13.9.13

DECLIVE DE LA GUERRA SUBMARINA EN OTOÑO DE 1917



 En  julio de 1917  los Aliados normalizaron el prometedor sistema de convoyes desde Norteamérica, y en agosto extendieron el procedimiento al resto de rutas procedentes de Suramérica, Asia y África. Una limitación inicial de los convoyes fue que solo se aplicaban sobre los viajes de ida a Inglaterra. En el  viaje de regreso desde Inglaterra, navegaban aislados, sufriendo importantes pérdidas. Comprobado este hecho  en septiembre de 1917, y a medida que se dispuso de más escoltas y más práctica en la organización de convoyes, el sistema de protección se implantó para los dos sentidos del recorrido. El perfeccionamiento de las tácticas antisubmarinas y su generalización, especialmente a base de barrajes de minas más sensibles en el mar del Norte y del estrecho de Calais, y de la masiva distribución de cargas de profundidad, también jugaron su parte para superar la crisis de la navegación mercante aliada.


El almirante Michelsen, en parte para desbordar  la creciente resistencia, ordenó a los submarinos alemanes atajar nuevamente por el paso de Calais, a la vez que ampliaba las áreas de caza al mar de Barents y al Atlántico central en torno a las Azores, encrucijada de los convoyes, recurriendo a los “U-Kreuzern” que disponían de  mayor radio de acción. A finales del verano disponía de para seguir sosteniendo la campaña de 140 “Frontboote”.

El mes de septiembre se saldó con el hundimiento de 353.602 toneladas mercantes aliadas, englobando 158 navíos. Uno de los cruceros más fructíferos de los "tiburones de acero"  fue  iniciado el 3 de septiembre por el experimentado y exitoso capitán Waldemar Kophamel al mando del U-151, que se apuntó 30.000 toneladas en 13 blancos.   

Por otro lado, los contragolpes aliados y los accidentes se cobraron  11 submarinos.
El U-28 del capitán Georg Schmidt fue alcanzado por la explosión de una de sus presas, un transporte de munición,  cuando se acercó en superficie para rematarlo, cerca de Cabo Norte. El U-66 de Gerhard Mühle desapareció cerca de Dogger Bank, seguramente minado. El 5 de septiembre terminaron las andanzas del U-88 de Schwieger, as de los submarinistas y  verdugo del “Lusitania” dos años antes, también por causa de las minas en el Mar del Norte. Al UC-42 de Hans-Albrecht  Müller le tocó la negra suerte el 10 de septiembre  por accidente con una mina propia que trataba de colocar en los accesos a Queenstown, al sur de Irlanda.

Al día siguiente fue el turno del U-49 de Richard Hartmann, abordado y cañoneado por un mercante. El 12 de septiembre fue baja el U-45 de Erich Sittenfeld torpedeado por el submarino británico D7 al oeste de las Shetland. El UB-32 de Benno von Ditfurth fue destruido por las cargas de profundidad de un hidroavión británico en el mar del Norte. El 13 de septiembre desapareció sin dejar rastro el UC-21 de Werner von Zerboni di Sposetti después de haber minado la costa de la Bretaña francesa. El 16 de septiembre el UC-33 de Alfred Arnold fue partido por el cazasubmarinos  P61, siendo precisamente su comandante el único superviviente. El 27 de septiembre tras salir de Zeebrugge fue aniquilado el UC-6 de Gottfried Reichenbach junto al buque-faro de Kentish Knock, por varias minas británicas. El último infortunado del mes fue el U-55 de Horst Rühle von Lilienstern por un accidente de minado que le dejó a merced de 3 patrulleros enemigos.

En octubre, el tonelaje hundido ascendió algo, hasta las 466.542, pero lejos de las ansiadas cifras necesarias para quebrar el tráfico aliado. Además, los codiciados ( y fuertemente escoltados ) transportes de tropas americanos que comenzaban a recalar en Francia se mostraron esquivos pese a los denodados esfuerzos de los submarinistas. De hecho, el 23 de octubre se organizó la primera gran unidad americana en suelo francés, la 4º brigada de marines.

La lista de bajas submarinas fue dolorosa pero más reducida que los meses precedentes. Empezó con el UC-14 de Adolf Feddersen, que chocó el día 3 de octubre con una mina ofensiva británica cuando retornaba a Zeebrugge. El UC-16 de Georg Reimarus  desapareció ese mismo día sin rastro, salvo el cadáver de uno de sus tripulantes arrastrado por la marea a la costa holandesa semanas después. El UB-41 de Max Ploen sucumbió el día 5 a una mina frente a Scarborough. Igual destino debió correr en el mar del Norte el U-106 de Hans Hufnagel cuando regresaba a su base .
Alrededor del 14 de octubre cesaron las noticias sobre el UC-62 de Max Schmitz, salido de Zeebrugge el 11 para minar la costa inglesa, seguramente víctima de un artefacto propio o enemigo. 

Los submarinos no eran el único esfuerzo alemán contra el tráfico enemigo. Conocedores de que los ingleses organizaban convoyes procedentes de Noruega, el almirante Von Scheer destacó a los nuevos y rápidos ( 28 nudos ) cruceros ligeros "Bremse" y "Brummer" para efectuar una incursión sobre los mismos. El día 17 de octubre sorprendieron a 125 kilómetros de las Shetland a una agrupación de doce  mercantes protegidos por dos destructores y dos patrulleras. Todos fueron aniquilados por los cruceros alemanes, excepto dos mercantes y las patrulleras. El "Bremse" y el "Brummer" regresaron  indemnes a su base después de atravesar sin contratiempos el Mar del Norte.

La tarea del dragado de minas en aquellas aguas trazando y limpiando constantemente canales seguros se convirtió en la dedicación principal de la flota imperial alemana. A su vez, los británicos trataron de entorpecer estos trabajos que  impedían su objetivo de embotellar a los submarinos en sus bases. 

Los hostigamientos culminaron el 17 de noviembre cuando los británicos montaron una ambiciosa incursión para dañar las flotillas de dragaminas alemanes. Estaba liderada por los cruceros de batalla "Repulse" y "Renown", acompañados por  los cruceros de batalla rápidos ( 31 nudos ) "Glorious" y "Courageus", 8 cruceros ligeros y dos flotillas de destructores . La mañana de ese día atacaron aproximadamente a la altura de la mitad de la línea Horns Reef-Terschelling a 20 dragaminas alemanes, capturando a uno de ellos y desbandando al resto, aunque los 4 cruceros ligeros del Segundo Grupo de Exploración del almirante Von Reuter que les daban escolta los ocultaron mediante cortinas de humo mientras se replegaban a toda máquina. Después de una trepidante persecución de 20 kilómetros, la oportuna intervención de los acorazados "Kaiser" y "Kaiserin"  ( que ejercían la  protección lejana ) con su artillería de 305 mm equilibró el duelo. Poco después, al acudir a la zona los cruceros de batalla "Hindenburg" y "Moltke"  el contralmirante Phillimore, que mandaba  la agrupación británica, consideró más prudente dar media vuelta.

FOTO. EL CRUCERO LIGERO "BRUMMER", VELOZ Y EXITOSO INCURSOR.


Sin embargo, para los dirigentes alemanes el mes de noviembre constituyó la  amarga confirmación de que sus optimistas planes para estrangular el abastecimiento de sus adversarios habían fracasado en su principal cometido. La cifra de naufragios cobrada fue de 126 barcos con un registro de solo 302.599 toneladas, el más bajo de todo 1917, y muy alejado de la cantidad necesaria para doblegar a los Aliados. Ciertamente, éstos habían tenido que invertir recursos ingentes en personal, trabajo en astilleros y gastos financieros para frenar la sangría en los mares, y el extraordinario esfuerzo y eficacia de las tripulaciones alemanes rentabilizando sus U-boote estaba fuera de toda duda, pero la realidad es que a pesar de ello el tránsito naval aliado cubría sobradamente los mínimos indispensables para que el esfuerzo de guerra de Gran Bretaña y sus socios pudiera mantenerse e incluso seguir aumentando.



En cuanto a las pérdidas de sumergibles en noviembre, estás se inauguraron con el UC-63 de Karsten von Heydebreck torpedeado el 1 de noviembre por el submarino británico E52 en el canal de la Mancha. El 3 de noviembre sonó la hora final para el UC-65 de Klaus Lafrenz en iguales circunstancias, esta vez a manos del británico C15. El 17 de noviembre el U-58 de Gustav Amberger fue hundido cerca de Queenstown por destructores norteamericanos mientras trataba de atacar  un convoy. La jornada de castigo no se cerró ahí, y ese mismo día el UC-51 de Hans Galter fue víctima de un mina en el canal de la Mancha. Al día siguiente llegó el turno del UC-47 de Gunter Wigankow, abordado y machacado con cargas de profundidad por el cazasubmarinos inglés P57 cerca de Flamborough Head, y también el final del UC-57 de Friederich Wissmann  en el Báltico por la detonación de una mina rusa mientras regresaba de suministrar armas a los finlandeses. El 21 de noviembre se perdió el U-48 intentando atravesar las barreras del paso de Calais, donde quedó atrapado y fue liquidado por 7 patrulleras y un destructor. Finalmente, el UB-61 de Theodor Schultz chocó con una mina ofensiva británica en los canales dragados y supuestamente seguros del golfo Alemán, cerca de Heligoland cuando retornaba tras cumplir una misión.

En diciembre hubo un cierto repunte de las cifras de hundimientos, hasta las 414.766 toneladas en 160 navíos, pero lejos de las marcas de la primavera, lo que confirmaba la decadencia irreversible de la campaña submarina. Aunque los submarinistas germanos seguirían representando hasta el final de la guerra una grave amenaza, la posibilidad de que ellos solos pudieran derrotar  a los Aliados se había desvanecido definitivamente.


FOTO. REINHOLD SALTZWEDEL, UNO DE LOS MÁS BRILLANTES VETERANOS DEL ARMA SUBMARINA ( CON UNA MARCA DE 172.768 TONELADAS ), ALCANZADO POR EL DESTINO EN DICIEMBRE DE 1917


Por su parte, el tributo mensual que pagó a cambio la armada alemana  fue la pérdida el 2 de diciembre del UB-81 comandado por el veterano Reinhold Saltzwedel, al chocar con una mina a 20 kilómetros de la isla de Wight y ser rematado por el patrullero inglés P32; el UC-69 de Hugo Thielmann por abordaje accidental del U-96 en el canal de la Mancha el 6 de diciembre; el UB-18 de Georg Niemeyer embestido el 9 de diciembre por un "bou" en el canal de la Mancha, arrastrando consigo a toda su tripulación; el UB-75 de Franz Walther desaparecido a partir del 9 de diciembre cerca de Flamborough Head seguramente minado; el U-75 de Schmolling  liquidado el 13 de diciembre por una mina cuando salía de un canal dragado en el Mar del Norte, pudiendo rescatarse a la mayoría de su tripulación; el UC-38 de Hans Hermann Wendtland al día siguiente por destructores franceses en el Mediterraneo; el UB-56 de Hans Valentiner,  que finalmente perdió la partida el 19 de diciembre por una mina en el barraje del paso de Calais; y el último del mes precisamente en la jornada de Navidad, el UB-87 de Rudolf Von Spethz-Schulzburg, hundido con toda su gente por los escoltas de un convoy en el Mar de Irlanda.




6.9.13

LA CAÍDA DE RIGA. EL FRUSTRADO LEVANTAMIENTO DE KORNILOV



La prevista maniobra de Ludendorff sobre Riga, estaba según sus propias palabras " meramente concebida como un medio para una mejora genérica de nuestra posición  que nos permitiera economizar tropas".  Con todo, también acariciaba resultados propicios en otro aspecto: al abrir el acceso por el litoral hacia Petrogrado,  sus habitantes experimentarían un sobresalto y su inseguridad aumentaría. La operación  debía por tanto, agudizar las tensiones en el  inestable régimen ruso. Estaba previsto después de concluir allí mantener la presión en la segunda mitad de septiembre,  transfiriendo las divisiones liberadas de nuevo al sur  para comenzar operaciones desde Bukovina hasta el río Sereth entrando en Moldavia”.
 
El ataque, levemente retrasado por los acontecimientos del III Ypres en Bélgica,  fue lanzado el 1 de septiembre de 1917. El general Oskar von Hutier y  su  VIII ejército estaban encargados de llevarlo a cabo. Se enfrentaba al 12º ejército ruso de V. N. Klembovski.

Von Hutier era un hombre de considerable capacidad creativa en temas militares, que sostenía la necesidad de cambiar las tácticas ofensivas habituales puesto que habían perdido su validez. Los bombardeos prolongados y las cargas masivas de infantería eran poco eficaces  y contraproducentes. En su lugar, e inspirándose en lo demostrado por su oponente Brusilov durante el verano de 1916, estimaba conveniente golpear sobre un objetivo concreto en base al recurso a la sorpresa y la velocidad. Hasta cierto punto, Nivelle había llegado a conclusiones parecidas meses antes, pero había fracasado al intentar crear un método alternativo durante la acción del Camino de las Damas. En cambio Von Hutier y su equipo elaboraron unas doctrinas que fueron bautizadas posteriormente como “tácticas de infiltración”.  Entre sus colaboradores destacaba el coronel Georg Bruchmüller, reputado especialista artillero. Se había distinguido en la última contraofensiva en Galitzia en julio.

Para el iniciar el asalto a Riga, ambos jefes del VIII ejército convinieron en desplazar la infantería y la artillería de noche, para evitar en lo posible su detección evitando que el enemigo estuviese sobreaviso, que moviese reservas, o preparase fuego de contrabatería.  Bruchmüller comenzó con un bombardeo con granadas de gas a las 4.00 horas  del 1 de septiembre, seguido con las primeras luces por el fuego de 170 baterías ligeras apoyadas por  otras 200 de tipo medio y morteros pesados. Unas 4 horas más tarde,  en torno a las 8.30,  y bajo la cobertura de una barrera de proyectiles de humo los primeros pontones fueron colocados sobre el río Dvina al sureste de Riga, en una punto donde la anchura del cauce era de 450 metros,  para permitir el cruce de las “Sturmtruppen” que encabezaban la acción. Mientras  tanto 3 puentes, uno para cada división que debía seguirlas, fueron levantados velozmente.  A las 10.30  los alemanes habían creado una cabeza de puente en la orilla opuesta de 2-3 kilómetros de profundidad por 6 kilómetros de anchura, y los puentes estaban terminados.  Superados desde el primer instante,  los hombres de Klembovski  evacuaron  con precipitación la cabeza de puente al oeste de Riga y al día siguiente toda la  ciudad, aunque el cuerpo de  Tiradores Letones proporcionó a las fuerzas rusas  en retirada una eficaz cobertura .

 En conjunto, el cruce ( del río Dvina ) fue ridículamente fácil” exclamó Hoffmann. Sus hombres  controlaron completamente el  puerto el 5 de septiembre.  Fueron tomados prisioneros 9.000 rusos y 200 cañones cambiaron de dueño.

Buena parte del mérito recayó en las  "Sturmtruppen". Venían actuando con anterioridad  en forma de tropas de choque a pequeña escala,  las “Stosstruppen”, participando puntualmente en  acciones cruciales como la batalla de Verdun.  Desde el 23 de octubre de 1916 Ludendorff había ordenado expresamente a cada uno de los ejércitos  del Oeste la creación de un batallón de tropas de choque en su seno. En noviembre de 1916 hasta 30 divisiones había gestado algún tipo de destacamento de asalto. Pero fue ahora, en el frente Oriental y bajo la dirección de Von Hutier cuando sus tácticas y armamento alcanzaron su madurez  y se empleó a las  unidades de asalto en  cantidad considerable.  Su consagración total  llegaría dos meses más tarde en Caporetto y Cambrai. 

En Riga,  numerosos grupos de "Sturmtruppen" de 14 a 18 hombres constituyeron la vanguardia alemana encargada de la ruptura. Estaban  equipados con ametralladoras portátiles tipo MG-08/15 de 19,5 kg y las aún mas livianas  Lewis británicas capturadas, rifles y subfusiles automáticos MP-18 ( el primero eficaz del mundo ),  morteros ligeros de 76 mm con un alcance de 1050 metros y las pistolas Luger P-08  con un impresionante cargador de 32 balas y Máuser la-96. Estas armas eran fácilmente portables durante el avance  y  proporcionaban una inédita potencia de fuego en el combate a corta distancia en las trincheras.  

Los grupos Sturmtruppen según la teoría de la infiltración se movían justo detrás de la barrera móvil de la artillería, y se abrían paso alrededores de los puntos fortificados enemigos. Unidades de mayor tamaño, respaldados por aviones en vuelo rasante, les seguían para neutralizar los reductos enemigos cercados y despejar el camino para los regimientos y divisiones encargadas de profundizar la irrupción y asegurar el terreno mientras la aviación seguía reconociendo  y hostigando al enemigo donde fuera necesario.

Los defensores rusos pronto estuvieron en franca huida, aunque pudieron recomponer sus líneas 32 kilómetros al noreste de Riga porque no fueron perseguidos. “Habríamos mantenido nuestro avance en la dirección de ( San ) Petersburgo, pero desafortunadamente tuvimos que parar, puesto que Ludendorff con la mejor intención del mundo, no podía dejarnos conservar las divisiones necesarias. Las necesita, y Austria también, así que debemos resignarnos  puntualizaba Hoffmann en su diario. 

Como Ludendorff había esperado, la exitosa operación produjo una línea defensiva más corta, y causó ansiedad en la capital rusa por la cercanía de las nuevas posiciones germanas.  Pero ahora las divisiones  vencedoras en Riga tenían nuevas y urgentes misiones que cumplir en Francia e Italia y fueron transferidas, anulándose el plan primitivo de  enviarlas a  Moldavia para rematar a los restos del ejército rumano.

La reacción del mando rusa ante este serio revés fue casi nula, porque Kornilov estaba absorbido por un pulso particular con Kerensky.  Pocos días antes de la  anunciada conferencia de Moscú del 26 de agosto varios activistas de extrema derecha le habían transmitido mensajes de respaldo. Durante la conferencia celebrada en el teatro Bolshoi, a la que habían acudido representantes de todo el mundillo de la política rusa ( salvo los bolcheviques )  desoyó las instrucciones de Kerensky de referirse únicamente al panorama estratégico, y en cambió enumeró públicamente las medidas de su programa: instauración de la ley marcial tanto en el ejército como en los ferrocarriles y fábricas de armamento, y la restauración de la pena de muerte, incluyendo  los casos de propagación de rumores, agitación pública y literatura sediciosa. También criticó vehementemente el descenso en la producción y los sabotajes que a su juicio lo motivaban. 

FOTO. EL GENERAL KORNILOV ( CENTRO ). DE METEÓRICA CARRERA, SE ENFRENTÓ A KERENSKY Y A LOS BOLCHEVIQUES.

 Al retornar al cuartel de la Stavka en Mogilev, la reacción del general ante los acontecimientos en Riga fue denunciar la cobardía y amotinamiento de las tropas, producto a su juicio de la actividad de los agitadores. Estas palabras abrieron un enconado debate en la prensa de la capital con cruces de recriminaciones mutuas entre los “kornilovitas” partidarios de aplicar el programa del comandante en jefe para restablecer el orden,  contra el criterio de  los adeptos del presidente Kerensky, de los bolcheviques y de otras formaciones izquierdistas que se consideraban a si mismas la encarnación de la auténtica revolución  opuesta al despotismo de los oficiales. 

Finalmente el día 8 de septiembre el primer ministro ruso destituyó a Kornilov de la jefatura de la Stavka, y este decidió ir a por todas.  Aunque todavía hoy existen ciertas oscuridades sobre cuales eran sus intenciones reales,  e incluso si fue víctima de una treta deliberada de Kerensky, parece que Kornilov  cavilaba la posibilidad un golpe de estado contra  el Gobierno Provisional y los partidos que los sostenían,  para sustituirlos por una dictadura militar transitoria presidida por él mismo que debería restablecer la disciplina en el frente y la retaguardia civil.  La fulminante destitución disipó  sus últimas dudas, a pesar de intentos de mediación de varias personalidades como Alexeiev y Miliukhov.  

 El día 10 Kornilov emitió un anuncio que  entre otras cosas decía “ el Gobierno Provisional, bajo la presión de la mayoría bolchevique en los soviets (…) esta actuando en consonancia con los planes de Alto Estado Mayor alemán”.

Documento de apoyo: PROCLAMA DE KORNILOV EL 10 DE SEPTIEMBRE  DE 1917 

Inmediatamente empezó a mover unidades de caballería hacia la capital. Kerensky delegó en el soviet de Petrogrado la defensa, permitiéndole armar a los trabajadores afines a los partidos menchevique y eserista. También se levantó la prohibición sobre la Guardia Roja, ilegalizada desde las "jornadas de julio", y dominada por los bolcheviques.  La mayoría de los apoyos que esperaba el ahora general rebelde se mostraron remisos, y denunciado como contrarrevolucionario por la mayor parte de los medios de comunicación su aislamiento fue creciendo hasta que finalmente se rindió pacíficamente en Mogilev el 14 de septiembre a Alexeiev. Este último había sido sacado de su retiro y nombrado nuevamente comandante de la Stavka. Kornilov fue encerrado junto con otros simpatizantes de su causa como Denikin y Kaledín ( atman de los cosacos del Don ) en el monasterio de Bykhov, pendientes del correspondiente juicio.

24.8.13

EL MAR DE FANGO SANGRIENTO: LA III BATALLA DE YPRES ( PASSCHENDAELE )



Después del venturoso preámbulo de Messines, el paso siguiente de la ansiada campaña británica en Flandes se retrasó cuatro semanas. Las objeciones del primer ministro Lloyd George temiendo un  nuevo baño de sangre improductivo, el retraso en la llegada de refuerzos, los problemas habituales de suministros, la reluctancia francesa derivada de sus problemas para cumplir los compromisos y las discusiones de detalle en el mando británico fueron las causas.


Haig y los almirantes de la Royal Navy  acariciaban desde hacía meses la caída de los puertos belgas para neutralizar parcialmente la pesadilla  que representaban los  submarinos alemanes basados en Flandes ( una amenaza un tanto sobredimensionada ). A esto se sumaba la imperiosa necesidad de apartar a los alemanes de la zona meridional del frente Occidental, donde los motines de primavera habían aumentando la vulnerabilidad del ejército francés. Estos objetivos eran reforzados por los informes del jefe de inteligencia, el brigadier John Charteris, que había persuadido a Haig del acelerado deterioro de las condiciones de las tropas enemigas y de su retaguardia. Haciéndose eco de las afirmaciones favorables  de Charteris, a  primeros de junio, Haig dijo a sus comandantes de ejército: “ Tras la cuidadosa consideración de toda la información disponible me encuentro en disposición de afirmar que el poder de resistencia del pueblo alemán esta siendo estirado hasta tal grado que hace posible que el punto de ruptura pueda ser alcanzado este año .“

Su plan no había sido prácticamente alterado desde su última reunión con Petain en Amiens. Sus ejércitos debían atacar al noreste de Ypres, dominando las alturas desde el sur de Gheluvelt al norte de Passchendaele y continuar hasta Roules quebrando absolutamente al IV ejército alemán de Sixt von Arnim. Una vez que las líneas de comunicaciones enemigas estuvieran deshechas, sus ejércitos girarían al oeste y en conexión con fuerzas costeras y anfibias entrarían en los puertos belgas, a los que tanta importancia  asignaba. El paso siguiente sería marchar sobre el corazón de Bélgica y demoler todo el frente Occidental alemán.

Los ejércitos dispuestos para la campaña eran el 5º de Gough, que marcharía al nordeste de Ypres contra la cresta de Pilckem. Colaborarían el 2º de Herbert Plumer y  el 1º ejército francés del general Anthoine. La primera discrepancia surgió cuando Gough cambió el eje del ataque inicial del previsto noreste al norte, alejándose de las cuestas de Gheluvelt, un punto dominante crucial, sin que Haig pareciera enterarse de esta funesta rectificación.

Aplazados por nuevos retrasos, finalmente el 18 de julio empezaron los bombardeos preparatorios con 1.400 piezas ( usando indistintamente proyectiles de gas y explosivo ) Duraron hasta la víspera del asalto, el 31 de julio. Un efecto indeseado de los mismos, aparte de advertir a los alemanes que respondieron con fuego de contrabatería, fue que habían destruido el sistema del drenaje de un terreno bajo y con elevada capa freática, facilitando su inundación. Pero los síntomas parecían auspiciosos. El asesor aéreo, el general de brigada Hugh Trenchard, garantizó que se había alcanzado la superioridad en los cielos del saliente con 700 aviones. Lo mismo hizo el encargado de la artillería, infundiendo confianza a los jefes de los ejércitos comprometidos. Los 140 tanques del coronel J.F.C. Fuller ocupaban puntualmente sus puestos en las áreas de concentración. Pero la preocupación de Fuller por el terreno blando aumentó con las fuertes lluvias del día 30, la víspera de la acción.

El plan fue puesto en marcha el 31 de julio a las 3.30 de la madrugada con 100.000 soldados británicos en vanguardia.

Les encaraban las divisiones del IV ejército alemán. Von Arnim y su jefe de estado mayor, el coronel Von Lossberg, habían dispuesto su defensa al estilo  indicado por Ludendorff, con una tenue línea de puestos avanzados seguidos por una robusta capa de seis líneas de trincheras con una profundidad de 1.800 metros protegidas por nidos de ametralladoras levantados con hormigón. Más alejados a retaguardia 1.500 cañones esperaban abrir fuego sobre blancos seleccionados. Von Lossberg había creado un entramado que ejercería fuego de flanco desde las cuestas de Gheluvert sobre cualquier atacante. Precisamente el punto que Gough había marginado en su planificación...

Las ganancias del día 31 fueron considerables, especialmente en las alas, en torno a los 3 kilómetros.  En el centro esas ganancias fueron magras, por el fuego de flanco y los atrevidos contrataques alemanes. Von Arnim confiaba en sus 12 divisiones de reserva, aparte de las 8 dispuestas en línea. Los británicos aseguraron  las cuestas de Pilckem, a un coste de 15.000 bajas.

 FOTO. UNO DE LAS DESOLADORES  PAISAJES DE LA III BATALLA DE YPRES

Las lluvias del 2 de agosto transformaron la zona en un mar de lodo, obligando a la primera pausa en la ofensiva. Fue reactivada el día  10,  apuntando ahora a  Gheluvert  después de que los mandos británicos comprobaran su relevancia. Tras otro pequeña parón, el 16 de agosto el premio a la insistencia de Haig fue Langemarck, el escenario de la Kindermord en 1914, con otros 9 kilómetros de progresión. En cambio  los ataques del día 22 de agosto por parte del 5º ejército fueron decepcionantes, con menos de un kilómetro de ganancia en la carretera de Menin ( era la ruta mas directa a Gheluvert ) a costa de 3.000 hombres. Gough era cada vez más escéptico sobre el resultado final, y ya el 16 de agosto mencionó que “ el éxito táctico no es posible bajo estas condiciones”. Pero Haig, como el año anterior en el Somme, se aferraba a la posibilidad de un colapso de los alemanes como había dibujado Charteris, y a la necesidad de insistir.

  A finales de agosto hubo una suspensión prolongada, finalizando la primera etapa del III Ypres.

FOTO. EL INACABABLE PANORAMA DE FANGO Y CRÁTERES INUNDADOS EN EL SECTOR DE YPRES EN EL OTOÑO DE 1917

A partir del 20 de septiembre la reactivación del asalto británico puso el acento sobre la línea Passchendaele-Gheluvelt. Haig encomendó a Plummer el liderazgo de las operaciones en detrimento de Gough.  Plummer efectuó sus operaciones a lo largo de 13 kilómetros a ambos lados de la carretera de Menin y el día 26 en el bosque del Polígono. Las posiciones avanzadas de los alemanes fueron arrasadas  y sus contrataques rechazados. Pero los  avances no sobrepasaron el kilómetro y costaron 39.000 bajas a los australianos y británicos, y pérdidas similares entre los alemanes.

El uso de asaltos secuenciados y con objetivos limitados permitía conservar el potencial de combate sin  disiparlo al primer choque. Explotando la superioridad numérica artillera, se pudo colocar potentes y precisos bombardeos que deshacían los contrataques alemanes, obligados a situarse dentro del alcance de la artillería enemiga.  Plummer impuso intervalos de 4 a 6 días entre cada movimiento.

 Después de repetidas conversaciones telefónicas con Von Lossberg, Ludendorff viajó al sector para tratar directamente la situación con los comandantes locales. Finalmente decidieron establecer una correspondencia  entre una división del frente con una división de reserva respaldándola para facilitar los contragolpes. Aunque Ludendorff estaba desolado por el sobresfuerzo de potencial humano que se requería, aceptó la medida. 

Al cabo de otra breve pausa el 4 de octubre tropas canadienses y británicas del 5º ejército treparon hacia la cuesta de Broodseinde. La novedad es que se suprimió el bombardeo preliminar, simultaneando la actividad de la infantería y la artillería y la infantería, cubierta por barrajes de proyectiles de humo.  Aunque limitado en ganancias territoriales, apenas 650 metros, las pérdidas  alemanas  fueron de 26.000 hombres en apenas 24 horas. El desconcierto de los jefes alemanes fue patente, ya que las últimas contramedidas no parecían surtir efecto. Ludendorff ordenó  al IV ejército crear una zona avanzada con “una estrecha franja entre la línea de frente enemiga y la línea que nuestras tropas están manteniendo mediante defensa móvil. El enemigo tendrá que cruzar la franja al lanzar su ataque, y nuestra artillería tendrá tiempo de enfilarlos antes de que ellos alcancen nuestra principal línea de resistencia”. El IV ejército adoptó esta disposición reluctantemente, pero sus posiciones aguantaron las posteriores embestidas británicas, aunque pagando un alto precio en vidas. Dos divisiones que iban a ser trasladadas desde el Este a Italia fueron desviadas a Flandes. 

La acción británica y neozelandesa empezada el día 9 de octubre en Poelcapelle  terminó literalmente sepultada en el barro. El día 12 el avance de solo 100 metros hacía el pueblo cosntituyó un terrible martirio para los efectivos ANZAC implicados. Nuevos movimientos el 26 y el 30 de octubre, ahora con participación canadiense, toparon con los mismos obstaculos, a la vez que la resistencia alemana se endurecía. La agotadora insistencia permitió a los hombres de Haig posicionarse  a 500 metros de Passchendaele. Finalmente, el 6 de noviembre las ruinas de la aldea cayeron: una victoria pírrica, porque las líneas alemanas aguantaban firmes. La lucha se mantuvo crudamente en el saliente hasta el 10 de noviembre, cuando el barro definitivamente sepultó las esperanzas británicas al noreste de Passchendaele.

Por otro lado Haig quedó sometido a las decisiones del Consejo de Guerra interaliado constituido recientemente, lo que puso coto a la libre disposición de recursos que había tenido hasta entonces. 

Las cifras de la III batalla de Ypres recogían 245.000 bajas británicas, 8.000 francesas y 260.000 alemanas. Muchas de ellas, sobre todo en octubre y noviembre, fueron hombres heridos que se ahogaron en el barro y los cráteres inundados.

La actuación de los carros de combate fue muy discreta por las condiciones sumamente desfavorables del terreno. Según opinaba Heinz Guderian respecto a los blindados ingleses en el III Ypres: " la tropa inglesa de tanques, si bien fue utilizada en varias ocasiones siempre lo hizo con objetivos muy limitados, en diminutas secciones y en parte también en un terreno que se había convertido por la lluvia y los cráteres (...) en una desolación de barro (...) sus resultados fueron escasos debido a la táctica impuesta errónea".

De hecho, las críticas de los escépticos al empleo de los tanques  crecieron tanto que los cuerpos unificados que los agrupaban tácticamente se vieron en riesgo de ser suprimidos por los Aliados. Y sin embargo, solo 10 dias después, esos mismo cuerpos blindados consagrarían espectaculármente su papel como arma determinante en los campos de batalla de Cambrai. 

A diferente nivel, otra importante consecuencia del revés de Passchendaele fueron los manejos de Whitehall para neutralizar al jefe de estado mayor imperial, Robertson, de cuya gestión los políticos civiles, y especialmente el primer ministro,  desconfiaban cada vez más.