 submarinos.
El U-28 del capitán Georg Schmidt fue alcanzado por la explosión de una de sus presas, un transporte de munición,  cuando se acercó en superficie para rematarlo, cerca de Cabo Norte. El U-66 de Gerhard Mühle desapareció cerca de Dogger Bank, seguramente minado. El 5 de septiembre terminaron las andanzas del U-88 de Schwieger, as de los submarinistas y  verdugo del “Lusitania” dos años antes, también por causa de las minas en el Mar del Norte. Al UC-42 de Hans-Albrecht  Müller le tocó la negra suerte el 10 de septiembre  por accidente con una mina propia que trataba de colocar en los accesos a Queenstown, al sur de Irlanda.

Al día siguiente fue el turno del U-49 de Richard Hartmann, abordado y cañoneado por un mercante. El 12 de septiembre fue baja el U-45 de Erich Sittenfeld torpedeado por el submarino británico D7 al oeste de las Shetland. El UB-32 de Benno von Ditfurth fue destruido por las cargas de profundidad de un hidroavión británico en el mar del Norte. El 13 de septiembre desapareció sin dejar rastro el UC-21 de Werner von Zerboni di Sposetti después de haber minado la costa de la Bretaña francesa. El 16 de septiembre el UC-33 de Alfred Arnold fue partido por el cazasubmarinos  P61, siendo precisamente su comandante el único superviviente. El 27 de septiembre tras salir de Zeebrugge fue aniquilado el UC-6 de Gottfried Reichenbach junto al buque-faro de Kentish Knock, por varias minas británicas. El último infortunado del mes fue el U-55 de Horst Rühle von Lilienstern por un accidente de minado que le dejó a merced de 3 patrulleros enemigos.

En octubre, el tonelaje hundido ascendió algo, hasta las 466.542, pero lejos de las ansiadas cifras necesarias para quebrar el tráfico aliado. Además, los codiciados ( y fuertemente escoltados ) transportes de tropas americanos que comenzaban a recalar en Francia se mostraron esquivos pese a los denodados esfuerzos de los submarinistas. De hecho, el 23 de octubre se organizó la primera gran unidad americana en suelo francés, la 4º brigada de marines.

La lista de bajas submarinas fue dolorosa pero más reducida que los meses precedentes. Empezó con el UC-14 de Adolf Feddersen, que chocó el día 3 de octubre con una mina ofensiva británica cuando retornaba a Zeebrugge. El UC-16 de Georg Reimarus  desapareció ese mismo día sin rastro, salvo el cadáver de uno de sus tripulantes arrastrado por la marea a la costa holandesa semanas después. El UB-41 de Max Ploen sucumbió el día 5 a una mina frente a Scarborough. Igual destino debió correr en el mar del Norte el U-106 de Hans Hufnagel cuando regresaba a su base .
Alrededor del 14 de octubre cesaron las noticias sobre el UC-62 de Max Schmitz, salido de Zeebrugge el 11 para minar la costa inglesa, seguramente víctima de un artefacto propio o enemigo. 

Los submarinos no eran el único esfuerzo alemán contra el tráfico enemigo. Conocedores de que los ingleses organizaban convoyes procedentes de Noruega, el almirante Von Scheer destacó a los nuevos y rápidos ( 28 nudos ) cruceros ligeros "Bremse" y "Brummer" para efectuar una incursión sobre los mismos. El día 17 de octubre sorprendieron a 125 kilómetros de las Shetland a una agrupación de doce  mercantes protegidos por dos destructores y dos patrulleras. Todos fueron aniquilados por los cruceros alemanes, excepto dos mercantes y las patrulleras. El "Bremse" y el "Brummer" regresaron  indemnes a su base después de atravesar sin contratiempos el Mar del Norte.

La tarea del dragado de minas en aquellas aguas trazando y limpiando constantemente canales seguros se convirtió en la dedicación principal de la flota imperial alemana. A su vez, los británicos trataron de entorpecer estos trabajos que  impedían su objetivo de embotellar a los submarinos en sus bases. 

Los hostigamientos culminaron el 17 de noviembre cuando los británicos montaron una ambiciosa incursión para dañar las flotillas de dragaminas alemanes. Estaba liderada por los cruceros de batalla "Repulse" y "Renown", acompañados por  los cruceros de batalla rápidos ( 31 nudos ) "Glorious" y "Courageus", 8 cruceros ligeros y dos flotillas de destructores . La mañana de ese día atacaron aproximadamente a la altura de la mitad de la línea Horns Reef-Terschelling a 20 dragaminas alemanes, capturando a uno de ellos y desbandando al resto, aunque los 4 cruceros ligeros del Segundo Grupo de Exploración del almirante Von Reuter que les daban escolta los ocultaron mediante cortinas de humo mientras se replegaban a toda máquina. Después de una trepidante persecución de 20 kilómetros, la oportuna intervención de los acorazados "Kaiser" y "Kaiserin"  ( que ejercían la  protección lejana ) con su artillería de 305 mm equilibró el duelo. Poco después, al acudir a la zona los cruceros de batalla "Hindenburg" y "Moltke"  el contralmirante Phillimore, que mandaba  la agrupación británica, consideró más prudente dar media vuelta.

FOTO. EL CRUCERO LIGERO "BRUMMER", VELOZ Y EXITOSO INCURSOR.


Sin embargo, para los dirigentes alemanes el mes de noviembre constituyó la  amarga confirmación de que sus optimistas planes para estrangular el abastecimiento de sus adversarios habían fracasado en su principal cometido. La cifra de naufragios cobrada fue de 126 barcos con un registro de solo 302.599 toneladas, el más bajo de todo 1917, y muy alejado de la cantidad necesaria para doblegar a los Aliados. Ciertamente, éstos habían tenido que invertir recursos ingentes en personal, trabajo en astilleros y gastos financieros para frenar la sangría en los mares, y el extraordinario esfuerzo y eficacia de las tripulaciones alemanes rentabilizando sus U-boote estaba fuera de toda duda, pero la realidad es que a pesar de ello el tránsito naval aliado cubría sobradamente los mínimos indispensables para que el esfuerzo de guerra de Gran Bretaña y sus socios pudiera mantenerse e incluso seguir aumentando.



En cuanto a las pérdidas de sumergibles en noviembre, estás se inauguraron con el UC-63 de Karsten von Heydebreck torpedeado el 1 de noviembre por el submarino británico E52 en el canal de la Mancha. El 3 de noviembre sonó la hora final para el UC-65 de Klaus Lafrenz en iguales circunstancias, esta vez a manos del británico C15. El 17 de noviembre el U-58 de Gustav Amberger fue hundido cerca de Queenstown por destructores norteamericanos mientras trataba de atacar  un convoy. La jornada de castigo no se cerró ahí, y ese mismo día el UC-51 de Hans Galter fue víctima de un mina en el canal de la Mancha. Al día siguiente llegó el turno del UC-47 de Gunter Wigankow, abordado y machacado con cargas de profundidad por el cazasubmarinos inglés P57 cerca de Flamborough Head, y también el final del UC-57 de Friederich Wissmann  en el Báltico por la detonación de una mina rusa mientras regresaba de suministrar armas a los finlandeses. El 21 de noviembre se perdió el U-48 intentando atravesar las barreras del paso de Calais, donde quedó atrapado y fue liquidado por 7 patrulleras y un destructor. Finalmente, el UB-61 de Theodor Schultz chocó con una mina ofensiva británica en los canales dragados y supuestamente seguros del golfo Alemán, cerca de Heligoland cuando retornaba tras cumplir una misión.

En diciembre hubo un cierto repunte de las cifras de hundimientos, hasta las 414.766 toneladas en 160 navíos, pero lejos de las marcas de la primavera, lo que confirmaba la decadencia irreversible de la campaña submarina. Aunque los submarinistas germanos seguirían representando hasta el final de la guerra una grave amenaza, la posibilidad de que ellos solos pudieran derrotar  a los Aliados se había desvanecido definitivamente.


FOTO. REINHOLD SALTZWEDEL, UNO DE LOS MÁS BRILLANTES VETERANOS DEL ARMA SUBMARINA ( CON UNA MARCA DE 172.768 TONELADAS ), ALCANZADO POR EL DESTINO EN DICIEMBRE DE 1917


Por su parte, el tributo mensual que pagó a cambio la armada alemana  fue la pérdida el 2 de diciembre del UB-81 comandado por el veterano Reinhold Saltzwedel, al chocar con una mina a 20 kilómetros de la isla de Wight y ser rematado por el patrullero inglés P32; el UC-69 de Hugo Thielmann por abordaje accidental del U-96 en el canal de la Mancha el 6 de diciembre; el UB-18 de Georg Niemeyer embestido el 9 de diciembre por un "bou" en el canal de la Mancha, arrastrando consigo a toda su tripulación; el UB-75 de Franz Walther desaparecido a partir del 9 de diciembre cerca de Flamborough Head seguramente minado; el U-75 de Schmolling  liquidado el 13 de diciembre por una mina cuando salía de un canal dragado en el Mar del Norte, pudiendo rescatarse a la mayoría de su tripulación; el UC-38 de Hans Hermann Wendtland al día siguiente por destructores franceses en el Mediterraneo; el UB-56 de Hans Valentiner,  que finalmente perdió la partida el 19 de diciembre por una mina en el barraje del paso de Calais; y el último del mes precisamente en la jornada de Navidad, el UB-87 de Rudolf Von Spethz-Schulzburg, hundido con toda su gente por los escoltas de un convoy en el Mar de Irlanda.




25.3.13

APOGEO DE LA GUERRA SUBMARINA EN LA PRIMAVERA Y VERANO DE 1917

Durante el mes de marzo de 1917, fueron enviados al fondo del mar 267 mercantes aliados y neutrales con 564.000 toneladas de registro. Los choques entre los submarinos y los buques de escolta se incrementaron paralelamente. Fueron destruidos el UC-43 de Erwin Sebelin por las cargas de profundidad de un destructor, el U-85 de Wilhelm Petz a manos de un buque trampa, el UB-6 de Oskar Stekelberg varado en la costa holandesa, y el UC-68 de Hans Degetau por accidente con sus propias minas.

De todos modos, uno de cada cuatro navíos que salían o se dirigían a Gran Bretaña era destruido.

Una posibilidad cada vez más mencionada era la implantación del sistema de convoyes para tratar de parar esta hemorragia. En julio de 1916 se había introducido el sistema de convoyes hacía Hoek van Holland para asegurar  las importaciones de carne holandesa con resultados positivos ( solo se habían perdido 3 buques ), y el 10 de febrero de 1917 a petición de los franceses, se formaron convoyes de barcos carboneros. Pero estos eran todavía casos excepcionales y existían dudas sobre la efectividad del sistema en convoyes oceánicos en tránsito prolongado.  El 23 de febrero de 1917 el almirante Jellicoe y su estado mayor se habían mostrado escépticos con el sistema de convoyes después de una conferencia con una decena de capitanes de la navegación mercante, los cuales pintaron múltiples dificultades para hacer navegar continuamente a los cargueros en filas con intervalos de 500 metros de distancia día y noche. Pero la necesidad de dar protección inmediata al tráfico naval era imperiosa. 

Ante la gravedad de los acontecimientos el 4 de abril  tuvo lugar una reunión en Longhope con la participación de los almirantes Beatty y Frederick Brock, jefe del distrito naval de las Shetland y Orcadas, en la que aprobó, a pesar de las dudas, el sistema de convoyes de doce buques entre Lerwick ( islas Shetland ) y la costa oriental de Escocia y Noruega. El 24 el Almirantazgo dio su visto bueno y a partir del día 29 de abril se empezó a circular con ese dispositivo en la zona. En otros escenarios proseguía implacable la caza: nada menos que 372 barcos fueron hundidos con 860.000 toneladas en el mes de abril, a cambio de la pérdida de solo dos sumergibles germanos.


En el mes de mayo las pérdidas alzanzaron 616.000 toneladas con 282 víctimas, un leve retroceso respecto a la marca de abril pero una cifra igualmente espectacular. En contrapartida fueron destruidos el U-81 de Raimund Weisbach a manos de un sumergible británico; el UC-26 de Von Schmettow destrozado al abordaje por un destructor; el UC-76 de Wilhelm Barten por accidente con minas propias en Heligoland, caso que se repitió con el U-59 de Von Firks, el UB-39 de Heinrich Küstner por una mina inglesa en el Canal de la Mancha; el UC-36 de Gustav Buch en circunstancias no aclaradas también en el Canal de la Mancha; el UB-36 de Keyserlinck ante la embestida de un carguero en la costa de Bretaña; y el UC-24 de Curt Willich en el Adriático. La lucha se endurecía a medida que cada vez más mercantes eran artillados: en 1916 eran 1.420 los vapores ingleses artillados con piezas entre los 57-152 mm, y en 1917 ascendieron a 2.987. Los buques de escolta usaban  crecientemente cargas de profundidad. Por otro lado, finalmente el Almirantazgo británico se decidió a autorizar la formación de convoyes oceánicos, el primero de los cuales zarpó el 10 de mayo de Gibraltar compuesto por 17 unidades, recalando en Gran Bretaña sin pérdidas. La experiencia de otro convoy salido desde Virginia el 24 de mayo fue igualmente satisfactoria, atravesando el Atlántico y  llegando a puerto el 10 de junio, con solo la pérdida de un buque que había quedado rezagado del grueso.

Además se hicieron notar las primeras contribuciones de escolta de los EE.UU cuando el 4 de mayo llegó a Irlanda la 8ª escuadrilla de la US Navy con 6 destructores, se activó el 29 de mayo la Transport Force compuesta por 24 cruceros y 45 transportes destinada a transportar la American Expedicionary Force ( AEF ) y el 9 de junio entró en acción la US Patrol Squadron encargada de dar protección en aguas francesas, al principio con los efectivos modestos de 6 yates armados cedidos a fondo perdido por particulares pero que aumentaría rápidamente su potencia  a lo largo del verano con docenas de destructores y yates.



DOS DE LAS BAJAS ALEMANAS EN LA CAMPAÑA DE LA PRIMAVERA DE 1917: LOS TENIENTES DE NAVÍO W. PETZ  ( U-85 ), Y H. PUSTKUCHEN ( UC-66 )

La introducción del sistema de convoyes llevaba su tiempo, y en junio los éxitos de los submarinos se alzaron hasta las 696.000 toneladas, en parte por el incremento de los submarinos  presentes simultáneamente  en  las zonas de patrulla, que ahora ascendía a 55 unidades. Por su parte los alemanes encajaron las pérdidas del UC-29 de Ernst Rosenow a manos de un buque-trampa,  y el UC-66 de Herbert Pustkuchen por un bou utilizando cargas de profundidad. Pero en julio las cifras se redujeron a 555.000 toneladas en 224 barcos. La aparición de los convoyes obligó a un cambio en los métodos de adiestramiento. Otro desafío lo representaba la actividad creciente de los aeroplanos aliados impulsada por el capitán Jean de Laborde como representante de la Aviación Marítima Francesa. El 29 de julio, por ejemplo, el submarino UC-16 de Georg Reimarus fue averiado por dos aviones ingleses equipados con cargas de profundidad que lo detectaron en inmersión cuando navegaba a poca profundidad, teniendo que abortar su misión y regresar a Zeebrugge.

Ese mes la contrapartida fueron el U-99, Max Elstester frente a la costa noruega a manos de un submarino británico, el UC-1 de Cristhian Mildenstein  cobrado por una mina enemiga frente a Nieuport, el UC-61 de Georg Gerth varado en la costa francesa del estrecho de Dover, el UB-20 de Hermann Glimpf desaparecido despues de salir de Zeebrugge, el UB-21 de Heinz Von Stein zu Lausnitz abordado y atacado con cargas por un cañonero, y el U-69 de Wilhelms desparecido al suroeste de Irlanda.

El plazo dado por el almirante Holtzendorff para colapasar  Gran Bretaña se acercaba a su fin. A pesar de los evidentes transtornos que se estaba causando al aprovisionamiento aliado, este seguía funcionando. En el Reichstag, el lider socialista Erzberger proclamó que la campaña submarina había fallado y que había que buscar una solución pactada. Minado por esta aparatosa  ruptura de la Burgerfriede, el canciller Bethmann-Hollweg dimitió el 13 de julio, sustituido por el anciano Georg Michaelis, bien visto por el Alto Estado Mayor, pero con escasos asideros políticos en Berlín.

Con todo, las tripulaciones de los submarinos germanos siguieron arriesgándose bravamente y obteniendo triunfos importantes, a pesar de lo cual el tonelaje cobrado disminuyó en agosto de 1917 hasta las 472.000 toneladas representadas por 186 blancos. Los sumergibles pagaron su acostumbrado tributo de sangre: el UC-44 de Kurt Tebbenjohanns frente a Waterford, el U-44 de Paul Wagenfürh  abordado por el destructor Oracle cuando navegaba en precario cerca de Noruega tras un combate con un buque-trampa; el UC-72 de Ernst Voight, destruido precisamente por otro buque-trampa, el  Acton; el UC-41 de Hans Förste por cargas de profundidad de tres bous en Escocia; y el U-50 de Berger seguramente fulminado  por una mina inglesa en las aguas de Heligoland.

A finales de agosto de 1917 las últimas esperanzas de poder resolver el conflicto meramente con la  actividad de los submarinos se derrumbaron. Únicamente en abril se habían superado las 700.000 toneladas mensuales precisas para cumplir los objetivos. Se había minusvalorado la capacidad de respuesta de los Aliados, la cantidad de submarinos precisos para la misión y la entereza de los marinos mercantes de los países neutrales que pasados los primeros instantes de confusión y temor  siguieron haciéndose a la mar y manteniendo el tránsito de suministros imprescindibles para los miembros de la Entente.




1.2.13

LA GUERRA SUBMARINA SIN RESTRICCIONES



Después de constatar el callejón sin salida de la flota de superficie tras la batalla de Jutlandia, el jefe del almirantazgo Henning Von Hottzendorff respaldó la difusión del “memorandum Kalkmann”, a partir de  la conferencia del 31 de agosto de 1916 en Pless, al tiempo que anunciaba nuevas construcciones de submarinos. En resumen, ese informe subrayaba  la necesidad de una resolución del conflicto antes del otoño de 1917, estimaba en 10.750.000  de toneladas de cargueros ocupados en transportar alimentos a Gran Bretaña y consideraba un plazo de cinco meses para que los submarinos alemanes destruyesen el 61% de ese tonelaje, muy especialmente el procedente de Holanda y Escandinavia,  y obligar por tanto a Londres a capitular. Despreciaba el peligro de una intervención por este motivo de los EE.UU, porque solo podría aportar 1.700.000 toneladas de mercantes,  y por  ello hasta tendría dificultades para mover sus tropas a Europa.

 El memorándum  fue estudiado cuidadosamente  por Ludendorff en septiembre de 1916. Holtzendorff garantizaba el éxito en seis meses a los nuevos dirigentes del aparato militar. El canciller Bethmann se mostraba muy indeciso, consciente de las graves implicaciones en política exterior, pero solicitaba el visto bueno del Alto Mando. Ezberger, líder  del partido Zentrum, también defendió  en el Reichstag la subordinación del canciller a los proyectos del Alto Mando. 

Un ambiente propicio a la propuesta, porque Ludendorff la consideraba un método rápido y barato para lograr la victoria en 1917. Pero reconocía la penosa impresión que causaría en los neutrales, la necesidad por tanto de reforzar las defensas ante Dinamarca y Holanda, y el riesgo real de que EE.UU interviniese junto a los Aliados. En cambio de modo alentador, otras autoridades como el ministro de Exteriores Zimmerman y el embajador  en Washington  notificaron que la población norteamericana parecía poco entusiasta ante la perspectiva de involucrarse en una lucha. Se consideró que el total de las tropas de infantería norteamericanas activas era de solo 108.399 efectivos más los 132.194 de la Guardia Nacional, y aunque se iniciase un reclutamiento a gran escala, su entrenamiento llevaría al menos un año. En definitiva, incluso en caso de intervención, los EE.UU no eran una amenaza inmediata en los frentes europeos. Sin embargo, se puso poco énfasis en la potencia de la flota de guerra norteamericana, la tercera del mundo…

El 22 de noviembre el almirante Von Scheer se entrevistó con Hindenburg y ganó definitivamente su respaldo  al plan.  Las cifras de hudimientos logrados por los unterseebootes en 1916 avalaban las  expectativas: 2.327.000 toneladas de cargueros aliados o neutrales en comercio con ellos, a cambio de 22 sumergibles perdidos. En diciembre se le otorgó luz verde al Admiralstab, la oficina naval, para movilizar las fuerzas de submarinos existentes.

El discurso de Lloyd George dando por finiquitada la propuesta de paz del canciller lanzada en diciembre espoleó a Ludendorff: “ la guerra submarina sería emprendida ahora con mayor vigor. Todavía Bethmann deseaba aguardar a recibir respuesta  a su propuesta en Estados Unidos. Mientras, los consejeros navales de Guillermo II, Müller y Capelle se unían a la corriente ( el informe de Capelle ratificaba que en seis meses la flota inglesa estaría reducida al 50%, y consideraba que el mismo éxito de la ofensiva desalentaría cualquier acción hostil de los países neutrales )

El asunto de la guerra submarina sin restricciones fue finalmente resuelto en la conferencia imperial del 9 de enero de 1917 en Pless. Bethmann dio su brazo a torcer ante la unanimidad a favor de la misma de Hindenburg, , Holtzendorff , Müller y Ludendorff. Este último añadió que así además de desbaratarían los suministros a la esperada ofensiva Aliada de primavera. El canciller dijo: “ si las autoridades militares consideran que la guerra submarina es esencial, no estoy en posición de contradecirles ”.  Ya sin voces discordantes , el Káiser expreso su aquiescencia a la crucial decisión.  El 1 de febrero fue la fecha señalada para el inicio de la campaña, advirtiendo a los neutrales el día anterior 31 de enero.
A partir de estos acontecimientos arreciaron las quejas sobre la irresolución del canciller; se dibujaba el declive definitivo de la influencia de los políticos civiles en el gobierno alemán en lo que restaba del conflicto.

 
Las unidades inmediatamente disponibles a 1 de febrero eran 105 submarinos, distribuidos del siguiente modo:

46 pertenecientes a la Hoschseeflotte ( Emden, Brünsbuttel, Wilhelmshaven, Bremerhaven ) bajo la dirección de Bauer, 23 pertenecientes a la flotilla de Flandes ( Brujas,  Ostende),  bajo la dirección de Bartenbach, 23 pertenecientes a la flotilla del Adriatico + 3 basados en Constantinopla ( Pola, Cattaro ) bajo la dirección de Kophamel, y 10 pertenecientes a la flotilla de Curlandia ( Libau ) bajo la dirección de Schött

8.5.11

ACTUACIONES DE LOS SUBMARINOS ALEMANES EN 1916

La campaña submarina alemana se había apuntado una serie de éxitos a finales de 1915, a pesar de los condicionantes impuestos por Berlin tras el caso "Lusitania". Fueron hundidas un total 1.300.000 toneladas de cargueros aliados o neutrales en comercio con ellos. Esta impresionante cifra, con todo, podía ser asumida en vista de las construcciones navales británicas, 650.000 toneladas en el mismo periodo. Casi más dañinos eran los efectos indirectos de la amenaza submarina al repercutir gravemente sobre el coste de los fletes ( hasta diez veces superiores a los precios de 1914 ) y los sobrecostos derivados en combustible y tiempo al tener que navegar en zig zag o alargar las rutas marítimas más importantes para evitar el acecho de los sumergibles enemigos. En el mes de enero de 1916 el almirante Holtzendorff volvió a poner sobre el tapete la necesidad de anular las restricciones que pesaban sobre la actuación de los submarinos. Estimaba que con este procedimiento se podrían hundir en el Atlántico Norte y el Mediterráneo 631.000 toneladas al mes de cargueros aliados. Sosteniendo ese esfuerzo durante medio año se podría yugular el abastecimiento básico de Gran Bretaña. Se disponía de 46 unterseeboote y los astilleros proveerían de 100 unidades adicionales a lo largo del año. El informe se trató en el Cuartel General de Pless el 4 de marzo y fue recibido favorablemente, pero un nuevo desencuentro con EE.UU a resultas del torpedeamiento del paquebote "Sussex" de 1.117 toneladas que navegaba por el canal de la Mancha y el fallecimiento de pasajeros norteamericanos ( y del compositor español Enrique Granados y su esposa ) cambió la primera apreciación. El amago de una ruptura diplomática en la nota del presidente Wilson del 20 de abril, exigiendo que los submarinos procedieran según al método de detención, registro y evacuación de los cargueros surtió efecto. Los almirantes alemanes consideraban este método impracticable y arriesgado, y por tanto inasumible para sus tripulaciones, pero el gobierno alemán no estaba dispuesto (todavía ) a afrontar una posible implicación de EE.UU en la guerra si se aceptaba la campaña sin restricciones que prometía el éxito en el mar. El 24 de abril canceló sus planes. De este modo solo se mantuvieron en activo contra el tráfico la menguada flotilla de Flandes, la destacada en el Mediterráneo y la que operaba contra la navegación hacia los puertos rusos en las aguas del Ártico. En cierto manera, se repetía el escenario de 1915 que tanto frustró a Tirpitz y lo condujo a la renuncia en aquel entonces, con el agravante de que en 1916 si se disponía de un número de submarinos oceánicos capaz de mantener la presión en el nivel necesario. Durante los tres primeros trimestres del año el tonelaje hundido tuvo un promedio de 140.000 toneladas al mes, y en el último trimestre se disparó a las 320.000 toneladas mensuales. TABLA. TONELAJE ALIADO HUNDIDO POR LOS SUBMARINOS ALEMANES EN 1916 Es decir, una espectacular cifra de 2.200.000 toneladas hundidas en el cómputo anual. La moderada contrapartida fue la pérdida de 22 submarinos alemanes. La ausencia de medidas antisubmarinas específicas y eficaces aparte de los rudos método de la embestida contra el casco o del disparo a cañón, ( otras medidas como las cargas de profundidad o las minas sensibles del tipo H II aún estaban en fase de estudio y fabricación) explican la magnitud de los daños que obviamente habrían experimentado un alza si se hubiera autorizado una campaña sin restricciones. Pero el ya mencionado temor a una intervención norteamericana frenaba esta prometedora estrategia de la Potencias Centrales. En el escenario mediterráneo, no obstante, la fuerza submarina se mostró muy activa. A principios de 1916 la Deutsche U-flotille del capitán Waldemar Kophamel basada en la costa austro-húngara estaba compuesta por cinco eficaces unidades, los U-21, U-33, U-35, U-38 y U-39. A mediados de 1916 fueron reforzados con seis unidades del tipo UB II. Estas fueron desmontadas en piezas, transportadas por ferrocarril al puerto de Pola y ensambladas allí. Por el mismo procedimiento se incorporaron tres unidades del tipo UC II. Los UB-4,UB-42, UB-45 y UC-23 partirían más tarde hacia Estambul. Aparte, otro grupo de sumergibles germanos utilizando la ruta de los estrechos de Gibraltar y Otranto y esquivando a las patrullas de vigilancia aliada se unieron a la flotilla de Kophamel. Fueron el U-32, U-63, U-64, U-65, U-72 y el U-73. Los periplos más fructíferos se lo apuntó el que es sin discusión el as de ases de los submarinistas alemanes de ambas guerras mundiales, Lothar von Arnauld de la Pereire al mando del U-35 que consiguió hundir 57.148 toneladas en su salida del 9 de junio al 3 de julio ( y permitiéndose de paso una breve visita diplomática el 21-22 de junio a Cartagena donde entregó una carta de Guillermo II dirigida a Alfonso XIII expresándole su satisfacción por el trato a los alemanes huidos de Camerún e internados en España ). En su siguiente salida de Cattaro entre el 14 de septiembre y el 9 de octubre batió su propia marca con un registro de 66.747 toneladas. FOTO. EL JOVEN COMANDANTE ( 28 AÑOS ) DEL UB-47, WOLFGANG STEINBAUER A la cacería en el Mare Nostrum se sumó un recién llegado, el UB-47 de Wolfgang Steinbauer, que entre agosto y octubre de 1916 despachó al fondo del Mediterráneo central y del Egeo 24.426 toneladas de mercantes aliados. Lograría una espléndida propina cuando el 27 de diciembre sorprendió al acorazado francés predreadnought "Galois", de 14.500 toneladas y lo despachó a las profundidades, salvándose la mayor parte de la dotación.

17.8.09

DIRIMIENDO LA SUPREMACÍA EN EL MAR : JUTLANDIA ( II PARTE)

IMAGEN. GRABADO ENSALZANDO EL HEROISMO DE LOS MARINEROS DEL CRUCERO ALEMÁN "WIESBADEN" EN JUTLANDIA
Durante la grandiosa maniobra de despliegue de la Gran Flota no cesaron los enfrentamientos entre las diversas agrupaciones intermedias dispuestas entre los gruesos de ambas escuadras. En torno al inmovilizado crucero ligero Wiesbaden se movían, por un lado, los airosos cruceros de batalla de Von Hipper, que concluían la persecución sobre Beatty, y por la otra banda lo cruceros-acorazados de la 1ª escuadra del contralmirante R. Arbuthnot, compuesta por el Defence, Duke of Edinburgh, el Warrior y el Black Prince. Arbuthnot ordenó un brusco quiebro hacía el sur para aproximarse y rematar a bocajarro al Wiesbaden, que se estaba transformando ante la acumulación de disparos en un derrelicto humeante. Pero los hombres de Von Hipper, que en ese instante, 18.15, habían derivado hacia el noreste descubrieron a su dañado navío y a los expuestos buques de Arbuthnot, sobre los que inmediatamente abrieron fuego. El Lutzow pulverizó con dos salvas al Defence, de 14.800 toneladas. Siguiendo nuevamente la declaración de Von Hase: “ sucedió algo terrorífico. Con una tremenda explosión, el buque inglés se partió en dos; una llamarada inmensa lo envolvió por completo, y se hundió ante nuestros ojos”. El Defence era el buque insignia de Arbuthnot, que sucumbió junto con toda la tripulación, 893 hombres. El resto de su 1ª escuadra tampoco escapó al correctivo: el “Warrior” sufrió 21 impactos que afectaron a su sala de máquinas; sobrevivió algunas horas, antes de acabar hundiéndose a la mañana siguiente. El Black Prince siguió al “Duke of Edimburgh” en la maniobra para alejarse, pero acabó separándose de la escuadra británica, por causas nunca esclarecidas ( ¿ impacto de un torpedo, averías de los sistemas principales? ). Aislado, esa madrugada tendría un trágico encuentro con dos acorazados alemanes…

Mientras, desde las 18.20, los acorazados británicos castigaban la punta de la escuadra germana. En particular, salieron tocados el “Konig” , el “Markgraf”, el “Derfflinger” y el “Lutzow”. Este último recibió 4 proyectiles en la proa que arrancaron de cuajo una de las torres de artillería y generaron un tremendo incendio y una imponente inundación que hocicó el navío. El ya condenado “Wiesbaden” fue otro de los damnificados, aunque increíblemente se mantuvo todavía a flote.

Lo cierto es que los marineros de Albión habían conseguido desplegarse en una posición que amenazaba con cortar perpendicularmente el rumbo de la escuadra alemana, y teniendo en cuenta su mayor número, terminar envolviéndola. Ante ese gravísimo peligro, Scheer consideró virar en redondo. Fue precisamente antes de ejecutar esa maniobra evasiva cuando los británicos experimentaron un nuevo desastre: en medio del duelo artillero , el crucero de batalla Invencible de 17.250 toneladas y victorioso veterano de las Malvinas en 1914, fue blanco a las 18.31 de un cañonazo procedente del Derfflinger que hizo explotar los pañoles de municiones de su parte central, provocando sucesivas voladuras a las que solo sobrevivieron 6 náufragos. El Invencible se llevó consigo a 1.026 hombres, incluido el contralmirante Hood.

A pesar de anotarse este tanto, la situación de Scheer continuaba siendo muy precaria, sin poder vislumbrar a sus propios cruceros batallas y con mala visibilidad por el este-noreste, precisamente donde se acababa de extender al completo la Gran Flota. De ahí se entiende la orden emitida a las 18.35 de invertir el rumbo 180º sobre estribor, enfilando así hacia el suroeste y alejándose de la tenaza enemiga, mientras los destructores tendían cortinas de humo ocultando la maniobra. El giro, perfectamente ejecutado desconcertó a los ingleses, que no lo incluían en sus programas de táctica por considerarlo demasiado arriesgado y proclive a las colisiones. Los cruceros de exploración ingleses, escarmentados ante puntería alemana, procuraron mantener las distancias, con lo que no pudieron informar inmediatamente de los movimientos enemigos.

Todo ello condujo a un breve receso, con la interrupción total del fuego a las 18.50. La oportuna pausa fue aprovechada por Von Hipper trasladarse a otro de sus barcos, abandonando el arrasado Lutzow, que intentó por su parte renquear a puerto, escoltado por cuatro destructores. Ahora, la división de Von Hipper quedaba en la expuesta retaguardia cerrando la formación en retirada.

La respuesta de Jellicoe a la jugada de su antagonista fue tal vez demasiado cautelosa; en lugar de perseguirlo decididamente, se limitó a gobernar hacía el sur, permitiendo a los alemanes cierto respiro, que paradójicamente sería roto por el propio Scheer cuando a las 18.55 volvió a cambiar de rumbo, de nuevo contra los estupefactos y encantados británicos, que veían como la escuadra enemiga aceptaba nuevamente el desigual envite.
FOTO. EL ALMIRANTE JOHN JELLICOE, EN EL ACORAZADO INSIGNIA "IRON DUKE".
Esta decisión de Scheer de aceptar un nuevo mano a mano ha sido siempre muy polémica, tanto en sus justificaciones como en sus consecuencias. El propio almirante alegó con posterioridad que trataba de recuperar la iniciativa para no terminar acorralado y en mala posición para conseguir la ruptura de contacto aprovechando la oscuridad de la noche, aparte de tratar de rescatar a los tripulantes del indomable Wiesbaden. Algunos autores opinan que en realidad pretendía hacerle una pasada ( causando los correspondientes estragos ) por la popa a la Gran Flota, a la que habría situado con poca exactitud, y calculado una composición numérica errónea por defecto, y por tanto una longitud de formación más corta. Lo cierto es que corrió a estrellarse contra el mismísimo centro de la línea enemiga, repitiendo el escenario del que se había zafado media hora antes.

En pocos minutos la Hochseeflotte se vió envuelta en un verdadero alud de andanadas, con todo el arco del horizonte silueteado de fogonazos envolviendo mortalmente a la vanguardia germana. A las 19.12 Scheer tuvo que dar su brazo a torcer y ordenar su tercer giro a estribor de la jornada, pero apurado por la comprometida situación, radió a los cruceros de batalla de Von Hipper que insistieran y continuaran su marcha de colisión, en una especie de carga de la “caballería ligera acuática”. Esto equivalía casi a una inducción al suicidio, pero Hipper ( temporalmente a bordo de un destructor ) y sus capitanes de navío acataron la orden y llegaron a acercarse a menos de 7.000 metros de de los navíos ingleses. De nuevo los cruceros de batalla recibieron una implacable rociada de proyectiles. Estos también azotaron a los acorazados alemanes inmersos en plena maniobra de giro, especialmente el Konig que encajó hasta 21 impactos de elevado calibre; otros como el Grosser Kurfust y el Friederich der Grosse recibieron asimismo un duro correctivo.

A las 19.18 llegó la salvación, cuando se autorizó a los devastados cruceros de batalla actuar contra “la vanguardia enemiga”, lo que en la práctica les daba libertad para caer hacia el suroeste y eludir así el lazo mortal de la Gran Flota. El precio había sido importante: 21 impactos directos en el “Seydlitz” con 150 bajas, 17 en el “Derfflinger” con 190 bajas y cuatro impactos en el “Moltke”, mejor librado. Aparte de esta tardía pero oportunísima contraorden , posiblemente lo que salvó a los dos primeros cruceros citados fue la deficiencia de los proyectiles británicos de gran calibre ( comprobada después de la batalla a instancias del contralmirante Beatty ), que por un defecto de fabricación en las espoletas estallaban antes de haber perforado los blindajes, aminorando sus efectos destructivos. El concurso de las flotillas de destructores VI y IX del capitán Heinrich que sumaban 11 unidades en total, contribuyó a resguardar a los buques de Von Hipper puesto que a las 19.15, a instancias de Scheer, se arrojaron al ataque a 30 nudos, tendiendo cortinas de humo, atrayendo sobre si el fuego enemigo y lanzando un abanico de 12 torpedos: una actuación eficaz, porqué Jellicoe ordenó para esquivarlos una caída hacia fuera, a babor, que le alejaba 3.500 metros de la flota alemana y acabó por interrumpir el tiro de los cañones ingleses. No obstante, los intrépidos “zerstorer” pagaron su tributo: el S-35 de 640 toneladas fue alcanzado y se partió en dos arrastrando a 88 hombres, mientras que fueron dañados el S-51 y el V-28. Además debieron abandonar su pretensión de evacuar a la tripulación del destrozado Wiesbaden que terminaría por hundirse horas después con su dotación casi íntegra ( 588 marineros, salvo un superviviente ).

FOTO. EL ESCRITOR JOHANN KINAU, DE SEUDÓNIMO "GORCH FOCK", EMBARCADO EN EL "WIESBADEN" Y FALLECIDO EN JUTLANDIA
Al igual que la anterior decisión de Scheer, la caída hacia fuera de Jellicoe ha sido denostada por sus críticos que sostienen que en vez de caer 90º hacia fuera hubiera debido hacerlo solo sobre 45º hacia fuera o incluso adentro, para no dar opción de escape a los alemanes. Aún más se le ha reprochado que después de ejecutar esa maniobra no ordenase continuar a una velocidad de 20 nudos en pos del enemigo rumbo oeste; en cambio durante la siguiente media hora describió un semicírculo a velocidad 17 nudos, desde la 19.33 al sur, desde las 19.41 al suroeste y solo a las 20.00 al oeste pleno, por donde se alejaba la Hochseeflotte. Beatty instó a su superior a las 19.47 a una persecución más enérgica: “ Urgente. Propongo vanguardia de acorazados siga a cruceros de batalla. Podemos cortar ¿ la cabeza, la cola, la retirada? a toda la escuadra enemiga” A las 20.00 Jellicoe optó por seguir el consejo, aproó al oeste y solicitó a la 2º escuadra de acorazados del vicealmirante Jerram que se sumara a los cruceros de batalla de Beatty; pero Jerram, sin contacto visual con Beatty, no cumplimento la orden. Así que cuando los veloces cruceros de batalla ingleses, lanzados a toda velocidad en pos del enemigo hallaron a las 20.17 la cola de la formación alemana, compuesta por las molidas naves de Von Hipper que intentaban penosamente reparar los daños sufridos, se encontraron sin apoyo.

A pesar de ello, aquella incursión de Beatty hubiera podido ser el colmo de los bravos pero desmantelados “Derfflinger” y “Seydlitz”, que volvieron a recibir varios impactos, uno de ellos en el puente de mando del “Seydlitz”; pero el ángel de la guarda de ambas embarcaciones hizo horas extras durante el choque de Jutlandia, y la providencial intervención de los 6 viejos acorazados pre-dreadnought de la clase Deutschland volvió a rescatarlos in extremis. El fuego simultaneo de las 24 piezas de 280 mm que reunían los veteranos "Deutschland" fue suficiente para persuadir a Beatty de la conveniencia de suspender su acoso.

El vicecomandante británico, mucho más cauto después de las terribles voladuras de 3 de sus cruceros de batalla, y separado de la Grand Fleet, prefirió ahora no tentar la suerte y alejarse levemente hacia el sur. De este modo concluían los enfrentamientos entre los grandes colosos blindados , porque la caída de la noche impedía los combates en línea. El sol se puso a las 20.19, si bien durante el crepúsculo se mantuvieron escaramuzas menores entre los destructores y los cruceros ligeros que gravitaban alrededor de ambas escuadras. Los jefes de ambas meditaban los pasos a seguir durante la noche: dispositivos de marcha, objetivos que se pretendían alcanzar una vez llegada la amanecida, y especialmente, cuales serian las intenciones del enemigo.

Scheer, ya plenamente consciente de haberse enfrentado a la totalidad de la Gran Flota británica, se inclinó por dirigirse hacia el banco de Horns Reef, en demanda de la proximidad de la costa germana, y a mano de la protección de los campos de minas propios fondeados allí. Si en la mañana siguiente volviera a encontrarse con los barcos británicos en Horns Reef, su libertad de elección estaría asegurada. El almirante teutón, sospechando que los ingleses procurarían interponerse en su itinerario durante la noche, para obligarle a dirigirse hacia el oeste y por tanto al interior del Mar del Norte, ordenó a las flotillas de destructores II, V y VII, y parte de las VI y IX, que buscasen y hostigasen al adversario, aun a riesgo de quedarse sin cobertura propia en la mañana del 1 de junio. Respecto a los acorazados, a las 21.06 Scheer fue tajante: debían dirigirse en ruta directa ( 150 kilómetros ) a Horns Reef, sin apartarse del rumbo sur-sureste, ocurriera lo que ocurriera durante la travesía nocturna. MAPA. LA FASE NOCTURNA DE LA BATALLA: SCHEER SE DESLIZA POR DETRAS DE JELLICOE.El planteamiento de Jellicoe descartaba entablar una batalla nocturna, donde la superioridad numérica que disfrutaba quedaría virtualmente anulada, y las posibilidades de ser víctima de ataques torpederos, o aun peor, de “fuego amigo” por dificultades de identificación, elevadísimas. En principio el jefe británico se inclinó por seguir rumbo sur, pensando en interceptar al enemigo al clarear el día siguiente, si este elegía como vía de escape Heligoland o el estuario del Ems. Además decidió mantener junto a la Gran Flota toda su fuerza de destructores ( precisamente pintada de negro y entrenada para los ataques torpederos nocturnos ). La estructura de marcha adoptada se basaba en 6 columnas, separadas solo por 1,5 kilómetros, para evitar confusiones o separaciones alarmantes, mientras que las flotillas de destructores y la 2ª escuadra de cruceros ligeros se desplazaría en la retaguardia. Algo más adelantado, al suroeste, el incansable Beatty formaba la vanguardia junto a la 1ª y 3ª escuadras de cruceros ligeros.

La oscuridad se presentaba muy densa, debido a la ausencia de luna y al cielo cubierto. Insospechadamente a las 22.00 la Hochseeflotte se encontraba a tan solo 12 kilómetros al oeste-noroeste del grueso británico, justo detrás de él. Los alemanes terminaron sobrepasando por la cola a los acorazados antagonistas, pero se enzarzaron con algunos de los destructores y cruceros ligeros que cerraban la formación de Jellicoe. A partir de las 22.04 se produjeron una sucesión de feroces encuentros con intercambio de disparos y torpedos. Los primeros afectados fueron el crucero ligero de Su Majestad Cástor que tuvo 19 muertos y 23 heridos, y el alemán de la misma clase Hamburg con 40 bajas; a las 22.20 hubo otro enfrentamiento en el fueron alcanzados los cruceros ligeros Southampton con 36 muertos y 40 heridos tras recibir 18 proyectiles y el “Dublín” que por su parte sufrió ocho impactos con 27 bajas. Pero mucho peor parado terminó uno de sus oponentes, el germano Frauenlob de 2.670 toneladas que fue víctima de varios impactos y un torpedo arrojado por el Southampton que lo fulminó casi instantáneamente. El Frauenlob arrastró consigo a 313 hombres, incluido su capitán Georg Hoffman. Otro de los componentes del III grupo de reconocimiento de Von Reuter que terminó afectado, aparte del desgraciado Frauenlob, fue el crucero Stettin que padeció daños menores y 36 bajas.

A las 23.00 se produjo un suceso todavía más espectacular y sangriento, cuando el renqueante crucero acorazado “Black Prince” tocado durante los combates del día y que surcaba la mar a duras penas tratando de reincorporarse a la Gran Flota, identificó varias sombras insinuadas en la oscuridad como acorazados británicos y emitió la señal luminosa de reconocimiento. Error fatídico. Eran los acorazados alemanes “ Thuringen” y “Ostfriesland” de 22.000 toneladas, que acto seguido iluminaron con sus focos de gran potencia al infortunado navío y lo desintegraron en apenas cuatro minutos disparándole prácticamente a quemarropa ( estaban a solo 1.500 metros de distancia ) con toda su artillería. Ninguno de sus 857 tripulantes pudo salvarse.

A las 23.30 el conductor de la 4ª flotilla de destructores británicos, el “Tipperary” ( de la clase "Botha", desplazaba 1800 toneladas y daba 32 nudos ) mostró la señal de reconocimiento a unas sombras entrevistas: fue iluminado por los proyectores del II grupo de reconocimiento alemán, fuerte en 3 cruceros ligeros, e inmediatamente alcanzado por un aluvión de granadas que lo dejaron rápidamente destrozado, hundiéndose dos horas más tarde con 185 muertos; el resto de las unidades de la flotilla arrojaron torpedos y se alejaron. Para tratar de esquivar los artefactos el II grupo de reconocimiento ejecutó un brusco giro hacia el oeste, que provocó el abordaje del “Elbing”, de 4.300 toneladas, por el acorazado de su misma bandera “Posen” que le seguía a poca distancia moviéndose a 16 nudos. Evacuada su dotación, el inmovilizado buque seria autohundido por los propios germanos. Uno de los destructores de la 4ª flotilla, el “Spitfire” se vio en el trance de ser abordado deliberadamente por el acorazado “Nassau”, aunque terminaron rozándose lateralmente e intercambiando algunos disparos.

Estos enfrentamientos dispersos eran vislumbrados desde el resto de los barcos presentes con intensa emoción. Cediendo la palabra a Von Hase: “ Veíamos los fogonazos de los disparos, los grandes piques iluminados por los proyectores (…) no podíamos distinguir los detalles, pero los resultados de la lucha que se libraba se hacían patentes para nosotros cuando un llameante buque tras otro,al rojo vivo, desfilaba en las cercanías

Poco más tarde la 4ª flotilla volvió a protagonizar otro agónico episodio, cuando varias bengalas iluminantes arrojadas por los alemanes delataron su posición. El “Broke” tocado en el timón y con 81 bajas a bordo abordó al “Sparrowhawk” ( de la clase "K", de unas 1.000 toneladas y 31 nudos ), que instantes después era también abordado por el “Contest”. A las 3.00 el “Sparrowhawk” fue abandonado y rematado por otro destructor inglés. Este nuevo sacrificio no fue en balde, porque durante todo el incidente los destructores volvieron a usar sus tubos lanzatorpedos, haciendo diana en el crucero ligero “Rostock”,causándole 20 bajas y tales desperfectos que a las 3.45 sería evacuado y hundido por su propia dotación. A modo de colofón, la 4ª escuadrilla todavía lanzaría un postrer e infructuoso ataque en el que caerían el “Fortune” y el “Ardent”( también destructores de la clase "K"), con 150 muertos y decenas de heridos.

Junto a las vicisitudes de la 4º flotilla, otros destructores ingleses se vieron envueltos en desfavorables incidentes, como el “Turbulent”, que a las 00.15 se enfrentó al acorazado “Westfalen” y resultó hundido arrastrando a 90 de sus hombres. Su compañero de la 13º flotilla, el “Petard” fue asimismo alcanzado pero consiguió escapar al precio de 15 bajas. En torno a las 00.30 la mayor parte de la escuadra germana había rebasado por completo la cola de su antagonista, suceso que fue percibido desde los acorazados británicos de la 6ª división, al descubrir que los combates se desplazaban en una línea desde estribor a babor. Jellicoe, sin información precisa sobre la entidad de las fuerzas que estaban combatiendo y desconociendo la presencia de acorazados entre ellas prefirió mantenerse como iba. Lo cierto es que ambas flotas, después de haber cortado su rumbo y casi coincidir, siguieron marchas divergentes. Scheer ya acariciaba su objetivo, los protectores campos de minas de Horns Reef. Tan solo la 12ª flotilla de destructores ingleses se interponía en su camino. Esta flotilla se había ubicado a unos 15 kilómetros al norte de la 1ª escuadra de acorazados de Jellicoe, para luego desplazarse otros 8 kilómetros hacia el este, lo que la llevó a interceptar casualmente a la Hochseeflotte a las 1.45, detectando a la II escuadra de los pre-dreadnought. A las 1.52 el comandante de la flotilla, Stirling, radió su importante descubrimiento, que sin embargo no fue recibido en ninguna estación inglesa, posiblemente por las interferencias de las estaciones radiotelegráficas alemanas en tierra firme.

Los destructores de Stirling tomaron posiciones para un ataque torpedero a vuelta encontrada, adelantando primero a la agrupación enemiga, arrojando finalmente a las 2.10 un abanico compuesto por una docena de torpedos. En los barcos teutones no se apercibieron hasta el último instante del peligro, y su desesperada maniobra evasiva no salvó al acorazado “Pommern” de 13.200 toneladas que a las 2.20 pegó un formidable estallido de llamaradas y se perdió junto con toda su marinería, 844 hombres, constituyendo la baja más sangrienta de la flota alemana en todo el combate. Por añadidura, el destructor inglés “Maened” que arrojó con un breve retraso sus tres torpedos hizo blanco en su homologo alemán V-4, que tuvo 22 bajas y se hundió velozmente, aunque sus náufragos fueron pronto rescatados por barcos propios.

Virtualmente, ahí finalizó la batalla de Jutlandia, porque ambas agrupaciones continuaron alejándose, y a las 3.00 del 1 de junio los gruesos respectivos estaban ya a 50 kilómetros uno de otro, separación que seguiría dilatándose. Los expectantes vigías no hallaron rastro alguno del adversario, ni entonces ni en las horas siguientes bajo la creciente amanecida. Scheer aguardó un tiempo en Horns Reef hasta que le llegaron las noticias del naufragio del Lutzow, en retirada desde hacia varias horas y que no pudo finalmente superar sus vías de agua y otros destrozos, aunque fue evacuado ordenadamente por los 4 destructores que le habían prestado escolta.

Tras confirmar el final del crucero de batalla, el almirante alemán se deslizó entre los campos de minas propios llegando por fin a la anhelada base de Wilhemshaven al mediodía del 1 de junio de 1916.

Durante aquellas mismas horas y ante la ausencia del enemigo, Jellicoe reagrupó sus muy desperdigadas unidades, sin ir mas lejos a la 6ª división que solo al mediodía logro conectar con el resto de los acorazados. Después de varios rastreos infructuosos, el jefe británico terminó por dirigirse de regreso a Scapa Flow, un tanto chasqueado e inmediatamente criticado en su país por mostrar falta de resolución frente a una fuerza contraria manifiestamente más débil.