28.7.26

EL SERVICIO SECRETO ALEMÁN EN ESPAÑA DURANTE LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL

 Durante la Primera Guerra Mundial el servicio de espionaje alemán fue el pionero en España puesto que desde el comienzo había otorgado más importancia  al país debido a sus ituación geográfica y actitu neutral, con muchos sectores sociales y personalidades germanófilas. En 1914 la colonia alemana residente en España era de unas 5.000 personas, en general bastante prósperas al desempeñar oficios como ingenierías, maestrías y comercio. En 1916 había aumentado hasta los 75.000 miembros debido al engrosamiento por ciudadanos en tránsito que habían quedados bloqueados por el estallido del conflicto, las tripulaciones de navíos que habían buscado refufio en puertos españoles ( unos 100 ), huídos de Portugal desde marzo de 1916 al incorporarse esta nación a los Aliados en esa fecha, refugiados llegados desde EE.UU, Canada e Iberoamérica y hasta los soldados procedentes de Camerún que se habían internado en la Guinea española tras la caída de su colonia. Los otros miembros de las Potencias Centrales sumaban unos 25.000 individuos.


Arnold von Kalle fue el jefe del espionaje alemán. Desempeñaba desde 1913 el cargo de agregado militar en la embajada de Madrid. Tenía el grado de teniente coronel, y había creado una red de buenas relaciones y contactos en los mentideros sociales de la capital. Entre sus amistades se contaba Camilo de Torres y González-Arnau, cuyo hermano era secretario de Alfonso XIII. Kalle, que residía en la calle Castellana Nº23, se gano cierta fama de vividor, cuyo aspecto más espectacular fue su relación con Mata-Hari.


Estableció una estructura de espionaje e inteligencia a partir de  los consulados, unos 70 sumando los de Austria-Hungría. En el de Barcelona operaba Ostman van dee Leye y curiosamente el cónsul de Turquía, Fritz Ruggenberg. Kalle diseñó  una distribución territorial con agentes de sector que funcionaban desde locales y viviendas propias. Junto a estos agentes sedentarios existían agentes móviles, que servían de enlaces, frecuentemente mujeres. 


El número  de agentes ascendía a varios cientos, una parte españoles sobre todo entre los informadores, y ya más especializados los del Servicio Z ( Zerstorung Dienst ) para sabotajes. Los llamados agentes voluntarios no cobraban, mientras que los agentes a sueldo estaban profesionalizados, normalmente eran oficiales en la reseeva o los que tenían más graduación. Sobresalieron Karl Bonerman, destacaso en Algeciras para cubrir los movimientos navales en el estrecho de Gibraltar, o Richard Geyer en Palama de Mallorca para desplegar puntos clandestinos de abastecimiento para submarinos en las costas baleares. A partir de 1916 la construcción de una red semejante en Valencia y Murcia quedó en manos de un oficial naval, Wilhelm Canaris ( alías “Carl” ), antiguo tripulante del crucero Dresden, que llegó desde América del Sur tras el hundimiento de su buque en Chile. En octubre de 1916 embarcó en el U-35 de regreso a Alemania. En general las tareas de estas redes eran la recogida y comunicación de datos sobre entradas y salidas de barcos en los puertos, sus nombres, banderas, cargas, origen, destino y cualquier apreciación sobre sus características. Ocasionalmente abastecían de algunos productos a submarinos alemanes que se aventuraban al Mediterráneo, como sucedió con el U-21 del as Otto Hersing.

FOTO. WILHELM CANARIS EN 1905, COMO CADETE NAVAL

Sus ramificaciones se extendía a Francia, donde por ejemplo el periodista español Ricardo González Zuñiga fue detenido y condenado por espionaje, siendo fusilado en noviembre de 1916, probablemente gracias a las intercepciones de mensajes en Madrid y Berlín por los británicos.

Otra rama se extendía por Marruecos  para alentar a las harkas a la rebelión , utilizando la financiación a un lider local, Abd el Malek, y gestionada por el capitán en la reserva Albrecht von Koss, que había llegado a España procedente de Portugal en 1916. Incluso se organizaron actividades en Inglaterra y América, aprovechando las comunicaciones y lazos españoles con ese continente. 


Tambien tuvo un papel protagonista en el espionaje germano una figura llegada a principios de 1915, Hans von Krohn, que encajaba bastante bien en el tópico del espía por su apostura, dominio de varios idiomas, y estilo sigiloso, ocupando el cargo de agregado naval de la embajada. Solía moverse entre un inmueble de  la calle Orfila 5, el Hotel Palace y unas propiedades en Aravaca y Pozuelo. Contrajo  matrimonio al año siguiente con una heredera del cacao portugués, lo que no evito que tuviera una amante, Marthe Richer, que era una agente doble francesa. Un rocambolesco accidente de coche que sufrió Krohn en su compañía  fue ampliamente publicitado provocando una notable tirantez con su jefe Kalle.


25.6.26

ESPECIAL: EL TANQUE A7V

 El A7V marca un hito en el desarrollo armamentístico de Alemania porque  fue el primer carro de combate desarrollado y utilizado operativamente por esta nación durante  la Primera Guerra Mundial. Surgió como respuesta directa a la aparición de los tanques británicos Mark I en el frente occidental durante 1916 durante  la batalla del Somme, donde los aliados demostraron el potencial psicológico y táctico de esta nueva arma. El nombre “A7V” provenía del organismo militar encargado de su desarrollo: Allgemeines Kriegsdepartement, Abteilung 7 Verkehrswesen (Departamento General de Guerra, Sección 7 de Transportes). El ingeniero principal del proyecto fue Joseph Vollmer, considerado uno de los pioneros de la ingeniería blindada alemana. El trabajo de diseño comenzó en 1916 y el primer prototipo estuvo listo en abril de 1917.

A diferencia de los tanques británicos, concebidos específicamente para atravesar trincheras, el A7V se basó parcialmente en un tractor Holt estadounidense adaptado. Ello explica algunas de sus limitaciones mecánicas y de movilidad. El vehículo tenía una estructura muy alta y voluminosa, casi como una “fortín móvil”, lo que le otorgaba una presencia intimidante pero también un centro de gravedad inestable.

El tanque pesaba aproximadamente 31,5 toneladas, medía más de siete metros de longitud y requería una tripulación numerosa ( y excesiva): entre 18 y 25 hombres. Esta tripulación incluía conductor, mecánicos, artilleros y numerosos operadores de ametralladoras. Su armamento principal consistía en un cañón Maxim-Nordenfelt de 57 mm montado en la parte frontal. Además, disponía de seis ametralladoras MG08 de 7,92 mm distribuidas alrededor del casco, lo que le permitía defenderse desde múltiples ángulos. El blindaje oscilaba entre 15 y 30 mm según las zonas, suficiente para detener fuego de fusilería y metralla ligera, aunque no impactos de artillería pesada. 

En carretera podía alcanzar unos 15 km/h, velocidad relativamente elevada para un tanque de la época. Sin embargo, fuera de caminos firmes su rendimiento era muy pobre. Las trincheras profundas, el barro y los cráteres de artillería representaban obstáculos enormes para el A7V. Muchos se averiaron o volcaron antes incluso de entrar en combate. 

Alemania planeó inicialmente fabricar 100 unidades, pero las dificultades industriales y la situación de escasez de materias primas decisivas  hicieron que únicamente se completaran veinte. Esta cifra era insignificante frente a la producción británica y francesa, de varios miles de carros de combate para 1918 y previstos para 1919.

El bautismo de fuego del A7V tuvo lugar el 21 de marzo de 1918 durante la ofensiva alemana de primavera, cerca del canal de Sant-Quintín. Cinco tanques participaron en la operación, aunque tres sufrieron averías mecánicas antes de alcanzar el frente. Los dos restantes apoyaron a la infantería alemana y ayudaron a contener un pequeño contraataque británico.

La acción más famosa del A7V ocurrió el 24 de abril de 1918, durante la batalla de Villers-Bretonneux, en Francia. Allí tuvo lugar el primer combate entre tanques de la historia. Tres A7V alemanes se enfrentaron a tres carros británicos Mark IV.  En este enfrentamiento destacó el A7V denominado “Nixe”. Los tanques británicos equipados sólo con ametralladoras fueron incapaces de perforar el blindaje alemán, pero un Mark IV “macho”, armado con cañones de seis libras ( 57 mm), logró inutilizar al A7V mediante varios impactos directos. A pesar de ello, el combate demostró que el tanque se había convertido en un elemento decisivo de la guerra moderna. 

Otros A7V participaron posteriormente en operaciones cerca de Soissons y Reims en los combates de mayo y junio de 1918 y durante la Segunda Batalla del Marne. Sin embargo, el reducido número de vehículos y sus frecuentes problemas técnicos limitaron enormemente su impacto estratégico.

Aun así, el A7V tuvo una gran importancia histórica. Representó el nacimiento de las fuerzas blindadas alemanas y permitió a los ingenieros germanos adquirir experiencia en el diseño de carros de combate. Muchas lecciones aprendidas con este vehículo influirían posteriormente en el desarrollo doctrinal y tecnológico que culminaría décadas más tarde en los escritos y teorías de Heinz Guderian, y en los famosos Panzer de la Segunda Guerra Mundial.

Un ejemplar original del A7V ha sobrevivido hasta nuestros días: el “Mephisto”, conservado en el Australian War Memorial de Canberra, Australia.


FOTO EL MEPHISTO, ÚNICO A7V CONSERVADO ACTUALMENTE.



4.6.20

LA CAÍDA DE ALEMANIA: LA HUÍDA DEL KÁISER Y EL ARMISTICIO

Convocados en Spa 39 jefes con responsabilidad sobre grandes unidades o áreas del servicio, se planteó más o menos el siguiente dilema: ¿ luchar violentamente contra la “revolución” preservando el ordenamiento del Reich y la figura del Guillermo II , o permanecer pasivos evitando un enfrentamiento interno? El jefe del departamento de operaciones Heye, preguntó con más claridad. La respuesta fue que había que eludir la confrontación civil por encima de todo.

Hindenburg y Groener indicaron al káiser que el ejército ya no le respaldaba. Según una frase que el coronel Heye habría dirigido a Guillermo II, “ El ejército puede regresar a la patria bajo el mando de sus oficiales. Si Vuestra Majestad quiere ponerse al frente de sus soldados, puede hacerlo y será bien recibido, pero el ejército no combatirá ni dentro ni fuera de Alemania”.

Ese mismo 9 de noviembre  las cosas también se precipitaron en Berlín con demostraciones en fábricas y calles. Por contacto telefónico con la cancillería  el káiser se mostraba dispuesto a abdicar como emperador, pero deseaba conservar el título de rey de Prusia. De hecho, el canciller Max, antes de que la decisión fuese firme, anunció la abdicación y la preparación de una regencia. El comandante de la guarnición de Berlín, Von Linsingen, dio la orden de no disparar, ni siquiera para proteger edificios públicos.

Ebert irrumpió en la cancillería exigiendo formar gobierno, apoyado por una resolución de su partido. El príncipe Max aceptó instantáneamente, aunque el acto rompía el último y tenue hilo de legalidad. El príncipe abandonó inmediatamente la capital, pero todos sus ministros fueron confirmados por Ebert, el nuevo canciller. Al atardecer, Schedeimann proclamó desde una ventana del Reichstag ante una congregación de público la República Alemana, aunque Ebert le reprochó que no hubiera aguardado a la celebración de la esperada Asamblea Constituyente, cuyas elecciones se harían en breve. Más o menos a la misma hora, en el ahora desierto Palacio Real, Liebknecht y unos cuantos partidarios proclamaban la República Socialista Libre.

A más de mil kilómetros, en Spa, en aquel momento el káiser firmaba su abdicación como emperador (aunque siguió resistiéndose a abandonar el título de monarca de Prusia). Hindenburg, preocupado por su seguridad y la actitud que tomarían los socialistas y los Aliados, sugirió que marchase a la cercana y neutral Holanda. A las cinco de la tarde Guillermo II se despidió de los presentes, excepto del general Groener (que de manera sospechosa seguía defendiendo que Guillermo II permaneciese con el ejército  y que el exilio no era necesario). Finalmente, tras algunos preparativos y consultas, el tren del antiguo emperador emprendió la marcha a Holanda a las cinco de la mañana del 10 de noviembre. El II Reich se había desvanecido en las nieblas de la Historia.


FOTO. EL KÁISER GUILLERMO II (  X BLANCA) EN LA ESTACIÓN HOLANDESA DE EIJSDEN EL 10 DE NOVIEMBRE DE 1918

El ambiente político y social de Berlín estaba en plena ebullición. Un centenar de adictos protobolcheviques dentro de las grandes empresas de la capital,  que habían incitado las huelgas en las fábricas de municiones del pasado mes de enero, irrumpieron en el Reichstag la noche del 9 al 10 dirigidos por Emil Barth y Richard Muller, y aprobaron unilateralmente convocar una reunión de delegados de los Rats berlineses en el Circo Busch para el día siguiente, para nombrar un “Consejo de los Comisarios del Pueblo”. Ebert decidió seguirles la corriente y ganarles por la mano. Podía obtener una segunda legitimación, aparte de su cargo de canciller del extinto régimen. Sabía además que el SPD tenía implantación suficiente como para superar a los sindicalistas protobolcheviques ( germen de los posteriores espartaquistas ) así como a figuras aisladas como Liebknecht.

El armisticio lo daban todos por descontado, y la noche del 10 al 11 de noviembre se le envió un telegrama a Erzberger en el que se le autorizaba a firmarlo, sin necesidad de nuevas negociaciones, para estupor del propio plenipotenciario, que había intentado conseguir unas condiciones menos severas en los encuentros de los días anteriores.

Durante la sesión en el circo se reunieron 2.000 delegados. Conscientes de que no iban a poder dominar el nuevo “Consejo de Comisarios” debido a la mayoría de delegados del SPD presentes, sobre todo los de extracción militar, Barth intentó deslizar la creación en paralelo “Consejo ejecutivo de soldados y trabajadores”, pero de nuevo el SPD neutralizó la jugada imponiendo la paridad entre sus componentes.


Finalmente se ratificó al acabar la sesión al “Consejo de los comisarios del Pueblo” que coincidía con el gobierno previo de Ebert, más tres comisarios-ministros del USPD. Esa misma noche recibió Ebert una llamada telefónica desde Spa. Era el general Groener, que se ponía a su entera disposición, pidiéndole a cambio que contuviera a los protobolcheviques y los Rats y mantuviera el orden.

Pero el mundo no estaba pendiente ya de los sucesos Berlín, ni siquiera de Alemania, tampoco sobre ninguna de las Potencias Centrales en procesos de desintegración. Aún menos en las crueles luchas revolucionarias en las ruinas del difunto imperio ruso. Sino en esa pequeña localidad francesa de Compiegne ya mencionada, donde había acudido la delegación perdedora a ponerse a merced de los vencedores.

Las condiciones del armisticio aceptadas por el gobierno Ebert suponían una rendición en la práctica, porque dejaban a Alemania abierta a cualquier acción de los Aliados. Se contemplaba la evacuación de todo territorio ocupado, incluyendo el mencionado en Brest-Litovsk, y de Alsacia-Lorena. Debía entregarse 5.000 cañones y morteros, y 30.000 ametralladoras, despojando así de armamento pesado al ejército germano. Los prisioneros de los países Aliados debían ser liberados unilaterálmente.  Unas 5.000 locomotoras tenían que ser puestas a disposición. Debía evacuarse el territorio alemán al oeste del Rhin, dejando tres cabezas de puente en la margen oriental del río. La Marina debía entregar los submarinos y buques de guerra en puertos designados por los Aliados. El bloqueo marítimo se mantenía, agravando aún más la penuria alimenticia. 

Eran mucho más duras que las propuestas por Wilson inicialmente, pero el revanchismo francés de Clemenceau y Poincare  había elevado el listón. Por otro lado, es posible que  el miedo a la bolchevización que empezaba a rondar a Foch frenara alguna de las demandas más extremas.



FOTO. LA DELEGACIÓN ALIADA EN LA FIRMA DEL ARMISTICIO. FOCH, EL SEGUNDO POR LA DERECHA CON ABRIGO Y CARTERA. WEMYSS, EL PLENIPOTENCIARIO BRITÁNICO,  TERCERO POR LA DERECHA JUNTO A FOCH.

El armisticio entró en vigor según lo estipulado a las 11.00 horas del día 11 del mes de noviembre, el undécimo del año.

Después de inmensos sacrificios, la Gran Guerra, la Guerra Mundial había terminado. Solo sería la Primera. En un hospital de Pasewalk, en Pomerania, se enencontraba el cabo Adolf Hitler recuperándose de un gaseamiento. En ese momento solo uno de los millones de hombres que habían servido en filas durante aquellos años y que se enfrentaba a un futuro incierto. Pero consideraba que el desafío no había terminado realmente. De momento, como él mismo escribió "sin nombre, yo no reunía las condiciones para poder ejercer una acción útil". 

Eso cambiaría algunos años más tarde.

El impulso que la guerra había dado a las masas a la búsqueda de participación, autoestima y nivel de vida ¿ hacia donde se orientaría?



30.5.20

LA CAÍDA DE ALEMANIA EN NOVIEMBRE DE 1918. ¿REVOLUCIÓN O PUÑALADA POR LA ESPALDA?

FOTO. ERZBERGER (CENTRO), DURANTE UNA VISITA EN SPA,  JUNTO AL GENERAL HAMMERSTEIN

El 30 de octubre el káiser se había trasladado al Cuartel General en Spa, tal vez tratando de sentirse más arropado por los miembros del Alto Mando, aunque este lugar le aislaba del crucial debate político y del centro de decisión administrativo del país en tan difíciles momentos. 

Allí fue donde le sorprendió el movimiento revolucionario de los marineros y la difusión de los Rat durante la primera semana de noviembre, los consejos de soldados y obreros. Los soldados de las guarniciones elegían sus delegados, las autoridades militares cedían y compartían las atribuciones, y las autoridades civiles, a regañadientes o temiendo un baño de sangre si se ofrecía resistencia, reconocían la nueva soberanía.


Los Rat tenían métodos de elección poco electorales o representativos. Simplemente una masa de obreros o de soldados de retaguardia aclamaban a sus compañeros más prestigiosos o elocuentes en locales grandes o en espacios abiertos, plazas, etc.

El 5 de noviembre Max confirmó las medidas de Noske en Kiel y en el norte, dándoles sanción legal y proporcionando otra baza a los socialdemócratas.

Entre el 4 y el 10 de noviembre los revolucionarios, envalentonados por la falta de oposición fueron ocupando ayuntamientos, estaciones de tren, comandancias militares y periódicos, con poca o nula resistencia por parte de las autoridades civiles y militares que seguían la consigna del gobierno Max y de los partidos que lo sostenían de evitar choques y derramamiento de sangre. Liberaron a los presos, como la bolchevique Rosa Luxemburgo y a otros disidentes. Karl Liebknecht, otro de los miembros del USPD, había sido liberado ya el 23 de octubre bajo los auspicios del gobierno Max. Era la plasmación de la “República de los Consejos”, según la bautizaban sus partidarios.


El SPD dio el visto bueno a todos estos actos, tal vez para anticiparse a los simpatizantes bolcheviques, y poder controlar el movimiento en su provecho. 


                           FOTO. EL GENERAL GROENER

Entretanto, el general Groener había regresado precipitadamente a Berlín con un informe alarmante de la situación militar, exigiendo un armisticio inmediato sin importar las condiciones, incluso contra los deseos del príncipe Max de intentar negociarlo un poco más de tiempo. Groener asumió un papel político reuniéndose con los líderes sindicales socialistas, imponiéndole al canciller una comisión de armisticio dirigida por Erzberger que debía acudir ante el mariscal Foch.




El 6 de noviembre llegó el comunicado de Wilson, informando que Foch, como jefe supremo de las fuerzas Aliadas, estaba dispuesto a recibir a una delegación en su Cuartel General en Compiegne. Apresurádamente la delegación partió aquella misma tarde dirigida por Erzberger. Al mismo tiempo Ebert, jefe del SPD, dio a Groener indicaciones para que el káiser abdicase, con el pretexto de que así se podría salvar la institución de la monarquía frente a las masas azuzadas por los revolucionarios izquierdistas ( aunque omitió recordar que parte de los ponentes y activistas eran subordinados del propio Ebert)



A continuación, Groener regresó a Spa con una misión: desactivar la resistencia del ejército al armisticio y al cambio de régimen, y obtener la abdicación de Guillermo II.


El viernes 8 de noviembre, junto a los agregados militares que se les habían incorporado al pasar por Spa, la delegación de Erzberger se presentó ante Foch. En realidad no había propuestas que tratar. Foch simplemente puso ante la delegación alemana una lista de condiciones elaboradas por las autoridades de los países Aliados, en forma de ultimatum con tres días de plazo. Era una capitulación simple y llana, pero la delegación, en su entreguismo, tampoco estaba dispuesta a levantar la voz y solo trató de suavizar algunas condiciones menores. 

Estas circunstancias caóticas respaldarían más tarde la interpretación de que Alemania se había venido abajo a consecuencia de los manejos de elementos subversivos internos, esencialmente socialistas, bolcheviques y judíos, implicados en una campaña internacionalista traidora. Fue la teoría de la "puñalada por la espalda" que sería manejada por Hindenburg y otros nacionalistas.



Ahora la cuestión crucial era la actitud que tomaría el ejército del frente Occidental, que aún no estaba subordinado a los políticos de Berlín y de los Rats de la Alemania metropolitana. El káiser pensaba que su retorno al país calmaría la situación y que sostendría al régimen. En cambio, el canciller Max y Groener pensaban que la presencia del káiser era el último obstáculo para obtener el armisticio, por draconiano que fuera, y para intentar mantener la disciplina en las ciudades. Sostuvieron esa tesis ante el resto del gobierno de manera abierta, y de manera más encubierta ante los militares en Spa.




10.4.20

MÁS ALLÁ DE LA LÍNEA HERMANN

Entre las consecuencias de la ruptura de la Línea Hindenburg estaba la imposibilidad de completar las obras de la apenas esbozada Línea Hermann que discurría a decenas
de kilómetros detrás de ella, y que debía proteger Valenciennes y Le Cateau. 

Retirándose bajo el acoso y  observación de la RAF, los alemanes se instalaron en las precarias posiciones junto al río Selle, donde las vanguardias británicas entraron en contacto con ellos el día 13 de octubre de 1918.

Durante cuatro días hubo una pausa mientras se desplazaba la artillería a los nuevos emplazamientos adelantados y se reorganizaba la cadena logística. Luego, a las 5.20 horas del 17 de octubre, el 4º ejército de Rawlinson, reforzado por el II cuerpo norteamericano, golpeó entre Le Cateau y el bosque de Andigny. El avance fue limitado debido a la notable y algo inesperada resistencia de las tropas alemanas, pero al terminar la jornada el 4º ejercito había avanzado cinco kilómetros junto con su vecino, el 1º ejército francés de Debeney. 

Al día siguiente el ataque continuó y al acabar el día 19 de octubre los Aliados habían penetrado la Línea Hermann con una cuña de 11 kilómetros de ancho y nueve de profundidad. El 3º ejercito de Byng se sumó al movimiento con un asalto nocturno a las 2.00 horas. El río Selle fue atravesado sin sin muchos problemas, y al anochecer siguiente sus unidades estaban acampando en el altiplano al este del cauce. 


MAPA.LAS LINEAS DE FRENTE Y LAS LINEAS FORTIFICADAS EN 1917-18 EN EL FRENTE OCCIDENTAL: S SIGFRIDO, W WOTAN, H HAGEN, M MICHAEL

Tras la pertinente pausa para asegurar las comunicaciones, el día 23 de octubre el 3º y 4º ejércitos cooperaron para alcanzar el bosque de Mornal, en una penetración de 13 kilómetros hacia el este, tomando 7.300 prisioneros. Por esas fechas los rumores sobre las negociaciones con Wilson y el posible armisticio se habían filtrado en el interior del ejército alemán, y comenzaron a aparecer a gran escala los primeros síntomas de desánimo.

Groener, el sucesor de Ludendorff, se desplazó a Spa. Allí, los oficiales jóvenes mantenían todavía el espíritu combativo y propusieron algunos planes de acción. Las impresiones de Groener en sus rápidas inspecciones y entrevistas fueron menos favorables, señalando en particular lo incompletas de efectivos que estaban muchas unidades a nivel de batallón, o la escasez de oficiales de campo. Había una preferencia estratégica por continuar una retirada ordenada hacia la línea Amberes-Mosa,  evitando el peligro de una ruptura del frente. Pero la línea solo ofrecía ventajas de amparo geográfico y urbano, puesto que no había sido fortificada. Y suponía abandonar todo el oeste de Bélgica.

Pero lo más sombrío fueron las informaciones que llegaban desde la patria: la proclamación de una "república de los trabajadores en Munich", la toma de las calles por multitudes confusas compuestas por  tropas de los depósitos de retaguardia y de civiles instigados por el SPD, USPD y otros grupos izquierdistas, portando banderas rojas y entonando himnos revolucionarios.

Groener regresó apresuradamente a Berlín, y sus afirmaciones iban a sellar el destino de Alemania.

8.4.20

LA DEFENESTRACIÓN DE LUDENDORFF. LA PROYECTADA SALIDA DE LA FLOTA Y EL AMOTINAMIENTO DE LOS MARINEROS DE KIEL


Ante las crecientes presiones desde ámbitos políticos y civiles para que abdicara (como el periódico Frankfurter Zeitung, que el día 24 de octubre afirmaba que solo la abdicación podía asegurar unas condiciones de paz razonables), Guillermo II se inclinó a respaldar al canciller Max von Baden en su divorcio del Alto Mando. El canciller y el Reichstag parecían apostar por un regencia y un armisticio inmediato que mantendrían el régimen del II Reich, aunque reformado. Por otra parte, el espectro de una revolución de cuño soviético era una posibilidad  manejada a conveniencia, bien para favorecer la abdicación, aduciendo que las masas socialistas  se alzarían y destruirían el estado, la administración y todas las instituciones si no se producía. Pero ese latente temor revolucionario bolchevique servía igualmente para sostener la permanencia del káiser.  El 26 de octubre, a las 10.00 horas de la mañana, tuvo lugar una tormentosa reunión en el palacio Bellevue de Berlín en la cual Ludendorff fue destituido, después de que el káiser le echara en cara su inicial  propuesta de armisticio y la orden del día que había transmitido sin autorización el 24 de octubre.

 A Hindenburg se le ordenó mantenerse en su puesto para tratar de mantener la calma del Heer, pero imponiéndole como segundo al mando al general Groener, de origen suabo, especialista técnico pero derrotista, bien relacionado con el partido socialdemócrata, dotándole de los amplios poderes que había ostentado el anterior lugarteniente general. Aparentemente, Ludendorff había pensado  que su hasta entonces jefe y amigo desde aquellos heroicos días de 1914 en Prusia Oriental mantendría la solidaridad de equipo, incluso en una disputa contra el káiser, y experimentó una amarga decepción ante la actitud de Hindenburg de no querer dimitir conjuntamente. Significativamente, Ludendorff se negó a subir con el mariscal al coche que debía de conducirles de regreso al OHL. Por su parte, es muy posible que Hindenburg hubiera perdido la confianza en su compañero de fatigas. Su mayor sutileza política le hizo comprender que la veloz degradación del ambiente interior en Alemania tenía su origen en la inoportuna petición de un armisticio hecha por Ludendorff  hacía casi un mes, que había producido un incontrolable efecto en cadena. Lo cierto es que, después de estos acontecimientos, la relación amistosa entre ambos hombres se extinguió por completo.

A la hora de la verdad, esta brusca sustitución en la cúpula del OHL solo precipitó todavía más la caída en picado de la moral y la descomposición interna. Y con ellas brotaron la contestación a la misma estructura imperial. Desde el 20 de octubre, cuando se le había ordenado suspender la campaña submarina, la jefatura de la Kaiserliche Flotte se habían desmarcado de las decisiones del gobierno Max. La situación se precipito el 28 de octubre cuando el almirante Scheer, deseando a la vez salvar el honor de la flota, hacer una demostración de solidaridad al ejército de tierra y rechazar la desmovilización informal que propugnaba Berlín, programó una salida para arrastrar a la escuadra británica a un combate abierto. Scheer le encargó la ejecución de la operación a Hipper, aprovechando que la suspensión de la guerra submarina dejaba libres a los sumergibles para el cometido de apoyar a la Hochseeflotte.

De hecho, aunque arriesgado, el plan esta bien concebido a partir de las lecciones extraídas de la batalla de Jutlandia: las fuerzas livianas de cruceros ligeros y destructores navegarían frente la desembocadura del Támesis para arrastrar a la Grand Fleet procedente de Scapa Flow, y se plantearía un combate con el grueso de la Hochseeflotte, de un par de horas de duración frente a la costa frisia, aprovechando el crepúsculo que siluetaría a los barcos enemigos. Tras el choque, los acorazados y cruceros de batalla alemanes se retirarían a través de los pasillos en los campos de minas propios que estarían a mano, y a continuación sus destructores atacarían durante la oscuridad a los británicos. Con estos métodos se anularía la superioridad numérica de la Royal Navy. También se habían preparado varias barreras de submarinos con 25 unidades y varios campos de minas ofensivos en la ruta previsible de los británicos. 


MAPA. PLAN DE LA SALIDA DE LA FLOTA ALEMANA A FINALES DE OCTUBRE DE 1918


Sin embargo, en el ambiente de desmovilización y de expectativa de un final próximo de la guerra, la operación fue tildada de suicida por una parte de la marinería, “calentada” por los agitadores marxistas de la rama más revolucionaria USDP y otros sindicalistas protobolcheviques que recorrían las tabernas y tugurios de los puertos.

Estallaron amotinamientos en algunos navíos y deserciones, incluso saltando de los buques durante el tránsito por el canal de Kiel, como ocurrió en los cruceros de batalla Derflinger y Von der Tann.  En el acorazado Thüringen más de 300 marineros fueron arrestados, después de que varios destructores y submarinos tuvieran que apuntar sobre él. También hubo disturbios en el acorazado Helgoland. Para tratar de apaciguar los ánimos la flota fue dispersada. Solo una parte quedó en la rada Schilling de Wilhemshaven, el punto de donde debía haber zarpado la expedición. Otra escuadra retornó a Kiel el viernes 1 de noviembre. Pero las contramedidas de las autoridades en la base de Kiel no surtieron efecto. Una delegación enviada al comandante de la base exigió la liberación de los arrestados. El 2 de noviembre se produjeron reuniones de marineros con cargadores, infantes de marina y otro personal del puerto, con lo que los revoltosos fueron envalentonándose. A partir del domingo 3 de noviembre las protestas se extendieron con la participación de operarios de los astilleros, formando una gran multitud en uno de los campos de instrucción, con exigencias de una paz a cualquier precio y la dimisión del káiser. Se produjo un tiroteo con un retén de guardia dirigido por el teniente Steinhauser, que resultó muerto junto con una decena de personas, y 30 fueron heridas. El comandante de la base, ante el sesgo de los acontecimientos, se inhibió, y a mediodía el puerto y las instalaciones habían caído en manos de los amotinados.

Fueron enviados por el gobierno la tarde del día 4 de noviembre a la localidad los diputados Haussmann (liberal) y Noske (socialdemócrata) para sondear el ambiente y tratar de apaciguar los ánimos. Noske prometió una amnistía a los amotinados, anunciado que pronto se firmaría un armisticio. Se autonombró gobernador de la región y transmitió a Berlín las ofertas que había hecho a los revolucionarios, entre ellas la abdicación del káiser. Durante los primeros días de noviembre de 1918 los disturbios se extendieron a otros puertos alemanes como Lübeck el día 5, Hamburgo y Bremen a la mañana siguiente, y hasta Tilsit en el extremo oriental de la nación.



                                    FOTO. EL DIPUTADO NOSKE ( CON SOMBRERO CIVIL) EN UNA DE SUS ALOCUCIONES A LOS MARINEROS DE KIEL EN OCTUBRE-NOVIEMBRE DE 1918

1.11.19

EL CÁUCASO BAJO EL PROTECTORADO DE LAS POTENCIAS CENTRALES

En el tratado de paz entre la Rusia bolchevique y lasPotencias Centrales rubricado en Brest-Litovsk se contemplaba explícitamente la retirada rusa del Cáucaso. La república federal de Transcaucasia, aque agrupaba los territorios de Georgia, la Armenia del lago Sevan y Azerbayán fue proclamada el 22 de abril de 1918, con capital en Tiflis.

Los tempranos desacuerdos entre georgianos, armenios y azerbayanos llevaron a su rápida disolución, aunque en términos inicialmente  pacíficos. Así, el 26 de mayo fue proclamada la república democrática de Georgia. Se instauró en ella un gobierno menchevique con el presidente Noe Ramishvili, reconocido por las Potencias Centrales y el vecino Azerbayán. La Legión Georgiana sirvió de base al nuevo ejército nacional. El nuevo país incluso declaró la guerra a los Aliados. No obstante sus perspectivas se enturbiaron por las pretensiones encontradas de los turcos y los alemanes sobre la zona.

                                             FOTO. NOE RAMISHVILI, PRESIDENTE DE GEORGIA EN 1918

Se despachó un cuerpo expedicionario germano a Georgia que partió desde Crimea, llegando al puerto de Poti el 2 de junio de 1918. Estaba dirigido por el general Von Kresstein, con tres regimientos y destacamentos especialistas de morteros, ametralladoras y transmisiones, e incluso el 28º destacamento aéreo, en total 5.264 hombres. A ellos se añadieron unos cientos de alemanes étnicos del territorio que formaron una agrupación paramilitar de auxiliares. Este cuerpo fue distribuido en Tiflis, Poti, Ochamchire, Kutaisi y Borchalo.

El ejército georgiano de 15.000 hombres estaba ahora bajo la dirección de Giorgi Kvnitadze. Fue situado en las fronteras con Armenia, que era simpatizante de los Aliados, y en los confines con Turquía, en Batumi y Ardahan. Menudearon los incidentes con el 3º ejército turco desde junio, con saqueos de aldeas como Okham o Mirashkhan a manos de la caballería auxiliar kurda. Más trascendental fue el avance de la 5º división de infantería turca que entró en Bogdanovka y Bakurian. La 9º división de infantería turca libró un combate más serio en Vorontosovka, que incluyó la captura de un puñado de soldados alemanes, lo que obligó al primer ministro turco Enver a acudir en persona a Batumi para apaciguar la situación. Los límites de Georgia fueron  reconocidos, incluyendo Batumi y Ardahan. A cambió Turquía veía aumentada su participación económica en Azerbayán y el proyecto de un ferrocarril Tiflis-Bakú.

Durante el resto del año 1918 las tareas del ejército georgiano se circunscribieron a patrullar las fronteras para ahuyentar a las bandas de rusos blancos y a los bolcheviques comunistas, que alentaron revueltas en Zugdidi y Abjasia, sofocadas con ayuda alemana. El 6 de julio fue pacificada Sochi, y el día 27 de julio el puerto de Tuapse. Entrado el otoño los armenios desafiaron el 18 de cotubre el control georgiano de las comarcas de Lori y Akhalkali, con presencia de minorías armenias. Dos trenes blindados y 250 hombres fueron suficientes para repeler la incursión, aunque esta se repitió el 23 de octubre en el poblado de Karinj, con resultados igualmente infructuosos para los armenios. El 10 de noviembre sde 1918 e firmó un precario alto el fuego entre ambas partes, que sería rotos pocas semanas después de finalizar la Guerra Mundial.

La situación creada por Brest Litvosk respecto a Armenia fue bastante compleja. Por una parte reconocía la entrega de Kars a los turcos. Las guarniciones de rebeldes armenios que habían apoyado en su momento al ejército ruso quedaron libradas a su suerte: después de tres semanas de asedio que costó la vida a 1.000 turcos y 500 armenios, el 29 de marzo de 1918 Erzurum fue evacuada por los armenios.

Milicias armenias en Batumi fueron vencidas el 11 de abril, dejando tras de si importantes arsenales que habían pertenecido al ejército zarista, como 250 cañones y muchos vehículos. Por esos días, más al este, en Macu se encontraron tropas del 3º ejército turco y fuerzas persas que tomaron represalias contra los habitantes armenios.

Finalmente las tropas turcas llegaron a Kars, protegida por 5.000 armenios, que terminaron pactando una retirada el 25 de abril. La desmoralización estaba cundiendo entre ellos, porque habían dispuesto de los depósitos del ejército ruso con cientos de cañones, 2.500 fusiles y abundantes raciones alimenticias.

                                                      FOTO. EL GENERAL ANDRANIK  T.  OZONIAN

En núcleo aislado de Van fue recuperado por los turcos el 3 de mayo de 1918. Sin embargo, estos sufrieron un grave contratiempo en Sardarabad entre el 21 y el 27 de mayo, teniendo que retroceder hasta la margen occidental del río Aras. Al día siguiente fue proclamada la República Democrática Armenia, con el presidente Hovhannes Kajaznuni, que procedió a buscar el patrocinio de los Aliados. No obstante en Nagorno Karabaj surgió otro poder armenio bajo el mando del general Andranik Ozanian con 5.000 hombres, disconformes con el tratado de Batumi firmado por la República de Armenia con el imperio turco. Procedió a establecer lazos con la Rusia bolchevique, configurando la República Montañesa Armenia.


27.10.19

CONTINUA LA OFENSIVA DE LOS 100 DÍAS: MOSA-ARGONNE



Una vez completada la reducción del saliente de Saint Mihiel los norteamericanos centraron su atención en la vecina región del Argonne para disponer un ataque orientado hacia Sedán y el ferrocarril que abastecía a los alemanes de la zona. Mientras el 1º ejército norteamericano hacía sus preparativos, varias acciones de diversión fueron ejecutadas para tratar de desorientar al Alto Mando Alemán, haciéndole creer que el siguiente movimiento estaría dirigido contra Metz o el sur de Alsacia.

El Argonne estaba custodiado por divisiones incompletas del III y V ejércitos alemanes pertenecientes al Grupo de Ejércitos de Gallwitz. El terreno abrupto, en cambio, las favorecía en su papel defensivo. Las fortificaciones, después de cuatro años de ocupación, estaban bien diseñadas aunque su mantenimiento no había sido concienzudo al ser hasta entonces un segmento relativamente tranquilo. Justo detrás se alzaban tres barreras inacabadas: la Ekkehard, Giselher y el tramo oriental de la línea Hunding: la Kriemhild (Crimilda), totalizando 16 kilómetros de profundidad.

La línea Hunding había sido originalmente ideada para contener posibles acciones francesas contra el flanco sur del saliente de Noyon y los parajes de la Champaña. La parte más occidental de la línea fue individualizada con el nombre de Brunhild (Brunilda) y la más oriental, que recorría Champaña y el Argonne, como Kriemhild (Crimilda). Sus trabajos se iniciaron en marzo de 1917, a un ritmo lento en comparación con los emprendidos en las líneas más septentrionales de Flandes, Wotan y Sigfrido, puesto que se percibía al ejército francés como menos amenazador y porque el terreno boscoso y de colinas ofrecía de manera natural más abrigo a las tropas alemanas.


                      FOTO. FACHADA DE UNO DE LOS BUNKERS ALEMANES QUE PROTEGÍAN LA LÍNEA KRIEMHILD (CRIMILDA)

La llamada ofensiva del Mosa-Argonne dio comienzo el 26 de septiembre cuando el 1º ejército norteamericano, secundado por algunas unidades francesas, atacó a lo largo de 30 kilómetros desde Forges hasta el bosque de Argonne. El asalto fue frenado en seco por los defensores alemanes, que infligieron fuertes pérdidas al 1º ejército, pero los norteamericanos  hicieron valer  su ventaja numérica e insistieron en sus actuaciones. Los carros ligeros FT Renault fueron utilizados pródigamente, tanto los de los batallones norteamericanos 343º y 345º como los carros de tres batallones franceses de apoyo. Hacia el 3 de octubre finalizó la primera fase de la operación.

Tras tres semanas de cruenta lucha el 1º ejército de Hunter Liggert alcanzó por fin la línea Kriemhild, con un tiempo cada vez más tormentoso, el 14 de octubre. Sobre las alturas de Romagne, sobre la que pasaba la línea Kriemhild convergieron tres divisiones estadounidenses. El punto más sólido estaba en el vértice Dame Marie, una cresta asegurada por reductos que contenían cientos de ametralladoras, apoyados por artillería. La penetración, planeada como un envolvimiento doble acompañado por un ataque frontal de diversión por el centro, se alargó durante cuatro durísimos días de enfrentamientos, con pérdidas importantes para todos los contendientes. Los alemanes terminaron cediendo y se retiraron en demanda de la proyectada pero casi inexistente línea Freya.

Mientras el 2º ejército de Robert E. Brullard empujaba hacia el noreste entre el Mosa y el Mosela. De nuevo la llegada de refuerzos alemanes ralentizó los progresos y hacia el 31 de octubre concluyó la segunda fase de la operación. Tras un descanso, una tercera fase se pondría en marcha en noviembre.

8.9.19

INCERTIDUMBRE Y DESESPERACIÓN EN BERLÍN: EL GOBIERNO DEL PRÍNCIPE MAX VON BADEN (II PARTE)


¿ Qué postura adoptaban los principales dirigentes de los Aliados? Foch y Clemenceau se citaron el 16 de octubre. Ambos pensaban que el debilitamiento de la fuerza de Francia se agudizaría si la guerra se alargaba, y en consecuencia esto dañaría la posición del gobierno francés en la mesa de negociaciones. No obstante, creían que era una buena idea mantener las duras exigencias de Foch aprovechando el marasmo que mostraban las Potencias Centrales.

El gabinete de Lloyd George fue informado por Haig el día 19 de octubre de que las dificultades logísticas y la aproximación del invierno hacían necesario garantizar el armisticio incluso suavizando las condiciones. Los políticos británicos se mostraron receptivos al punto de vista de Haig, entre otras cosas porque pensaban que prolongar la lucha solo fortalecería la postura norteamericana en las negociaciones de paz.

En Alemania, en cambio, las acentuadas diferencias de opinión entre los ministros y consejeros aumentaron la sensación de incertidumbre y vacilación. Von Baden replicó afablemente a la nota del 14 de octubre del presidente Wilson, prometiendo poner fin a los ataques submarinos contra buques de pasaje. Asimismo reafirmaba su vocación parlamentaria, lo que debía (a juicio ingenuo de los liberales y socialdemócratas alemanes) facilitar el camino a una paz justa.

Sin embargo el Alto Mando  no aceptaba la concesión de suspender la guerra submarina. Hindenburg además añadió el 20 de octubre que si esta negativa producía la ruptura de las conversaciones, el gobierno “debía tener claro la necesidad de luchar por nuestro honor hasta el último hombre”.  

A partir de este momento, las responsabilidades por lo acaecido en Alemania hasta el 11 de noviembre de 1918 se abren a diferentes interpretaciones. Hay quien considera que el OHL quiso marcar distancias con el gobierno civil tras haberlo obligado a negociar, intentando endosarle la responsabilidad de la derrota inminente. 

El estado difícil del ejército es evidente a partir de lo que recogió en sus memorias el canciller a partir de su correspondencia con el príncipe Ruperto: “Nuestras tropas están agotadas (…) en general la infantería de una división puede ser considerada equivalente a uno o dos batallones, y en ciertos casos solamente equivalentes a dos o tres compañías (…) en ciertos ejércitos, el 50% de los cañones carecen de tiros de caballos. La moral de las tropas ha sufrido seriamente y su poder de resistencia disminuye diariamente. Se rinden en hordas, ante cualquier ataque enemigo y miles de saqueadores infestan los distritos alrededor de las bases. No tenemos más líneas preparadas, y no se pueden excavar más. Hay escasez de combustible para los camiones, y cuando los austríacos cedan, y no consigamos más petroleo de Rumanía, en dos meses se detendrá nuestra aviación”. Pero no esta nada claro que Max von Baden recibiera las mismas respuestas pesimistas de todos los comandantes de grupos de ejército,  ejércitos y cuerpos de ejército.

Lo que fue evidente es que el divorcio entre el nuevo gobierno y el OHL llegó a su punto de ruptura a partir de segunda quincena de octubre de 1918.

Apoyado por los distintos ministros en la cancelación de la guerra submarina, Max von Baden amagó con dimitir para forzar al káiser a respaldar la cláusula que prometía poner fin a la campaña de los sumergibles en la respuesta a Wilson. Hindenburg y Ludendorff retuvieron el borrador y se distanciaron políticamente de la medida. Sin embargo, fue el mensaje fue enviado  a pesar de esta oposición.

La tercera nota de Wilson llegó el 23 de octubre y tuvo el efecto de una bomba. Afirmaba que los gobiernos Aliados acordarían un armisticio, pero con la condición inexcusable de no reanudar las hostilidades. Luego llegaba la exigencia explosiva: el rechazo a las autoridades militares y monárquicas alemanas, “El gobierno de EE.UU no puede sino tratar con los verdaderos representantes del pueblo alemán (…) si se debe tratar con los jefes militares y los autócratas monárquicos de Alemania (…) será exigida no la negociación de paz, sino la rendición

Por tanto, aparecía una nueva condición a las claras: la abdicación del káiser y la subordinación del ejército al nuevo poder civil. Naturalmente hacer semejante cambio en pleno conflicto bélico suponía anular la capacidad de lucha de Alemania. El coronel Haeften, comisionado del OHL ante el ministerio de exteriores explicó por teléfono las demandas de Wilson a Ludendorff y los otros líderes del Alto Mando que permanecían en el cuartel general de Spa. Fueron rechazadas de plano. Ludendorff clamó pidiendo el final de las negociaciones con Wilson y combatir a toda costa. Fue secundado por Hindenburg, que telegrafió al canciller.


Pero no fueron los únicos en pronunciarse. Aparentemente, el príncipe Ruperto habría comunicado a Max von Baden que Ludendorff no asumía la gravedad de la situación y “Debemos asegurar la paz a toda costa antes de que las fuerzas enemigas entren en Alemania”. 
                                           FOTO. EL BARÓN KURT VON LERSNER


El barón Kurt von Lersner habló todavía más claramente. Era el enlace entre el ministerio de exteriores y la cancillería ante el OHL. Dijo que la situación era mucho peor que tres semanas antes y dio a entender que el Heer aceptaría la destitución de Ludendorff, hasta entonces una figura incuestionable.

6.9.19

LA DESINTEGRACIÓN DE AUSTRIA-HUNGRÍA. VITTORIO VENETO.

Ya desde 1917 la situación política interna de Austria-Hungría se había complicado seriamente. El jefe del Partido Nacional  Checo, Kramar, había sido arrestado por traición, aunque fue amnistiado poco después. Sin embargo las demandas crecientes de mayor autonomía estaban cada vez más extendidas entre los círculos políticos de las diferentes nacionalidades de la monarquía habsburguesa. Y algunos, como Kramar en Bohemia, Markov en Galitzia o Trumbic en Croacia, que proponían ir más lejos aumentaban el número de seguidores, en parte aprovechando que la suspensión del parlamento austríaco. Los polacos, impactados por la declaración de independencia de Ucrania auspiciada por los alemanes también se incorporaron a la corriente reivindicativa.
                                                   FOTO. KAREL KRAMAR, LIDER NACIONALISTA CHECO, A LA IZQUIERDA.

En Francia y Gran Bretaña, el principal líder nacionalista checo, Thomas Masaryk, huido desde 1915 de su país, se mantenía activo a través del Consejo Nacional Checo fundado en1916 realizando varios viajes a Rusia para promover la Legión Checa. Aunque su labor tuvo un eco limitado, fue muy publicitada por los Aliados.

A principios de 1918 había indicios de desmoralización en la flota austrohúngara: en la base de Cattaro se produjo un motín a bordo de los cruceros acorazados Sankt George, Kaiser Karl VI y los acorazados predreadnought Kronprinz E. Rudolph y Kaiser Franz Joseph I. Fue sofocado dos días después gracias a la fidelidad de los tripulantes de los cruceros ligeros y destructores presentes en el puerto.No obstante, provocó la alarma de las autoridades, y el relevo del almirante Njegovan el 27 de febrero como Flottenkommandant en favor de M. Horthy, promovido al rango de contralmirante.

Mientras seguía la agitación separatista. Los acuerdos de Pittsburg fueron suscritos el 30 de junio de 1918 entre Masaryck y varios delegados eslovacos. otorgaban a la lengua de estos  rango oficial en el futuro estado y sería impartida en la enseñanza. En la misma Praga se formó una delegación interior del Consejo Nacional de Checoslovaquia en el mes de julio.  Los británicos reconocieron al Consejo Nacional como un interlocutor oficial el 9 de agosto.

La retirada de Albania con orden fue organizada por Pflanzer-Baltin tras el armisticio búlgaro a finales de septiembre, aunque no fue consensuada con Berlín.

 Ante el marasmo creciente y las vacilaciones aparecidas en su socio alemán, el 4 de octubre Carlos envió un mensaje al presidente Wilson, advirtiendo previamente a Berlín. La respuesta fue la insistencia de Washington en los derechos de checos y eslovacos. El día 14 de octubre se había reunido un gobierno provisional checo. Una semana después hasta los austriacos alemanes convocaron un debate sobre la nueva estructura política. El 6 de octubre un gobierno provisional  reunido en Agram (Zagreb) proclamó el estado yugoslavo. Carlos intentó reconducir la situación declarando el establecimiento de un imperio federal a mediados de mes; entretanto permanecía en Hungría intentando asegurarse apoyos. Las tropas del Honved del frente italiano se retiraron de sus posiciones, con el argumento de defender el suelo del reino húngaro. Los regimientos alpinos que debían reemplazarlos desertaron, lo que ahondó la desmoralización. El 20 de octubre Wilson dio un paso adelante y sustituyó la reclamación de simple autonomía  para las nacionalidades por la exigencia de independencia, pretextando que Estados Unidos había contraído obligaciones con las reivindicaciones de todos los pueblos eslavos del imperio austrohúngaro. En Fiume estalló el día 23 una revuelta de las tropas croatas de la guarnición que todavía pudo ser reprimido.

Los italianos habían pensado originalmente, en vista del agotamiento de los recursos propios y las divisiones sociales y políticas cada vez más profundas, en reanudar su ofensiva en 1919. Cambiaron de opinión ante los avances de sus socios en Macedonia y las noticias del caos creciente dentro de Austria-Hungría.

La ofensiva definitiva  contra las tropas de Boroevic en el Véneto planeada por Armando Díaz empezó el 24 de octubre. El plan preveía un movimiento en pinza sobre el 6º ejército austrohúngaro, con la participación del 8º ejército italiano en el Piave, y del 4º ejército sobre monte Grappa más al oeste. Otros tres ejércitos italianos, el 10º. el 6º y el 12º, reforzados con divisiones francesas e inglesas deberían apoyar la acción. Paradójicamente fueron estos los que conseguirían la ruptura. Las primeras cabezas de puente las estableció el 8º ejército en la noche del 23 al 24 de octubre, pero hasta el día 26 no pudieron afirmarse. Los asaltos del 4º ejército en monte Grappa fueron rechazados firmemente. A pesar de la incertidumbre que reinaba en su patria, la mayoría de los soldados austrohúngaros todavía mantuvo la disciplina unas horas. Sin embargo el 10º ejército italiano y sus divisiones británicas si que lograron afirmarse en la orilla oriental del Piave: a partir del día 28 de octubre empezó un cruce masivo aunque la resistencia austrohúngara  se mantuvo un tiempo en torno a las fortificaciones de Feltre y Fonzaso. A partir del día 29 de octubre los regimientos eslavos se negaron a seguir combatiendo, a medida que se iban extendiendo las noticias de la declaración de independencia de Checoslovaquia y la de los croatas y eslovenos.


El 25 de octubre Michael Karoly estableció el Consejo Nacional  Húngaro en Budapest preparando abiertamente su divorcio respecto a Austria. Enterados de la orden de retirada del ejército húngaro en Italia, los miembros del Consejo Nacional de Checoslovaquia dieron un ultimátum a los funcionarios austriacos del castillo de Hradcany  al tiempo que se hacía con el control de las calles. Max von Cordenhove, gobernador de Bohemia aceptó la existencia del estado checoslovaco el 29 de octubre y también la retirada de funcionarios y militares de la anterior administración. Inmediatamente después fue arrestado por los checos, eso sí, muy protocoláriamente. A la vez, en Turciansky Svaty el Consejo Nacional Eslovaco se incorporó a esa entidad estatal (aunque prudentemente dejando la puerta abierta a una autodeterminación eslovaca). También ese mismo día y contando con el visto bueno de Serbia se proclamó en Agram que Croacia y Dalmacia  formaban parte desde ese instante de un estado nacional y soberano de eslovenos, croatas y serbios. En la ciudad eslovena de Laibach (Liubliana) y en la capital de Bosnia, Sarajevo se emitieron declaraciones en el mismo sentido: todas estas zonas quedarían englobadas en el estado de los Eslavos del Sur, Yugoslavia.

El 30 de octubre de 1918  se dieron manifestaciones con participación de socialdemócratas y elementos bolcheviques en la misma Viena llamando a la proclamación de una república. Ante el colapso interno, el emperador Carlos ordenó la transferencia de la flota al Consejo Nacional de los Eslavos del Sur. Los Aliados no reconocieron esta transferencia, y en la primera semana de noviembre capturaron las bases y los navíos. Los comandos navales italianos aprovecharon para dar un golpe de mano en Pola y hundir al acorazado Viribus Unitis.


FOTO. EL GENERAL BOROEVIC, POSANDO PARA UN RETRATO
En las operaciones en torno a Vittorio Véneto, tomada el 29 de octubre  cuando ya estaba negociándose el armisticio en villa Giusti, cerca de Padua, los italianos capturaron a 200.000 soldados austrohúngaros. Boroevic consiguió retirarse en orden hacía Carintia con 80.000 hombres que se habían mantenido fieles. Pero había dejado tras de si  430.000 de sus hombres prisioneros de los Aliados, y 30.000 muertos y heridos. Sacila fue tomada el 1 de noviembre y los italianos reconquistaron Udine al día siguiente, ya cerca de la frontera. Al mismo tiempo en los Alpes el 6º ejército italiano aseguraba la meseta de Asiago abriendo el paso hacia Trento que fue tomada el 3 de noviembre. Los italianos también desembarcaron en Trieste en ese momento. Las pérdidas italianas ascendieron a 38.000 bajas durante esta campaña final.

El 30 de octubre el Comité Nacional Húngaro declaró su plena independencia de Austria y los Habsburgo, y al día siguiente su líder Karolyi fue nombrado presidente, y los miembros del Comité pasaron a ser su gobierno. El conde Tisza, el antiguo presidente y encarnación del compromiso austrohúngaro, fue asesinado en su casa por un grupo de soldados desertores. Contra las esperanzas del nuevo gobierno, la disolución del reino húngaro se puso en marcha en Zagreb y Praga.

El armisticio se ratificó el 3 de noviembre que entró en vigor en la jornada siguiente, cuando aún no habían penetrado las tropas Aliadas en territorio austrohúngaro.

El día 8 de noviembre Borovic envió varios telegramas ofreciéndose para respaldar al gobierno de Viena, aunque solo fuera para utilizar a sus tropas como baza negociadora interna. Pero el emperador Carlos rechazó la oferta, temiendo un derramamiento de sangre. Su declaración final del 11 de noviembre fue la confirmación de la desaparición del K.u.K. la última institución unitaria que se mantuvo firme en la secular monarquía danubiana que ahora llegaba finalmente a su término. El 12 de noviembre la asamblea provisional nombró a Karl Renner canciller de la pequeña república de Austria.

13.8.19

EL IMPERIO TURCO ARROJA LA TOALLA



El armisticio búlgaro del 30 de septiembre tuvo graves repercusiones para los turcos. Tracia Oriental quedaba expuesta a un golpe Aliado, y las comunicaciones con Alemania cortadas haciendo casi imposible la llegada de los insustituibles pertrechos germanos. Los últimos fracasos en Siria, la llegada del nuevo canciller Von Baden y sus tanteos de paz a Wilson, las visibles vacilaciones de Berlín además de la ruptura de la línea Hindenburg en el frente occidental en la primera quincena de octubre, provocaron una seria agitación en el gobierno otomano. El día 8 de octubre dimitía el triunvirato de la CUP unionista ( Enver, Talat y Cemal) que había guiado al país durante toda aquella época turbulenta. Durante una semana se mantuvo un compás de espera ante las dificultades de hallar a un estadista con ánimo para enfrentarse ante tan complicado panorama. Finalmente Ahmed Izzet Pachá, que había dirigido a las tropas en el Cáucaso formó un gobierno cuya finalidad era tratar de llegar a un entendimiento con los Aliados. Para ello decidió emplear como enviado al jefe británico prisionero de mayor grado que se tenía bajo custodia, el general Charles Townshed, el defensor de Kut El Amara. Viajó inmediatamente a Lesbos, donde transmitió la  voluntad turca de acabar la guerra. A continuación se invitó a una delegación a viajar a la cercana isla de Lemnos, al puerto de Mudros, donde estaba una de las bases de la Mediterranean Fleet para entregarle un informe con las condiciones para un alto el fuego. Tras cuatro día de negociaciones se fijaron los términos del acuerdo. 


                                   FOTO. AHMED IZZET PACHÁ

Finalmente el 30 de octubre, a bordo del predreadnought Agamemnon. Las condiciones imponía a los turcos debían abrir los estrechos del Bósforo y los Dardanelos a las flotas Aliadas, entregando los fuertes anexos que tanto se habían resistido en la campaña de 1915. Las fuerzas armadas del imperio debían ser desmovilizadas, y entregarse los efectivos navales. Las redes de comunicación (telégrafo, radio) quedarían bajo control de personal británico y francés designado al efecto. Todos los prisioneros de guerra Aliados tenían que ser liberados, incluyendo a ciudadanos otomanos de origen armenio; en cambio los prisioneros de guerra turcos seguirían retenidos. Una clausula ambigua dejaba abierta la posibilidad abierta a que tropas de los ya virtuales vencedores ocuparan cualquier punto estratégico que considerasen conveniente. Se mencionaban Cilicia y las provincias armenias en particular.

Según lo acordado a las doce del mediodía del 31 de octubre, cesaron las hostilidades en Oriente Medio, Karabaj, Daguestan y el Egeo. En la noche del 1 de noviembre los dimisionarios jefes de los Jóvenes Turcos se trasladaron a un buque alemán para marchar al exilio en Odessa y a continuación a Berlín. Más tarde, Enver partiría al Asia Central donde hallaría la muerte en 1922 combatiendo contra los bolcheviques. Sus otros dos compañeros de triunvirato fueron asesinados por terroristas armenios en esas fechas.

5.8.19

CONTINUA LA OFENSIVA DE LOS 100 DÍAS: COURTRAI

El Grupo de ejércitos de Flandes que reunía 12 divisiones belgas bajo la dirección del rey Alberto, diez británicas del 2º ejército de Plumer, y seis francesas del 6º ejército, sincronizándose con la filosofía de golpear en todo el frente predicada por Foch puso en marcha dando lugar a lo que en ocasiones se ha denominado la V batalla de Ypres. El día 28 de septiembre con buenos auspicios. Fueron capturados todas los terrenos perdidos durante la batalla del Lys en el mes de abril anterior. En tres días la carretera de Menin, las infaustas alturas de  Paschendaele  y otros áreas disputadas durante los cuatro años anteriores cambiaron de manos. Hacia el 1 de octubre los Aliados se establecieron sobre la carretera de Menin a Roulers, totalizando 15 kilómetros de avance. Pero el estiramiento logístico y los barrizales provocados por las lluvias impusieron un alto.
                               MAPA. LA BATALLA DE COURTRAI

Aprovechando la mejoría del tiempo a mediados de octubre, el GAF aprovechó para reanudar el conjunto de acciones iniciadas a finales de septiembre. La nueva campaña fue desplegada a partir desde el 14 de octubre entre Dixmunde y Courtrai, apoyada por incursiones de bombarderos en las carreteras belgas. La ofensiva empezó a las 5.35 horas con un avance desde el río Lys en Comines, apuntando a Dixmunde. La barrera de artillería rodante avanzaba a un ritmo rápido, como todos los movimientos en esta fase. Al atardecer las fuerzas británicas habían alcanzado las alturas que dominaban Menin, rechazando al IV ejército alemán de Armin. Más al norte cayó en sus manos Moorslede. Las unidades belgas moviéndose por el flanco izquierdo entraron en Iseghem. En la vecindad, Roulers pasó a manos francesas el 15 de octubre. Al día siguiente los británicos cruzaron el Lys en varios puntos en torno a Harebelke.

El 17 de octubre las fuerzas británicas entraron en la gran ciudad industrial y minera de Lila y los belgas en el puerto de Ostende sin lucha. La marina alemana evacuó su base de Zeebrugge y la ciudad de Brujas donde los Aliados penetraron el 19 de octubre, al mismo tiempo que en Courtrai. En la jornada siguiente se apostaron finalmente en la frontera holandesa. 

Hacia el 19 de octubre la operación había penetrado 30 kilómetros, capturando 12.000 prisioneros y 550 cañones y morteros. En particular la pérdida de Courtrai provocó más retiradas alemanas en el sur, hasta el punto que el 22 de octubre los ingleses se instalaron a orillas del Escalda, en Valenncienes.

2.6.19

CONTINUA LA OFENSIVA DE LOS 100 DÍAS: BLANC MONT II PARTE


Durante el martes 8 de octubre en el sector encargado al 142º regimiento de la 36º división, la barrera rodante de artillería lanzada por los Aliados empezó cayendo bastante por detrás de las líneas alemanas, en parte para evitar el riesgo de fuego amigo sobre las posiciones adelantadas del regimiento, cuyas ubicaciones exactas eran bastante vagas. Lo malo es que así muchos reductos de ametralladoras alemanas quedaron intactos. Por ello la primera oleada del 142º regimiento tuvo que recurrir a cañones cortos de 37 mm y morteros de trinchera Stokes para limpiar esos obstáculos en lucha de proximidad. Los franceses de la 7º división de infantería (que había relevado en la noche del 7 al 8 de octubre a sus camaradas de la 22º división) encabezaron el empuje hacia la parte norte de St. Etienne y los norteamericanos contra el este y contra el cementerio. El 142º regimiento se desplegó sobre la colina “Blodnitz”, con el apoyo de 25 carros ligeros galos.

En algunos puntos toparon con densos cinturones de alambres de espino circundando sólidas posiciones enemigas que además aprovechaban los robustos muros del cementerio y de algunos edificios del pueblo. Consiguieron enlazar con los soldados franceses en las calles y procedieron a despejarlas coordinamente. Los tanques sufrieron severas pérdidas, en ocasiones por el fuego de fusiles antitanque de 13 mm o el tiro concentrado de las ametralladoras sobre sus visores. Los blindados fueron por tanto de escasa utilidad, además, a causa los escarpes boscosos. 

Aprovechando el dominio de la colina 160, los asaltantes abrieron fuego masivo de ametralladora, mientras la infantería entraba en el cementerio del pueblo llegando a enfrentamientos cuerpo a cuerpo. A la vez una fuerza combinada de marines y franceses presionaba sobre el lugar desde el oeste y el norte de St. Etienne. El 142º regimiento hizo algunos progresos en la carretera St. Etienne-Semide. Pero en apertura de su flanco derecho, donde el regimiento 141º regimiento no había logrado conectar con sus compañeros, se estaba reuniendo amenazadóramente fuerzas alemanas: la 195º división de infantería  y la 14º división de la Reserva. En estas condiciones se hizo inevitable para evitar males mayores un repliegue sobre las laderas de la colina 160 y las casas de St. Etienne. Y muy oportunamente, porque al atardecer elementos de ambas divisiones germanas, apoyadas copiosamente por su artillería, atacaron precisamente ese flanco derecho.


Al oscurecer el panorama era tan delicado que el cuartel general de la 71º brigada norteamericana (que controlaba conjuntamente los regimientos 141º y 142º) se adelantó para supervisar las medidas a tomar, para reagrupar y restablecer la capacidad de combate. Entre otras cosas se decidió que la 2º división norteamericana se dispusiera en la retaguardia para prevenir irrupciones alemanas. Al menos la posesión del cementerio había quedado asegurada. En muchos casos, en el flanco derecho hubo que recurrir a liderazgos improvisados, debido a la confusión. 

¿ Cómo transcurrió la jornada en el sector del 141º regimiento, durante esa jornada del día 8 de octubre? En la madrugada la explicación de los planes ofensivos se alargó bastante, y de hecho una de las compañías no recibió las últimas indicaciones porque los mensajeros fueron abatidos o se extraviaron.

Al detectar los primeros movimientos la artillería alemana saturó con gas las posiciones de retaguardia, pero no la línea del frente, que seguía aproximadamente en paralelo a la carretera St. Etienne-Orfeuil. Hubo muchas bajas de oficiales y el avance se fragmentó, con algunos pelotones aislados aproximándose  a los reductos de las ametralladoras, que estaban protegidas por barricadas de pinos cortados que además obstaculizaban a los tanques usados por la vecina 73º división francesa, mientras que carros de combate que apoyaban a los norteamericanos habían sido dañados en los bombardeos de respuesta alemanes. La lucha estaba degenerando en pequeñas acciones múltiples sin una dirección clara, que resultaron en escasos progresos, con un 25% de efectivos (610 soldados) muertos o heridos.

El miércoles 9 de octubre la artillería norteamericana no acertó a responder por temor a causar fuego amigo sobre sus compañeros dispersos y sin localizar. El hueco entre ambos regimientos de la 71º brigada seguía siendo un problema cuando se reinició el avance a las 10.30, con pocos resultados debido al intenso fuego germano.

La 2º división fue trasladada  para reforzar la problemática campaña en el Argonne, por lo que la otra brigada de la 36º división ( la 72º brigada ) acudió a reemplazarla en la línea. Los franceses de la 7º división lograron  resultados menores en la noche del 9 al 10 de octubre en la zona del campo deportivo. Si embrago, esto creó un saliente respecto a las líneas de sus vecinos  norteamericanos. Por ello el general Naulin presionó a Lejeune para que ordenara otro gran ataque que igualara el frente. Ayudó el hecho de que los alemanes se estuvieran retirando en ese punto.


                                          FOTO. EL GENERAL NAULIN

Durante la noche las últimas unidades de la 2º división fueron relevadas, Sus pérdidas en la acción de Blanc Mont habían ascendido a 700 muertos, 500 heridos, y 600 desaparecidos. Sustituyéndola, estaba ahora la recién desplegada 72º brigada. Su jefe, el comandante general William R. Smith, pensaba que ni siquiera ese aporte había consolidado la situación.

Hacia el 10 de octubre los alemanes estaban  convencidos de que la dura lucha por St. Etienne había contenido las ansias norteamericanas, pero también reconocían que la perdida de Blanc Mont era definitiva. En esas condiciones el mando germano decidió aplicar la “Operación Gudrum”, la retirada hacia el río Aisne. Los franceses continuaron pidiendo movimientos de la 71º brigada para despejar el norte de St. Etienne. Efectivamente algunos grupos de soldados se fueron infiltrando hacia las laderas que aún controlaban los alemanes al norte del pueblo.

La unidad sanitaria de la 36º división estableció un hospital junto a Somme Py, y empezar a superarse los problemas logísticos al acudir columnas de municionamiento. La transferencia de mando se concretó: hasta las 10.00 horas del día 10 la ostentaría todavía Lejeune, después quedaría en manos de Smith. 


Uno de los regimientos de la 72º brigada llegó a Somme Py. Sus compañeros de la 71º brigada actuaron como cobertura del proceso de relevo recurriendo a patrullas agresivas que comprobaron que se había reducido la potencia de fuego artillera del enemigo, cuyos pocos disparos además partían desde bastante atrás en su retaguardia. Pero seguían siendo lo bastante eficaz para dificultar el despliegue de la 72º brigada.


El viernes 11 de octubre las unidades Aliadas comprobaron que después de disiparse la niebla matutina podían moverse libremente hacia el norte, solamente hostigados por tiro pesado alemán lanzado desde larga distancia. Camino de Machault, a unos dos kilómetros al norte de St. Etienne, hubo fuego esporádico de ametralladoras alemanas. Machault fue ocupada por los norteamericanos sin resistencia, después de que la pequeña guarnición alemana fuera expulsada por “fuego amigo” debido sin duda a la falta de coordinación durante la retirada. Machault tenía cierta trascendencia logística, ya que contenía intactos depósitos de munición y de material de construcción.

La 73º división francesa se aproximaba a Lefficourt, y la 7º división francesa a los bosques al sur de Mont-St. Remy. La relativa calma fue aprovechada por las brigadas de la 36º división para reagruparse y comer caliente. Al día siguiente la 36º división avanzó hasta 11 kilómetros, y por su izquierda la 73º división francesa empezaba a tocar las márgenes del río Aisne en Attigny; sus patrullas de caballería entraron en dicha localidad finalmente. Los alemanes habían volado todos los puentes, tanto los que había sobre el río como los del canal de las Ardenas que discurría en paralelo al cauce del río.

Se cursaron directivas desde el mando del cuerpo de ejército para intentar cruzar el Aisne lo antes posible. En las jornadas siguientes se completó la ocupación de Attigny a la vez que todas las unidades Aliadas alcanzaron la margen meridional del Aisne. Una cabeza de puente fue instalada por la 7º división francesa al otro lado del río, y provista de pontones pudo reforzarse. Los alemanes aún retenían el meandro en la zona de Forest Ferme. Un primer intento de la 73º división para reducirla sin preparación artillera fracasó el 16 de octubre. Durante un tiempo el avance quedó detenido, en parte por las dificultades logísticas. El centro de abastecimiento norteamericano en La Cheppe estaba a 66 kilómetros en la retaguardia y las carreteras estaban muy castigadas por los bombardeos. 

Las reubicaciones  condujeron a que la 36º división se  hiciera cargo de toda la base del meandro de Forest Ferme, a medida que la 7º y las 73º divisiones francesas comenzaban a ser trasladadas, relevadas por la 61º división de la misma nacionalidad.

El Aisne, en cualquier caso, se había convertido provisionalmente en la nueva línea defensiva, pero de manera muy precaria.




19.5.19

INCERTIDUMBRE Y DESESPERACIÓN EN BERLÍN: EL GOBIERNO DEL PRÍNCIPE MAX VON BADEN

La conferencia del OHL celebrada el 1 de octubre de 1918 es una de las reuniones más trascendentales de la Primera Guerra Mundial. Aunque hay ciertas contradicciones en los testimonios de los presentes, parecer ser que un demacrado Ludendorff explicó que la guerra no podía ganarse, y que una derrota final e inevitable estaba próxima. El día anterior había ordenado preparar una retirada a la línea defensiva entre Amberes y el Mosa, pero cuya construcción no había sido emprendida seriamente.

Algunos de los presentes lo interpretaron como el preludio a una retirada hasta la frontera alemana. Según la versión de W. Heye, coronel general y último responsable de operaciones del OHL durante el conflicto, Ludendorff habría pintado un visión del ejército alemán acosado por los Aliados y minado por una venenosa propaganda comunista y socialista. El único modo de evitar una revolucion era negociar un armisticio lo antes posible en base al programa de los 14 puntos de Wilson.

Según la versión del  coronel Albrecht von Thaer, otro de los oficiales del OHL: “mientras Ludendorff hablaba escuchaba sollozos ahogados y suspiros, las lágrimas se deslizaban por las mejillas de los presentes”. En cambio. Hindenburg dio un contrapunto a las valoraciones pesimistas: “La situación es seria pero también temporal (…) estoy completamente convencido de que Alemania con la ayuda de Dios saldrá de este difícil periodo”.

Pero la opinión de Ludendorff era determinante. Envió telegramas al canciller Von Hertling y al ministro de exteriores Von Hintze (ocupaba el cargo desde julio) afirmando que “el ejército no puede esperar otras 48 horas, un desplome de consecuencias desastrosas es posible en cualquier instante”.

El káiser y Hertling, con la asistencia de Hintze y el vicecanciller Payer urdieron velozmente un nuevo gobierno de coalición. Ese mismo día el príncipe Max von Baden, un primo de Guillermo II, fue propuesto para sustituir al saliente Hertling. Maduro y algo achacoso este aristócrata sureño tenía reputación de detallista y de ideas humanitarias ( se había opuesto públicamente a la guerra submarina sin restricciones en 1917).


                               FOTO. EL PRÍNCIPE MAX VON BADEN. A SU IZQUIERDA, EL VICECANCILLER  PAYER.

Max von Baden no tenía el respaldo de los oficiales del Heer y era despreciado por el jefe del gabinete militar del káiser, el general Von Marschall. En cambio era bien visto en los ambiente civiles de tono liberal.

El nuevo canciller tuvo que enfrentarse a decisiones cruciales desde el primer momento. Prefería diferir la petición de un armisticio, pensando que era mejor que el gobierno de coalición emprendiera cambios en la ley electoral que dieran más legitimidad al régimen y evitaran el riesgo de una revolución. Coincidía con  Hintze que enviar la solicitud de un armisticio inmediato sería interpretado por los Aliados como un signo de evidente fragilidad.

El mariscal  Hindenburg viajó a Berlín para seguir en contacto con el káiser y tratar el delicado asunto personalmente. También el comandante Von Bussche se trasladó a la capital el día 2 de octubre con el encargo de explicar el giro de los acontecimientos a los líderes de los partidos.

Durante el subsiguiente consejo imperial Hindenburg expuso a los presentes que el ejército podía proteger la frontera alemana hasta  principios de 1919, pero reiteró las demandas del OHL para un armisticio lo antes posible puesto que no se podía garantizar el frente en caso de una renovada ofensiva del adversario.

El príncipe Max von Baden expresó nuevamente su preferencia por retrasar la petición. Ahora fue el káiser el que respondió que no había que poner palos en las ruedas a las peticiones del OHL. El príncipe inquirió porqué el Alto Mando no declaraba una capitulación. No recibió entonces una respuesta concreta, pero recibió el 3 de octubre de Hindenburg con estas líneas: “Es deseable en estas circunstancias interrumpir la lucha con el fin de preservar al pueblo alemán y sus socios de sacrificios inútiles. Cada día desperdiciado cuesta las vidas de miles de bravos soldados”. Peor había sido todavía el entendimiento con los líderes de los partidos políticos. Von der Bussche apostilló a sus interlocutores: “ El Alto Mando había visto oportuno proponer a su Majestad que una tentativa para interrumpir la lucha (…) Incluso 24 horas pueden empeorar las cosas y conducir al enemigo a descubrir nuestra verdadera debilidad”. Lógicamente, el revuelo entre los políticos fue considerable, por decirlo suavemente.

Max von Baden juró su cargo el 3 de octubre, incluyendo a los socialdemócratas en su gobierno, entre ellos a Scheidemann como secretario de estado, o el católico Ezberger, un paso impensable solo unos semanas atrás. Esa misma noche una  nota fue enviada al gobierno de Estados Unidos solicitando al presidente Wilson un armisticio rápido que debía dar paso a conversaciones de paz sobre la base del programa de los 14 puntos. 

Existe bastante confusión sobre como interpretaban Ludendorff y Hindenburg ese programa, o cuales eran sus intenciones reales. Algunos historiadores han pensado que trataban de endosar maliciosamente la responsabilidad de la derrota en ciernes al nuevo gobierno civil, desentendiéndose de su propia responsabilidad. Otros estudiosos opinan en cambio que simplemente desconocían el explosivo alcance político del contenido y las implicaciones últimas que tendría para el II Reich acatar los 14 puntos. Resulta revelador que ni siquiera el flamante canciller estuviera al tanto del discurso de Wilson dos meses antes cuando hizo un llamamiento para eliminar “cualquier poder arbitrario (…) que pudiera perturbar la paz del mundo”, en clara alusión al Imperio Alemán.

Otro problema latente pero en aumento era que, inevitablemente, todo este debate en el seno de los círculos gobernantes de Berlín se estaba filtrando lentamente, y no podía por menos que debilitar la moral de la población de la población civil y de las fuerzas armadas alemanas, al generar una perdida de confianza y credibilidad respecto a las instituciones vigentes.

La réplica de Washington llegó el 9 de octubre, justo cuando la Línea Hindenburg (Sigfrido) había sido quebrantada entre San Quintín y Cambrai. Cuando el canciller volvió a entrevistarse con la cúpula del OHL le esperaba otra sorpresa. Ludendorff parecía reanimado, describiendo un cuadro de situación más optimista que al comienzo del mes. Aconsejaba rechazar la oferta yanqui si era demasiado onerosa. En efecto, la respuesta primero pedía garantías de que el gobierno de Baden representaba realmente la voluntad del Reich. Si así fuera, Berlín debía aceptar sin condiciones los 14 puntos. Y para demostrarlo debía evacuar todos los territorios ocupados en el Oeste. Nada más y nada menos.

Muchos de los miembros del gobierno coincidían con la opinión del Alto Mando. Un armisticio no significaba necesariamente el final del conflicto. El ejército  podía retirarse a la frontera alemana y combatir luego si fuera preciso. El  influyente industrial judío y asesor del gobierno, Walther Rathenau, opinaba que había que dar por finalizadas las negociaciones con Wilson y en su lugar llamar a  “la nación en armas” como medida de emergencia. Pero Ludendorff temía que este llamamiento causase más alteraciones en un momento tan delicado.

En una carta a su esposa Hindenburg explicaba su punto de vista: “ El armisticio es militarmente necesario para nosotros (…) pronto estaremos al final de nuestra potencia. Si la paz no llega, al menos tendremos que distanciarnos de nuestros enemigos, recuperarnos y ganar tiempo. Entonces tendremos  más capacidad para luchar que ahora, si fuera necesario. Pero yo no creo que tras dos o tres meses ningún país tendrá el deseo todavía de empezar a luchar de nuevo”.

Entre los Aliados estas convulsiones internas de sus enemigos, gracias a la diplomacia y a las labores de inteligencia y espionaje, no pasaron desapercibidas. El 10 de octubre Foch había establecido de acuerdo con Haig  las condiciones mínimas para el posible armisticio. Debían ser la evacuación alemana de Bélgica, el norte de Francia, y Alsacia-Lorena; el equipamiento militar entregado y la margen occidental del Rhin pasar bajo administración de los Aliados junto con cabezas de puente en la margen oriental. Haig señaló que estas exigencias equivaldrían a pedir una rendición incondicional, y que podría exasperar a los alemanes, pero Foch opinaba que la situación interna de Alemania era tan complicada que unos términos más moderados no serían necesarios, y que mostrar rigidez en las condiciones aumentaría todavía más la presión sobre los círculos políticos de Berlín.


El 12 de octubre el príncipe Max remitió su contestación a Washington, reafirmado su autoridad plena. La segunda nota de Wilson el 14 de octubre, en parte bajo el impacto del hundimiento del transporte Leinster y las bajas entre el pasaje, insistía en la exigencia de la evacuación de los territorios ocupados ( incluyendo Alsacia-Lorena, cuando en el diálogo inicial entre Washington y Berlín se había dado a entender que aún podría ser mantenida por los alemanes ), el final de la campaña submarina, y garantías de cambios en el sistema político germano, una indirecta que el káiser comprendió perfectamente. Guillermo II calificó la carta de estupidez frívola. En cambio el canciller, según sus memorias, estaba cada vez más confundido al sentir que su política no contaba con una fuerza militar firme que respaldase sus pasos.


Antes de la nueva reunión del consejo de ministros, Ludendorff explicó que a pesar del retroceso en Flandes y la inminente caída de Lila, el ejército podía llevar a cabo una retirada planificada. Pero se negó a que otros jefes de ejércitos expresaran su opinión públicamente.

Cuando la reunión tuvo lugar el 17 de octubre, Ludendorff  explicó a los asistentes que los cambios de fortuna podían favorecer de nuevo al ejército nacional, que serían  necesarios 100.000 reemplazos mensuales de hombres; la presión Aliada había disminuido hasta el punto que una ruptura de la línea era “posible pero no probable (…) no la temo” y consideraban que la afluencia de más refuerzos levantaría la moral de las tropas. De hecho, durante esas semanas se expidieron notificaciones de reclutamiento a los jóvenes de 17 años.

En la ronda de preguntas, el ministro de la Guerra le inquirió sobre el potencial norteamericano. El ministro socialista  A. Gröber paso a interrogarle venenósamente sobre las bajas raciones alimenticias y las diferencias de rancho respecto a las que consumía el Alto Estado Mayor. El otro mandatario socialista del nuevo gobierno,  Scheidemann, objetó que el reforzamiento con varios cientos de miles de hombres no mejoraría el espíritu marcial. Ludendorff solicitó al ministro que hiciera algo por elevar la moral de las masas populares, a lo que Scheidemann respondió que esas masas estaban desilusionadas y hambrientas. Citó específicamente el desabastecimiento de cereales, de grasas, y el de patatas por debajo del umbral crítico.


El canciller Max planteó el tema del efecto de los abundantes carros de combate enemigos. Ludendorff dijo al respecto: “ Espero, cuando nuestra infantería se haya recobrado de nuevo que el pánico al tanque, que fue superado anteriormente, y había regresado, sería conjurado una vez más (...) en cuanto la moral de las tropas se recupere, algunas formaciones de Jäger (cazadores) y los granaderos de la Guardia, practiquen el fuego antitanque como si fuera un ejercicio habitual"

También expuso sus argumentos la Kaiserliche Marine, por boca del almirante Scheer. Consideraba un grave error ceder a las exigencias de suspender la guerra submarina. Esperaba que la presión sobre Italia y los EE.UU causaría cierto impacto. Deslizó una buena noticia: había acumuladas reservas de petróleo para ocho meses de operaciones.